A finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, en los círculos de oposición democrática al franquismo existía, entre otras, una preocupación elemental: “¿Dónde está la derecha civilizada en España? –nos decíamos–. ¿Se podrá contar en la futura democracia con una derecha civilizada?”.

La cuestión no resultaba baladí en tanto en cuanto en la historia de España gran parte de nuestros sufrimientos y dictaduras –incluida la franquista– se sustentaban en el enfrentamiento de las dos Españas y en la imposición de concepciones autocráticas en la vida política, social y cultural.

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