Alex Michaelides, Alfaguara, 2019

Este thriller psicológico, que mereció el pasado año el Premio de los lectores de Goodreads, es inquietante desde sus primeras páginas y deja traslucir que lo aparente puede esconder secretos tan ocultos, que nadie alcance a intuirlos.

Alicia Berenson es una escritora de gran éxito que asesina a su querido esposo con cinco tiros en la cabeza y entra en un letargo mental tan profundo, que la sumerge en un silencio, del que ni siquiera saldrá para defenderse en el juicio por los hechos. Una tragedia que conmueve a toda Inglaterra por extraña y misteriosa y cuya única pista es un cuadro que pinto, pocos días después del terrible episodio, en donde se representa a Alcestis, una heroína griega que ofreció su vida para librar a su marido de la muerte.

Theo Faber es un psicoterapeuta forense muy interesado en el caso, que pone todo su empeño en desentrañar lo que sucedió aquella noche fatal y, consigue, no sin dejar en el camino parte del suyo propio, una plaza en The Grove, un centro para enfermos mentales, en donde desde hace seis años se encuentra institucionalizada Alice, y en el que se mantiene en su mutismo.

Un mutismo que revela un pasado sin resolver y una historia, en donde nadie resulta indemne, incluso el propio Theo, que se convierte en una pieza clave de la tragedia, cuando al final de la novela se desvela lo inverosímil.

La psique humana, esa gran desconocida, es presentada en las 285 páginas de este relato desde la dualidad que simboliza la oscuridad frente a la luminosidad, demostrándonos como, en ocasiones, hay una fina línea imperceptible entre ambas, que la manejan con maestría los adalides del engaño. El engaño de los tramposos y titiriteros de almas ajenas.

Así deambula este relato…. en el desdoblamiento, lo retorcido, lo sinuoso…. Por ello les atrapará y les recordará, por sus propias experiencias, el alcance de lo que significa la calma y la paz frente a la zozobra y el desasosiego.

Y me instalo, tras su lectura, en la idea/consuelo de que tras la tormenta sale el sol, ese sol que, por ser fuente de vida, reconforta y arropa cuando nos desabrigan las circunstancias.