“¡Los profesores no son el problema! ¡Los padres son el problema! No están enseñando a sus hijos modales, ni respeto, ni lo más elemental sobre cómo llevarse bien con los demás.” Esto decía una maestra estadounidense en el momento de su jubilación en una carta que se ha hecho viral; balanza actual para saber si una cosa es importante o no.

El que nuestra convivencia cívica, la cultura ciudadana, o como queramos denominarlo, está seriamente perjudicada nadie lo duda.

Las declaraciones de los responsables públicos ante los jueces nos lleva a pensar que “los políticos son el problema”. Otros tercian diciendo que el problema “son los políticos de la vieja política”, aunque sus nuevas prácticas no son nada edificantes.

¿El problema es mirar para atrás como dice el Presidente del Gobierno con el riesgo de convertirnos en sal, como la mujer de Lot? El problema es que atrás estaba Sodoma y Gomorra y Rajoy oficiando de jefe de los sodomitas. ¿Estaban o están las ciudades bíblicas? Es una duda más que razonable, si los “jefes” son los que eran o se han puesto al lado y ahora vigilan, que antes no, o estaban debajo, no vieron y por ello subieron de escalafón, el problema continúa y más nombres apareciendo. Tengo la esperanza que ustedes pongan el nombre que quieran a cada uno o una de la incógnita del problema. Siguiendo con el símil bíblico puesto por el Hnbl. Presidente el problema es encontrar cincuenta justos, que excuse no arrasar con azufre la ciudad, como no pudo hacer Yavé.

El problema pudo iniciarse en los políticos y los hábiles operadores económicos empresariales capaces de determinar el precio de aquellos dispuestos a dejarse comprar. Ahora no solo afecta a los que debieron dar ejemplo y no lo dieron, afecta a todos, pues cuando se deja de creer en el sistema la desconfianza hace que todo el entrelazado que la convivencia genera se vuelva quebradizo.

En las últimas campañas electorales en España, la regeneración democrática se levantó como una de las banderas que el nuevo tiempo político tenía que ondear con más fuerza. Ello no ha pasado ni de lejos. Nadie esperaría que el partido del Gobierno fuera a tomarse un depurativo y a limpiarse las úlceras que ha ido extendiendo por toda la sociedad.

Lo que estamos contemplando es la labor, que con eficacia, están desarrollando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la Fiscalía y la Judicatura, lo cual está suponiendo que muchos de los encausados estén relatando hechos que nos hacen sentir idiotas. Además de Sodoma y Gomorra, el pecado recorre las calles de Madrid, Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca y Murcia por citar los lugares más sonados. Estas causas judiciales están aireando toda una práctica de actuación donde la coalición público-privada no ha improvisado para nada su forma de actuación estando muy decantadas y estudiadas. Por ende, todos los entornos han estado igualmente viciados y solo un profundo cambio de los paradigmas de la moral económica, social, cultural y política, aplicando medidas preventivas y correctoras, nos puede llevar a un territorio limpio.

Se podrá decir que regenerar los comportamientos puede conducirnos a una paralización de la economía, a generar con ello pérdida de puestos de trabajo, si se toma como medida la censura pública de estas actitudes, puede afectar a la imagen global de la sociedad y del país. En conclusión, no nos queda otra que caminar hacia adelante con cuidado, corrigiendo al paso lo que acontezca y no pongamos la casa patas arriba. Se podrá decir esto, el Presidente lo dice, y también que “lo peor ya ha pasado” y que “hemos aprendido la lección” y que “la justicia funciona”.

Como sociedad debemos de ser menos complacientes pues es falsa la apreciación antes descrita. A los desempleados, excluidos socialmente; a los ciudadanos que viven en la precariedad o en el riesgo de caer en ella; a los que ven frustradas sus expectativas vitales por falta de recursos económicos y a aquellos, que son muchos, que rigen su vida de acuerdo a principios y valores éticos, todos los píos deseos de arrepentimiento y propósito de enmienda les suena a broma de mal gusto, del Viejo o del Nuevo Testamento.

Hace falta empezar a exigir cambios serios y sistemas de control interno y externo de las instituciones empezando por los partidos políticos. La ONG “Transparencia Internacional” señala que la institución pública en la que menos confían los ciudadanos es en los partidos políticos, incluso en los países nórdicos que se nos presentan como modelo de ejemplo democrático. Un 41% de los noruegos creen que los políticos son corruptos. En Bélgica es un 67%. En Francia, un 70%. En España, un 80% y en Grecia, un 90%. Motivos se están dando.

Evidentemente no es cierto que todos los partidos son iguales, ni todas las empresas, pero después de analizar lo que estamos escuchando del PP, de la antigua Convergencia de Catalunya y las empresas que han trabajado en su entorno, cuyos Presidentes acompañan al Jefe del Estado haciendo ostentación de la “marca España” por el mundo, la regeneración debe ser más global, general y profunda. No pensando en mirar atrás, sino en mirar para adelante, debemos regenerar con medidas concretas y con compromisos de férrea voluntad el dar calidad y ejemplaridad a la convivencia pública. El problema es que Rajoy lidera España y verle me convierte en sal.