No solo votaron en contra del Real-Decreto-Ley de medidas para paliar los efectos de la guerra en Ucrania, que suponen 16.000 millones de euros en ayudas diversas, sino que utilizaron como argumento para su justificación y su rechazo que no contemplaba una  bajada de impuestos. Como decía un comentarista, “o sea que el PP ayer vota en contra de las rebajas del precio de los combustibles, la rebaja del IVA de la luz y el resto de medidas para sobrellevar la crisis y hoy pide que se bajen los impuestos para ayudar a los españoles”.

El nuevo PP sigue con las viejas doctrinas neoliberales de solucionar los problemas bajando impuestos. ”Con carácter generalizado, el IRPF de forma inmediata y retroactiva”.

Hablan de los impuestos como si fuesen la peste. Pero ¿qué son los impuestos? Los impuestos son lo que uno paga para vivir en un país civilizado, lo que pagamos para tener democracia y oportunidades, y lo que pagamos por utilizar las infraestructuras que financiaron los contribuyentes anteriores. ”Los impuestos son una buena inversión para el futuro” decía George Lakoff en “No pienses en un elefante”. “Pagar  impuestos es patriótico, desertar de tu país y no pagar impuestos es una traición”. ”Los ricos se han hecho ricos utilizando lo que anteriores contribuyentes han pagado, sean infraestructuras, sistemas bancarios, sistema judicial, sistema educativo, investigación les deben muchísimo a los contribuyentes de cualquier país, y por eso deben devolver una parte de lo recibido”

Bajar los impuestos para dar a los ciudadanos mayor capacidad de compra, como dice toda la derecha en estos tiempos de elevada inflación, es desechado no solo por la izquierda sino también por el FMI que viene alertando de que se debe evitar bajadas, y es más, plantea aumentarlos a las rentas y a la riqueza. Al igual que el BBVA que también dice que “hay que evitar una rebaja general de impuestos que compense el aumento de los gastos energéticos”. O el Gobernador del Banco de España, para quien “debe evitarse un impulso fiscal generalizado”, “debe hacerse con carácter selectivo y temporal para no aumentar más el déficit estructural”.

Ante todo ello, el Gobierno de España dice que rebajar los impuestos aumentaría el dinero en circulación y por lo tanto se incrementaría la inflación y la deuda y nos alejaríamos de la propuesta de mayor presión fiscal que está alentando la UE.

Si de verdad las derechas quieren hablar de fiscalidad, ahí tienen un instrumento valiosísimo, el libro Blanco de la reforma fiscal, presentado hace algunas semanas, elaborado por un grupo plural de expertos independientes, recomiendan 118 propuestas técnicas fácilmente aprovechables por cualquier gobierno o grupo político que busque un debate solvente y riguroso. Como si no existiera, ese trabajo ha sido totalmente orillado, condenado a la clandestinidad intelectual y científica por quienes solo pretenden usar el argumento de las rebajas fiscales como cortafuegos ante  cualquier medida controvertida y para capitalizar el descontento social en los momentos de crisis.

El nivel de recaudación impositiva en España está entre cuatro y siete puntos menos que el promedio europeo. Tenemos por ello, una brecha por la cual nos faltan actualmente entre 40.000 y 60.000 millones de euros al año, lo cual nos lleva a déficit y a emisiones de deuda pública muy altos. Si se reducen impuestos, los ingresos disminuyen, y por lo tanto las prestaciones y servicios públicos  deberán reducirse o eliminarse.

Los impuestos no son para “forrarse” el Gobierno, como dice Feijoo, sino para no tener que pagar una póliza en la sanidad privada, porque la sanidad pública ofrece cada vez menos coberturas, para que no me bajen los salarios y congelen las pensiones, o para que las aulas de nuestros hijos no estén cada vez más saturadas.

No hay que olvidar, que en la campaña electoral del 2011 el actual exministro de Hacienda Cristóbal Montoro prometió una rebaja de impuestos con los mismos argumentos que hacen los actuales dirigentes del PP. Su gestión, sin embargo, supuso la etapa de mayor incremento de impuestos que se ha conocido nunca en este país. Hasta 48 subió, sin sonrojarse y con la mejor sonrisa. Nos crujió mientras se devaluaban los salarios en las empresas y se congelaban las pensiones. Hacer populismo es muy fácil y gestionar las cuentas del Estado es mucho más complicado.