Mal empieza la labor de la oposición en esta legislatura. Si la semana pasada advertíamos contra la práctica que anuncia el Partido Popular de hacer oposición judicial (“La oposición se hace en el Parlamento, no en los Tribunales”, Sistema Digital, 6 de febrero de 2020), la semana siguiente la sesión de control del Congreso de los Diputados del 12 de febrero y la sesión del Parlamento Europeo del 11 de febrero fueron dos ejemplos de la adopción por parte de la oposición (sobre todo, del Partido Popular y de Vox) de esa dimensión de la política como espectáculo o, por decirlo de otra manera, de la banalización de la política.

La función de control de los partidos de la oposición giró sobre la entrevista del Ministro Ábalos con la Vicepresidenta de Venezuela en su escala en el aeropuerto de Barajas. La situación venezolana es lo suficientemente confusa para que los partidos españoles intenten una reflexión conjunta para tratar de aclarar lo que está ocurriendo, de lo que la situación del opositor Guaidó es sólo una parte. Aunque siempre es preocupante la implantación de un régimen carente de libertades que está provocando, además, la depauperación de la población, hay también una situación que afecta a la geoestrategia que es realmente preocupante. Me refiero a la creciente presencia de Rusia y de China, a la posible penetración de las Fuerzas Armadas rusas en las Fuerzas Armadas venezolanas, a la rumoreada (y no probada) compra de la compañía venezolana estatal de petróleo por Rusia (o por China). La situación es confusa, como lo prueba la extraña aparición del Ministro ruso de Asuntos Exteriores, Lavroff, en Caracas, y la casi paralela aparición del Presidente Rodríguez Zapatero.

Pues bien, ante esta situación ciertamente preocupante, no sólo para los ciudadanos venezolanos que soportan un régimen autoritario que ni siquiera les proporciona los recursos más básicos, sino para los equilibrios estratégicos del mundo euro-americano, ¿qué hace la oposición española?

Por una parte reprochar al Gobierno español no tratar al opositor Guaidó como Jefe del Estado. ¿Pero es que Guaidó es el Presidente de Venezuela? Para el Derecho internacional, no lo es. Maduro sí es el Presidente de la República, todo lo de facto que se quiera, pero Presidente. Todo lo ilegítimo que se quiera, pero Presidente, de la misma manera que nadie dudó de que Franco era el Jefe del Estado de España, y no lo fueron los sucesivos Presidentes de la República en el exilio, ni tampoco lo fue Juan de Borbón. Y después de reprochar al Gobierno el trato que se dio al opositor Guaidó, las diversas oposiciones de la derecha han montado el gran escándalo porque el Ministro Ábalos se reunió con la Vicepresidenta venezolana. Como se ha ido viendo, gracias al Ministro Ábalos (que afrontó todas las críticas posibles de la prensa de derechas y de la oposición parlamentaria, incluyendo la banalizada petición de dimisión) evitamos un doble conflicto, internacional e interno.

El Ministro Ábalos evitó que la inadecuada actuación de la Vicepresidenta venezolana, en contraposición a reglas diplomáticas muy asentadas, degenerara en un conflicto diplomático entre los dos países. En una situación tan compleja, España ha de evitar cualquier fricción con la dictadura venezolana porque ha de estar en condiciones de mediar (mejor que medien los Estados que los particulares). De esa manera, el Ministro Ábalos consiguió dejar incólume el eventual papel mediador de España, si fuera necesario.

En segundo lugar, la gestión del Ministro Ábalos impidió una crisis interna en el Gobierno, porque en el seno del mismo hay diversas sensibilidades que podían desear un trato distinto a la Vicepresidenta venezolana. Hubo una respuesta unitaria sin que se produjeran estridencias que podían socavar la unidad gubernamental.

Por eso me refería más arriba a la política espectáculo. En lugar de ofrecer a los ciudadanos visiones que le ayuden a entender las situaciones políticas que se van produciendo, las oposiciones de derechas montan escándalos hiperbólicos que no contribuyen a que esos mismos ciudadanos formen ideas y criterios propìos. Además, esa labor opositora no mejora los intereses de los ciudadanos que miran esa confrontación con hastío.