Mientras gran parte del mundo se prepara para un regreso lento, incierto, todavía peligroso y, desde luego, plagado de incertidumbres de todo tipo, a una relativa normalidad, las regiones rezagadas en el impacto del COVID-19 (América Latina y gran parte de África) tendrán todavía semanas por delante de sufrimiento y oscuridad.

En nuestro mundo más cercano, o del que disponemos de más información por la preferencia mediática, el alivio del desconfinamiento gradual apenas puede compensar la angustia social y personal por un futuro dominado por las incógnitas económicas, laborales, sociales y políticas, sin olvidar las sanitarias: una nueva oleada del virus sigue temiblemente presente, sobre todo si la impaciencia o los intereses particulares se imponen a los públicos.

Sin pretender agotar todo el catálogo de incógnitas presentes y futuras, aquí van las que quizás tengan más repercusión en la vida cotidiana de las personas, pero también en el equilibrio mundial. El orden de presentación es relativamente aleatorio.

1) La respuesta europea a la crisis socio-económica. La dimensión del daño es todavía especulativa y aproximativa. La acumulación de programas de estímulo, ampliación crediticia, incremento presupuestario de la Unión, etc. arroja cifras mil millonarias, pero aún queda por esclarecer cómo y bajo qué condiciones se distribuirá esa ayuda con mayúsculas. Y, ante todo, quienes pagarán y a quienes alcanzará. El pacto Merkel-Macron de los 500.000 millones ha sido saludado como un paso adelante tras un atasco de semanas (1). Pero hay todavía muchas incógnitas por despejar. El pulso norte-sur no se ha terminado.

En el plano interno, los gobiernos empezarán a presentar cuentas políticas, y no parece prometedor el balance. Macron anticipa la rentrée más debilitado que nunca en la Asamblea Nacional, ya sin mayoría absoluta, después de perder 26 diputados (2), ruptura más grave de lo que resultó en su momento los frondeurs  de izquierda socialista para Hollande). Merkel aguanta de nuevo el tipo y, como siempre, le sientan bien las urgencias, aunque hay resistencias a su derecha. En Italia, pasa lo habitual: no se pierde oportunidad de aprovechar una crisis para alterar los ficticios equilibrios políticos. Renzi se aleja del gobierno, Salvini huele sangre, la ultraderecha nostálgica crece, los cinco estrellas se apagan y Conte se convierte en  el solitario del Palacio Chiggi. Johnson, cuando acabe por salir del embrollo de Cummings, su gurú del Brexit, tendrá que afrontar unas endiabladas negociaciones de relación futura con la UE. Omito España, porque ya se habla con extensión en este sitio web.

2) El impacto en las elecciones de Estados Unidos de los 100.000 muertos (y en alza). Un liderazgo inepto e irresponsable debería haber condenado a Trump. Pero Trump está en la Casa Blanca no a pesar de eso, sino precisamente por eso: por presumir de hacer lo que no se considera correcto, por seguir la corriente a un sector social amplísimo que no cree en el poder público, o más bien que desconfía profundamente de él. Aunque sea con casi 20.000 mentiras.

La alternativa es endeble, en el mejor de los casos, de mínimo denominador común: casi todo de lo primero, confuso lo segundo y discutible lo último. Joe Biden, a sus 77 años, puede ser presidente de un solo mandato. De ahí que la selección de su coequipier electoral sea ahora uno de los temas punteros en el debate público. Se perfilan mujeres para el puesto. Elisabeth Warren se ha mostrado dispuesta, pese a las diferencias evidenciadas durante las primarias demócratas. Pero es blanca y Biden necesita fidelizar a ese voto afroamericano que le viene prestado por Obama. Se habla de Kamala Harris, otra desventurada runner, o de Stacy Abrams (más a la izquierda), que a punto estuvo de ganar la gobernación de la sureña Georgia.

Pero el problema más importante es la amenaza sobre el desarrollo mismo del proceso electoral y, con particular gravedad, sobre el derecho mismo de voto. La pandemia puede ser un factor para volver a privar de votos a sectores desfavorecidos, lo que beneficiaría a Trump y perjudicaría a Biden. A pesar de que Estados Unidos arrastra un historial lamentable de manipulación electoral, este año puede resultar escandaloso (3).

