Recientemente el Colegio de Médicos de Barcelona planteaba la prohibición de un congreso seudocientífico que se iba a celebrar en dicha ciudad bajo el nombre de “Un mundo sin cáncer. Lo que tu médico no te está contando”, porque consideraba que se cuestionaba la honestidad de los médicos y se ponía en duda la información sobre el cáncer que facilitan los médicos, con una serie de métodos no científicos que pueden poner en peligro la salud de las personas.

Recuerdo esta noticia, porque en otro ámbito científico como la sociología, asistimos constantemente a la publicación de encuestas que abandonan los criterios científicos, los relegan a un segundo plano, o se diseñan para proclamar unas conclusiones determinadas, que tienen más que ver con intereses particulares que con la realidad. Así, aparecen titulares llamativos donde se pretende favorecer a algunos líderes políticos y sus formaciones, y en paralelo castigar a otros, algo que en el caso del PSOE se ha agudizado desde hace ya demasiados años.

La manipulación de las encuestas es una grave enfermedad de la democracia que es necesario atajar. En las últimas elecciones generales, aparecieron numerosas encuestas en los medios de comunicación que más que intentar informar de las preferencias de los españoles pretendían incidir en el voto de los ciudadanos, ya fuera movilizándolo, cambiándolo o desincentivándolo hacia determinadas formaciones políticas.

Esta situación de fraude democrático, supone un abuso de poder que va más allá de la posterior no coincidencia entre las estimaciones de las encuestas y los resultados. Supone alterar la relación entre representantes y representados por parte de unas elites económicas que pretenden imponer su agenda a la sociedad. Más aún, en sociedades donde la fragmentación política puede hacer que pequeñas variaciones de voto alteren completamente los resultados.

En las elecciones de junio de 2016, la encuesta de Metroscopia para EL PAIS, establecía que el PP obtendría un 28,5 por ciento de votos, cuando el resultado final que tuvo en el recuento de votos fue del 33,03 por ciento. Una diferencia de 4,53 puntos porcentuales que significan muchos cientos de miles de votos. También, señalaba el hundimiento del PSOE, colocando a esta formación política en tercer lugar, siendo superada por Unidos Podemos, y con un 20,2 por ciento de los votos. Finalmente, el PSOE, siguió en la oposición, pero fue la segunda fuerza política y consiguió el apoyo del 22,66 por ciento

En cuanto a Unidos Podemos, la citada encuesta estimaba que obtendría un 25,6 por ciento y quedaría en segundo lugar muy cerca del PP. Finalmente, en votos fue tercera fuerza política con un 13,37 por ciento, a los que habría que sumar sus confluencias. Ciudadanos, de una estimación del 16,6 por ciento se quedó en un 13,05.

La presión mediática hacia algunos líderes y el beneplácito hacia otros es una opción que puede decidir la línea editorial de cualquier medio de comunicación legítimamente. Pero lo que chirria, es que se pretenda hacer pasar la opinión o el apoyo hacia ciertas formaciones políticas, como una realidad instala en la sociedad española. En este punto, es importante separar la opinión y el apoyo de la información, porque de lo contrario se está utilizando la difusión de esos medios para debilitar la democracia. ¿Cómo? Haciendo pasar el apoyo por información,  y confundiendo a unos ciudadanos que tienen derecho a ser informados y a conocer las ayudas que reciben unas y otras formaciones políticas.

Para evitar las dudas crecientes que tienen los ciudadanos sobre las encuestas, sería interesante que se aplicaran en todo momento los requisitos que exige la ley de Régimen Electoral General, para las encuestas en los procesos electorales, que aparece en su artículo sesenta y nueve. Así, sería obligatorio entre otros aspectos, dar a conocer las características técnicas del sondeo incluyendo el sistema de muestreo, tamaño de la muestra, margen de error de la misma, nivel de representatividad, procedimiento de selección de los encuestados y fecha de realización del trabajo de campo, el texto íntegro de las cuestiones planteadas y el número de personas que no han contestado a cada una de ellas.

Al mismo tiempo, la Junta Electoral Central tendría un papel activo a la hora de velar porque los datos e informaciones de los sondeos publicados no contengan falsificaciones, ocultaciones o modificaciones deliberadas. Pudiendo recabar más información técnica de los sondeos o encuestas publicadas para efectuar las comprobaciones que estime necesarias. Y pudiendo obligar al medio de comunicación a publicar y difundir una rectificación en el plazo de tres días si observa violaciones de las disposiciones antes mencionadas.

Todos dirán que ya cumplen estos requisitos. Pero, este papel activo y vigilante de la Junta Electoral Central, fortalecería la democracia y evitaría la utilización torticera de unas encuestas donde ahora no sabemos si el muestreo que se ha utilizado es representativo, se ha realizado la selección de las entrevistas de manera objetiva, se han prevenido sesgos en las preguntas y se ha garantizado la imparcialidad y la fiabilidad en la presentación e interpretación de los datos.

En los últimos días, se han publicado distintos sondeos. Por ejemplo, el publicado por Metroscopia para El PAIS, acaparó todos los titulares por el ser el primero que señalaba que Ciudadanos ganaría con el 27,1 por ciento de los votos unas elecciones generales si se celebraran ahora. Observando los datos, surgen algunas preguntas:

  • ¿Cuál es el procedimiento por el cual de 2.010 entrevistas completadas a través de llamadas telefónicas, finalmente la muestra efectiva equivale a 1.332 entrevistas? ¿Existe algún tipo de sesgo en la eliminación de 678 entrevistas realizadas? ¿Qué ponderación se utiliza?
  • ¿Se tiene en consideración que un 14,7 por ciento de las personas entre 65 y 74 años no ha utilizado el teléfono móvil en los últimos tres meses? ¿Se ha tenido en cuenta que se puede producir un sesgo entre las personas mayores que utilizan menos el teléfono móvil por nivel de ingresos y estudios, y que en porcentaje votan más a las formaciones políticas tradicionales?
  • ¿Cómo el PSOE con un 16,2 por ciento de voto primario y un 22 por ciento de recuerdo de voto obtiene un 21,6 por ciento de estimación de voto en el sondeo, y el PP con un 13,2 por ciento de voto primario y un 18,2 por ciento de recuerdo de voto, es la segunda fuerza política con un 23,2 por ciento?
  • ¿Cómo es posible tanta diferencia entre el “voto primario” de los partidos políticos y los resultados finales del sondeo? ¿Se utilizan criterios homogéneos o se cambian en cada encuesta?

La concentración de los medios de comunicación en grandes conglomerados mediáticos, ha favorecido una tendencia donde algunos medios más que trasladar información a la sociedad pretenden influir en ella. Un ejemplo evidente se observar en las encuestas que publican. Que más que encuestas elaboradas con criterios científicos y de investigación que pretenden obtener información de la sociedad, son meros editoriales al servicio de determinados intereses particulares, legítimos, pero particulares.

Por ese motivo, para fortalecer la democracia y no confundir la información con la opinión, sería oportuno que las encuestas vuelvan a tener la dimensión científica que no debieron perder. Con la propuesta de ampliar  el marco competencial de la Junta Electoral Central, y permitiendo a cualquier investigador verificar lo que al final se pretende resumir en un titular de prensa,  habría más transparencia y sobre todo más información. Ganaría la democracia. Y a lo mejor, la sociología conseguiría algo parecido a lo que denunció el colegio de médicos de Barcelona. Acabar con la seudociencia.

Ese es el camino.