A Casado se le va, de un tiempo a esta parte, poniendo cara de Rivera. Una cara que solamente he visto en el sheriff de Nottingham (Alan Rickman) durante las escenas finales del “Robin Hood” de Kevin Costner. Incredulidad, enfado, impotencia, desesperación, una expresión que es todo un manifiesto dadaísta aplicado a la política. Seamos bien pensados y consideremos que es movimiento dadaísta-político. Solo así daremos algo de dignidad a quien bastante atacado afirma “Ha sido atacada la remolacha”. Todo esto es síntoma de estar a punto de perder el norte o de estar desnortado. Seamos claros. Una cosa es “Asturias patria querida” en versión Castilla y León y otra los tubérculos.

Los tubérculos son cosa seria, moreno, aunque sea por estar a media palabra (medio camino) del Mycobacterium tuberculosis. Una bacteria que puede atacar a los pulmones, riñones, la columna vertebral y el cerebro. Y así llegamos al ergo. Los discursos a Casado se los escribe el doctor Bacterio desde la TIA y por eso afecta al cerebro dejándonos sin respiración al personal. Saturnino de nombre y ya se sabe que Saturno devora a sus hijos. Hemos topado en un sin querer queriendo con el spin doctor del PP. Se llama Bacterio y nació en España, es de España (Rocío Jurado dixit). Rajoy no necesitó spin doctor, dado que él mismo se bastaba consigo mismo: era médium y desafortunadamente en estrecha conexión con Antonio Ozores.

De no ser una declaración dadaísta ha sido un simple culatazo retórico. Cosa rara en dialécticas de fogueo, que ya es funesto que tirando en salvas te salga un tiro por la culata. Ni a Louis de Funès, cuyo padre siendo de España murió de tuberculosis, si bien enfermó en Venezuela. Otra conexión kármica cárnica. Cómo se le escapó a Bacterio la clarísima alusión a Venezuela de un evento funesto es de estudio y patatas fritas aparte. Y amigo, si no te salva la remolacha ya no sé. Como no venga Cañete y se coma una macro granja o Tocino vestida de pastorcilla con vellocino estamos ya en el límite del pastoreo electoral. Claro que es difícil, pero imposible no puede ser. Poner juntos Tocino y Cañete corre el riesgo de ser un devórame otra vez, aunque los dos están casados cada uno y una por su parte y arte. Por ello, siendo los dos de otro rebaño, ese que en algunos casos está muy visto en vistas, aquí se propone azúcar remolachero y a nadie puede amargar un dulce. De todo esto anterior el que suscribe confirma que se siente competente y capaz para escribir un discurso del actual líder del PP. No digo que sea fácil, pero ya sin límites ni cordura puedo afirmar con rotundidad que al menos esto sí se puede.