Con el nuevo gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez, España se encuentra ante una oportunidad histórica para actualizar el contrato social, político, económico y moral que los españoles nos dimos con la Constitución del año 1978. El camino no será fácil, porque como siempre que hay cambios, hay resistencias internas y externas feroces.

Pero frente a la novedad de la formula, se encuentra una hoja de ruta bien definida, en el documento del acuerdo de gobierno, que debe ser la guía a la que amarrarse para llegar a buen puerto, como hiciera Ulises en el Canto XII de la Odisea. Si es así, triunfará el gobierno y España. Si se desvía por los cantos de sirena, ya sean de las élites económicas o políticas, o de los independentistas, el gobierno lo pasará mal, y España y los españoles también.

La oportunidad que se abre con este nuevo gobierno, no solo se circunscribe a España. Por primera vez en muchas décadas, nuestro país puede servir de ejemplo al resto de Europa y del mundo. Y en muy poco tiempo, cambiar el rumbo de un siglo XXI que se caracteriza por el incremento de la concentración de la riqueza y de las desigualdades; hacia un tiempo donde se concreten en la vida diaria de los ciudadanos sus sueños y esperanzas en un mundo más justo y en unas sociedades más igualitarias.

Queda toda la travesía por delante. Pero ya se puede afirmar que se ha superado el principal obstáculo. Con este gobierno, se confirma que sí hay una alternativa creíble a la actual organización socioeconómica, y que es posible construir una sociedad en la que todas las personas accedan a los bienes fundamentales de la manera más amplia posible, sin exclusiones. Me refiero a la educación, a la salud, a la dependencia, al trabajo, a las pensiones, y en general, a la participación plena de todos en las diversas formas de vida social, cultural, económica, cívica y política.

Frente al discurso que defiende que es imposible cambiar las cosas. Frente al discurso que defiende que es imposible que haya una fiscalidad justa para tener una sociedad justa, este nuevo gobierno tiene por objetivo que todos los ciudadanos, especialmente quienes peor lo pasan, puedan disfrutar de las mejores condiciones de vida posibles.

Hay que hacer mucha pedagogía. Para que haya bienestar, el Estado necesita recursos, que tienen que salir de una fiscalidad proporcional y justa, que ahora no existe. Hay que decir con claridad que se va a combatir con determinación, y con acciones de gobierno, el discurso que defiende que es totalmente imposible someter a tributación a las grandes fortunas, de manera que las clases medias y las populares sigan condenadas a pagar en su lugar.

Ese discurso de que los ricos no paguen ha traído más desigualdad, más concentración de la riqueza y menos crecimiento económico. Pero, además, ha provocado en amplios sectores de la población un sentimiento de abandono por parte de sus responsables políticos, que ha hecho crecer el populismo, el sentimiento antieuropeo y antiglobalización, y un repliegue identitario que sufrimos fuertemente en España.

Los que defienden sus privilegios, ya han comenzado su batalla contra este gobierno para conservarlos. Su codiciosa ceguera, les impide darse cuenta de la magnitud de la crisis desigualitaria y medioambiental que socava los cimientos del actual modelo social.

La bendita osadía de este gobierno es que más allá de las medidas concretas, pretende cambiar el contexto ideológico que ha presidido el mundo desde los años ochenta. Pretende recuperar un modelo de desarrollo justo y sostenible con acciones específicas en términos de justicia social, política, climática y fiscal.

La democracia es un proceso histórico dinámico que debe evolucionar y reinventarse constantemente. Con este gobierno, se entra en un apasionante momento de confrontación de dos modelos democráticos. Uno ya superado, que pretende mantener los privilegios de unos pocos; y otro por explorar, que pretende construir una sociedad más igualitaria y prospera que supere la crisis social, económica y política, a la vez que vence la crispación identitaria y la arrogancia nacionalista.

Es un momento histórico apasionante y trascendental para España. Un momento, donde este gobierno necesitará del apoyo de los ciudadanos para llegar a buen puerto. Pero donde también, será necesario profundizar en el diálogo y el acuerdo con el mayor número de fuerzas políticas para consolidar unos cambios, que en todo caso habrá que poder en funcionamiento.