La semana pasada empezó con la respuesta militar de Teherán al ataque israelí contra un local de consulado iraní en Damasco y ha concluido con el desbloqueo de la ayuda norteamericana a sus tres protegidos, en el Congreso. En estos días, la actuación diplomática y política en Washington ha sido puesta a prueba, con las fortalezas y contradicciones ya conocidas, pero bajo un grado superior de presión y urgencia.

La Administración Biden ha conseguido que la represalia israelí al primer ataque de Irán sobre su territorio se haya limitado a una acción más propagandística y/o política que destructiva. En realidad, la lluvia de drones y misiles no parecía destinada a provocar demasiado daño y, por lo tanto, de avivar “la ira de David”. El ataque fue anticipado, telegrafiado y, en buena medida, destinado a minorar la lógica de la escalada (1)

Estados Unidos −apoyado por sus aliados europeos y asiáticos− orquestó la réplica israelí con un ejercicio rutinario de liderazgo. Al no haber encajado muertes, el extremista gobierno israelí se contentó con una “satisfacción” proporcionada (2). Un juego militar de acción-respuesta de manual. Washington premiará este gesto de autocontrol israelí con más munición diplomática y bélica para completar la aniquilación de Gaza, aunque mantenga el aparente discurso de moderación (3).

En Teherán, el régimen respira. Se ha dado el homenaje de disparar contra el enemigo sionista. Y aunque no le haya infligido el mínimo rasguñó, le ha servido para sacar pecho. La escalada, es decir, la guerra en serio, hubiera significado un sendero peligroso para los ayatollahs, en pleno proceso de cambio de liderazgo, bajo la presión de una crisis económica y social de una gravedad sin precedentes en 45 años (4).

El ejercicio de control norteamericano ha tenido su colofón en el Congreso, donde después de un culebrón de meses, el presidente de la Cámara de Representantes consiguió sacar adelante un tríptico legislativo de ayuda militar a Israel, Taiwan y Ucrania. Tres piezas separadas y otras provisiones de refuerzo de la frontera sur americana para militarizar la respuesta a la presión migratoria. Mike Johnson parece haberse sentido seguro de desafiar la amenaza del sector trumpista de su partido, el Republicano, sin riesgo extremo de perder su puesto. Los demócratas le han auxiliado en la maniobra. Trump dio alguna señal de flexibilidad, confusa como en él es costumbre, e imprevisible en su consistencia. Atrapado como está en sus cuitas judiciales, le resulta imposible afinar más en las sutilezas de la conexión entra política interior y exterior.

Aunque aún quedan trámites por resolver, en Ucrania ya dan por conseguido lo que venían suplicando desde hace meses: 61 mil millones de dólares que permitirán reforzar su arsenal y detener los avances rusos en el Este y en el Sur. El verano hubiera podido ser fatal sin esta línea de aprovisionamiento que por fin se ha abierto desde Washington, unida a la reciente y más cuantiosa de Europa.

Israel también tiene su parte del pastel para completar la faena en Gaza. Aunque la dinámica bélica es muy distinta a la de Ucrania, los más de siete meses de campaña no han conseguido los objetivos (5), están provocando efectos económicos importante y haciendo supurar las grietas en el tejido social. El ataque casi cosmético de Irán ha sido un aliento para un país más aislado que nunca, aunque el recurso del antisemitismo, muy agresivo desde octubre, haya conseguido neutralizar parte del desgaste, sobre todo en Europa, dividida y sin vocación de corregir al socio mayor. China, empotrada en sus problemas económicos y centrada en su entorno próximo, no tiene capacidad para cuestionar en serio el libreto norteamericano (6).

TERMINAR EL TRABAJO EN GAZA

Agotado el simulacro de una guerra general en Oriente Medio, la situación en Gaza volverá a un plano más notorio de escena internacional. El sufrimiento palestino ya no copa portadas ni abre noticiarios, y así seguirá, salvo que el actual gobierno de extremistas y generales en Jerusalén decida que hay que “terminar el trabajo” al coste que sea y emprender el ataque sobre Rafah, el núcleo más meridional de la franja.

Estados Unidos continuará con su doble lenguaje de contención, para la galería internacional, pero de apoyo efectivo a Israel con este nuevo crédito militar que ha salido del Congreso. Es un juego con las cartas marcadas, que deja poco lugar a las sorpresas. Después del veto norteamericano a la resolución de la ONU a favor de conceder a Palestina el estatus de miembro de pleno derecho, queda claro que Washington marca los límites. Una cosa es proclamar que quiere una solución diplomática ilusoria como la que significa, en el contexto actual, la fórmula de los “dos Estados”, y otra es permitir pasos o gestos que avancen en esa dirección (7).

Conforme avance la campaña presidencial, el apoyo a Israel, en su integridad, prescindirá de los matices, las advertencias y los sermones y se hará más nítido, más inequívoco. Si hay otra carnicería en Gaza, se tratará de minimizar los efectos, aunque lo más probable es que Israel se avenga a cierto tipo de control, para no poner a prueba la capacidad de Biden de neutralizar a los demócratas más escandalizados por lo ocurrido estos meses (8).

La lógica de Washington −cambiar algo para que todo siga igual en Oriente Medio− ha recibido un impulso con esta escalada abortada. La derrota y extinción del agente más perturbador en la región (Irán) no debe venir de una guerra total, sino de la erosión paciente de sus bases de poder e influencia. El apoyo de algunos estados árabes en la protección de Israel durante la salva de drones y misiles de mediados de abril ilustra la realidad escindida en Oriente Medio (9). Nada es lo que se proclama y todo camina en la dirección que conviene. Lo más difícil es sofocar el sufrimiento humano cuando pone en evidencia la falsedad de las políticas.

NOTAS

(1) “Iran and Israel’s dangerous gambit”. NICOLE GRAJEWSKI. CARNEGIE, 18 de abril.

(2) “The unspoken story of why Israel didn’t clobber Iran”. DAVID IGNATIUS. THE WASHINGTON POST, 19 de abril.

(3) “How America can prevent war between Iran and Israel” SUZANNE MALLONEY. (BROOKINGS INSTITUTION). FOREIGN AFFAIRS, 18 de abril.

(4) “Miscalculation led to escalation in clash between Israel and Iran”. THE NEW YORK TIMES, 17 de abril.

(5) “Stuck in Gaza. Six months after October 7, Israel still lacks a viable strategy”. DANIEL BYMAN GEORGETOWN). FOREIGN AFFAIRS, 5 de abril.

(6) “China’s complicated position in the Middle East”, JAMES PALMER. FOREIGN POLICY, 16 de abril.

(7)“America fueled the fire in the MIdfdle East”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 15 de abril.

(8) “How Israel can win in Gaza -and deter Iran. ELLIOT ABRAMS. FOREIGN AFFAIRS,  17 de abril.

(9) “Arab countries have Israel’s back. STEVEN COOK. FOREIGN POLICY, 18 de abril.