Una de las luchas más encarnizadas que se están dando en las sociedades democráticas tiene que ver con que tipo de fiscalidad hay que adquirir para tener crecimiento, reducir la desigualdad y garantizar recursos públicos para hacer efectivos los derechos humanos en la vida diaria de las personas.

En este combate, no solo dialectico por desgracia, nos encontramos a los que defienden, con tanta vehemencia, los privilegios de las elites económicas, que no se han dado cuenta de que tras la crisis del año 2008, las tensiones que se han producido por los recortes de derechos y la concentración de la riqueza en cada vez menos personas; y las tensiones que se están produciendo entre países, dentro de los propios Estados, y entre ciudadanos y gobiernos, son tales, que es urgente volver a establecer racionalidad en el sistema, frente a tanta codifica y desigualdad, porque de lo contrario se hundirá con ellos dentro.

Aquí, hay que destacar la inteligencia de personas como Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, cuando siendo conscientes de la situación quieren reformar el capitalismo desde dentro, sentando las bases de un nuevo modelo económico, para que pueda sobrevivir. Así, dice abiertamente que “no hemos aprendido de los errores de la crisis financiera” y que “lo que necesitamos son principios globales de fiscalidad para evitar la competencia fiscal desleal y analizar dónde se produce el valor de las empresas.”.  Todo ello, dentro de un nuevo manifiesto para las empresas.

O la inteligencia de la Fundación Business Roundtable, integrada por las doscientas mayores compañías norteamericanas, cuando el pasado verano modificó su visión del capitalismo, para pasar página de su enfoque de las últimas cuatro décadas. De sacralizar, que todo en las empresas tiene que estar enfocado para lograr el mayor beneficio para los accionistas, a la nueva doctrina donde se coloca a los accionistas al mismo nivel que a los trabajadores, los clientes, los proveedores y las comunidades.

¿Y en España qué? Pues en nuestro país, desde que se conoció el acuerdo de gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, todos los días, desde distintos ámbitos económicos, académicos o políticos se pone el foco en señalar que subir los impuestos es un peligro para la economía y para los españoles. Ya sea:

  • El presidente de la CEOE, lamentando el «exceso de impuestos» que hay en España y que «hace que a veces no merezca la pena trabajar»; señalando que, en el caso de las empresas, las compañías abonan «más impuestos que en Europa», cosa que no es verdad; o pidiendo directamente la eliminación de los impuestos de sucesiones y patrimonio.
  • El Instituto de Estudios Económicos (IEE), en su informe “La Deuda pública en España”, donde hace afirmaciones tan llamativas como que: 1.- Elevar aún más el gasto público, restará a la economía medio punto del PIB al año. En especial, si se aprueban nuevas figuras impositivas; 2.- No se han aprovechado los estímulos del BCE, que permiten a España financiarse a tipos anormalmente bajos, para acometer las reformas estructurales que deberían haber propiciado una bajada de impuestos en los últimos años; 3.- Contener el gasto público tiene un efecto más positivo sobre el bienestar de los ciudadanos que subir los impuestos, porque subir la tributación tiene un impacto negativo sobre el PIB del 0,5 por ciento en el primer año y de un acumulado del -2% del crecimiento del PIB en una legislatura completa (cuatro años). Esto se debe, según afirman, entre otros motivos, a los efectos negativos sobre la inversión privada que tiene una subida de impuestos, tanto por la desconfianza que genera en los ciudadanos y empresas como por el acaparamiento de recursos por parte del Estado; 4.- Según, el director general del IEE, subir el impuesto de sociedades es la posibilidad más dañina para la economía.
  • O partidos políticos como el PP, Vox o el PRC.

Pero, frente a estas posturas que van a ser sobrepasadas por los acontecimientos y por la historia, es bueno recordar algunas cosas:

  • ¿Sabías que en el año 1913 la Constitución de Estados Unidos se enmendó para permitir la creación de un impuesto federal sobre la renta y posteriormente un impuesto federal sobre las sucesiones?
  • ¿Sabías que entre 1930 y 1980 en Estados Unidos y en el Reino Unido se aplicaban impuestos progresivos con tipos impositivos marginales extremadamente elevados a las rentas más alta que llegaban al entorno de entre el 70 y 90 por ciento?
  • ¿Sabías que el periodo 1945-1980, con impuestos progresivos más altas fue la etapa más dinámica en términos de crecimiento económico, mucho más que el periodo 1980-2020?
  • ¿Sabías que la fiscalidad progresiva sobre las herencias y sobre la renta, como vino aplicándose desde principios del siglo XX hasta la década de 1980, contribuyó a una reducción significativa de las desigualdades de renta y de riqueza en Estados Unidos, Europa y Japón?
  • ¿Sabías que las multinacionales españolas pagan en impuesto de sociedades un 12,6 por ciento de su beneficio a nivel mundial; porcentaje inferior al tipo nominal que les corresponde, del 25 por ciento, para la mayoría de los grupos y el 30 por ciento para bancos y petroleras, como revela la Agencia Tributaria (AEAT)?

Desde el año 2008, el mundo ha cambiado tras drásticamente que, como a comienzos del siglo XX, hay que ampliar la democracia en el ámbito económico para aumentar la igualdad y evitar la concentración excesiva de la riqueza en unas pocas manos.

Por este motivo, frente a los que piden la eliminación del impuesto de sucesiones, de patrimonio y la reducción del impuesto de la renta, hay que decirles que no. Que para evitar una concentración excesiva del capital los impuestos progresivos de la renta, de sucesiones y donaciones, y sobre el patrimonio tienen que seguir ejerciendo en el futuro el papel que han tenido, con altas tasas en la parte más alta de la riqueza y de la renta.

Un impuesto progresivo de patrimonio que es una herramienta central para garantizar una mayor circulación y trasmisión de la riqueza, porque es un impuesto menos manipulable especialmente por las grandes fortunas; porque constituye en sí mismo un indicador de la capacidad de pago del contribuyente; y porque se adapta mucho más rápido a la evolución de la riqueza y de la capacidad de pago del contribuyente, como señala Piketty.

Como dice el artículo 31.1 de la Constitución española: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio».

Así, para que el sistema tributario sea justo e inspirado en los principios de igualdad y progresividad, sin tener alcance confiscatorio, tiene que estar basado en un impuesto progresivo sobre la renta, un impuesto progresivo de sucesiones y donaciones, y un impuesto progresivo sobre la propiedad. Unos impuestos lo más sencillos posibles que cumplan la misma función que cumplieron desde principios del siglo XX hasta la década de los ochenta: conseguir una reducción significativa de las desigualdades de renta y de riqueza en los países capitalistas, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Ese es el camino.