Cuarto. Segunda hijuela del primer ejemplo (esto es, la ambición no oculta de Casado de derribar al Gobierno legítimo del Presidente Sánchez). La alianza del Partido Popular con Vox. Si ya era preocupante que Casado, en su guerra contra el Gobierno, empleara un ariete muy agresivo como es la Presidenta de la Comunidad de Madrid, la alianza cierta entre el Partido Popular y Vox arrastra al primero a una actitud mucho más agresiva (destructiva podría denominarse) que hace más viciado el ambiente y provoca que haga su aparición la degradación moral de que hablaba Tucídides. Vox ha denunciado al Presidente Sánchez como si fuera un homicida. Vox deslegitima la democracia con infamias del estilo de que el Gobierno quiere matar a las personas mayores. Por eso, al aliarse Casado con Vox entra en la senda destructiva de la democracia de este grupo neofascista.

Quinto. La utilización de la pandemia para avanzar en la ruptura independentista de Cataluña. El diario El País escribía el pasado 18 de abril que “La Generalitat refuerza la campaña independentista durante la crisis” y es un hecho cierto que desde el primer día del covid-19 el Gobierno catalán y especialmente su Presidente han utilizado todos los medios para crear situaciones que de facto o de iure minoraran la presencia y la función del Estado en Cataluña: intentar aislar Cataluña del resto de España, protestar contra las medidas del Gobierno, hablar de un nuevo 155, adoptar medidas ilegales de difícil control, impedir la apertura de un hospital de campaña de la Guardia Civil, etc. Todo ello motivó que el Gobierno exigiera muy pronto al Presidente Torra ‘un mínimo de lealtad” (El País, 21 de marzo de 2020) pero lo cierto es que es una batalla perdida porque los independentistas no van a parar. Y si hay alguna duda de su pensamiento, el Presidente de la Cámara de Comercio, Joan Canadell, escribió “España es paro y muerte. Cataluña es vida y futuro” (El País, 23 de abril de 2020). Cuando acabe la pandemia ya habrá ocasión de reflexionar sobre estas barbaridades pero ahora conviene preguntarse sobre la calidad moral (o la miseria moral que citaba Tucídides) de los empresarios asociados en la Cámara que permiten que un fanático les represente. ¿Piensan los empresarios de la Cámara de Comercio igual que su Presidente? En definitiva, la degradación moral que sufre España se advierte con intensidad en Cataluña con las continuas trampas de Torra, con las expresiones abyectas de Canadell y, en el Congreso, con la posición de los tres partidos independentistas (Esquerra, Junts-pel-Catalunya y la CUP) que prefieren alinearse con el Partido Popular y con Vox: como tituló el editorial de El País del pasado 20 de abril, “Voces misarables”.

Sexto. La utilización de la pandemia para arrebatar jirones de autonomía al Estado. Como tuve ocasión de comentar aquí mismo (“En el estado de alarma todos quieren mandar”, Sistema Digital, 2 de abril de 2020), otro signo de degradación moral que se está dando en España consiste en el intento de algunos Gobiernos autonómicos de aprovechar la crisis para arrebatar parcelas de poder al Estado. En parte porque les molesta que el Estado ejercite sus competencias constitucionales y les recuerde que NO SON UN ESTADO como tienden a creerse y, en parte, porque este tipo de crisis abre oportunidades de negocio que las élites autonómicas se quieren reservar para sí. En conjunto, es un ejemplo de degradación moral y el Presidente del Gobierno ha tenido ocasión de contemplarlo en sus reuniones con los Presidentes autonómicos.

Séptimo y último. La explosión de la degradación moral: no apoyar la prórroga del estado de alarma. El debate en el Congreso de los Diputados el 6 de mayo ha sido una representación escénica de la degradación moral que nos traído el covid-19. Las intervenciones del Partido Popular, Vox, Esquerra, Junts-pel-Catalunya y la Cup ofrecen a cualquier espectador el sentimiento de que prefieren que sigan muriendo españoles si ese es el precio por volver al ocupar el Gobierno (la derecha) o acercarse a la independencia (los partidos secesionistas). Con cerca de doscientos muertos cada día, ¿qué medidas proponen? En realidad, siguiendo las propuestas de ABC y de El Mundo en sendos editoriales del 3 de mayo, las derechas buscaban la crisis perfecta: derrotar al Gobierno en el Congreso de los Diputados, forzar la intervención inconstitucional del Rey para obligar a dimitir al Presidente Sánchez y, por último, constituir un Gobierno de “salvación nacional” presidido, eso sí, por un socialista con vocación de Quisling. ¿Cabe más degradación moral que poner los medios para una crisis que podría arrastrar a la democracia y a la Monarquía?

En conclusión, el fenómeno de la degradación moral de los seres humanos que las grandes catástrofes hacen aflorar no es un fenómeno de la Antigüedad clásica. Aparece en todos los grandes cataclismos de cualquier época y tenía que suceder en España. La diferencia con otros países, como explicaba Enric Juliana en La Vanguardia del 3 de mayo, es que el combate político todavía hunde sus raíces en la Guerra Civil y añadía “La violencia verbal de estos días en el debate público así nos lo recuerda”. ¿Cómo no recordar la Guerra Civil si hoy, en España, hay cerebros que están ideando operaciones políticas que se asemejan a un golpe de Estado?