3) La deriva de la confrontación chino-norteamericana. De momento, oscila entre las imposturas de guerra fría (o congelada) y la interdependencia, la propaganda por ambas partes y el recurso fácil de consumo interno en los dos polos. Trump hará uso y abuso electoral de ello, pero dejará que sus colaboradores impidan que la sangre llegue al río. Los mandarines chinos optarán por una táctica reactiva, salvo en lo que consideren líneas rojas. El control de Hong Kong o la vigilancia de Taiwan se estrecharán y provocarán tensión, pero en Pekín se cree, y quizás con razón, que Occidente no se arriesgará a palabras mayores y que primará la necesidad de estabilizar una globalización desgarrada por la crisis (4).

4) El encaje del nuevo y superpoblado gobierno israelí, con un primer ministro en los juzgados y la anunciada anexión del 30% de Cisjordania (5). La reanudación de la violencia en Palestina, motivada por la desesperación de la población, o de sus élites, representaría un foco adicional en el incendio en que se consume la región entera. No está claro que un hipotético Presidente Biden pueda, o quiera, frenar el anexionismo israelí.

5) La solidez del influjo de los actores secundarios en Oriente Medio. El aparente statu quo bélico en Siria, Libia y Yemen, las crisis socio-políticas aplazadas en Líbano, Irak, Irán o Argelia y las luchas subterráneas en las monarquías petroleras presentan demasiado factores de desestabilización como para permanecer hibernados mucho tiempo. En ninguno de esos casos puede esperarse desarrollo positivo alguno.

6) El incierto proceso de “normalización” en Afganistán. Está apenas hilvanado por un plan norteamericano, presentado como de pacificación, cuando, en realidad, se trata de una pantalla muy frágil para salvar la cara de una retirada militar en derrota. El acuerdo interno entre las dos facciones del gobierno (Ghani-Abdullah) suena a tregua, pero no es un arreglo estable. El virus ha impuesto una tregua militar con los taliban. Pero el monstruoso atentado de hace unas semanas en una maternidad de Kabul nos recuerda que la franquicia local del Daesh representa una amenaza mucho más mortífera que los antiguos estudiantes coránicos y podría alterar los planes de unos y otros (6).

7) La institucionalización del poder vitalicio de Putin en Rusia. La iniciativa de reforma constitucional y de reajuste de la estructura de poder en el Kremlin se vio interrumpida por la enfermedad global, cuya dimensión y gravedad reales se desconocen por la opacidad oficial. Putin, consagrado como zar del siglo XXI (7), baraja respuestas estratégicas diferentes, en función del inquilinato de la Casa Blanca a partir del año que viene. China es su mejor baza, pero tan incierta, condicionante y cara como siempre.

8) El contradictorio efecto de la pandemia sobre el rumbo del nacional-populismo en Occidente y del nacional-autoritarismo en la periferia. La democracia puede ser una víctima derivada de la crisis sanitaria. La gestión de los Bolsonaro, Modi, Erdogan y tantos otros ha sido un desastre, pero quizás no paguen la misma factura que los dirigentes demócratas. Se sienten relativamente seguros. Sólo una revolución o algo similar puede llevárselos por delante. Mientras, maniobran, manipulan y reprimen. Viven en el filo de la navaja y, si es preciso la vuelven contra sus pueblos. Sin complejos. La pandemia puede darles vida (8).

 

NOTAS

(1) “Merkel and Macron find the strength for Europe. PETER MÜLLER. DER SPIEGEL, 22 de mayo.

(2) “La perte de la majorité absolue à l’Asamblée, un coup dur pour Emmanuel Macron”. LE MONDE, 21 de mayo.

(3) “The pandemic has already altered how ten of millions of americans can cast their ballots this year”. THE WASHINGTON POST, 23 de mayo.

(4) “Why China’s move to rein in Hong Kong is just the start”. STEVE LEE MYERS. THE NEW YORK TIMES, 24 de mayo.

(5) “Israel’s new government is a many-headed hydra. Can its competing leaders resolve the dilemma of annexation”? MARTIN YNDIK. FOREIGN AFFAIRS, 26 de mayo.

(6) “Horrific attack on Masternity ward threatens to upend afghan truce”. STEFANIE GLINSKI. FOREIGN POLICY, 14 de mayo.

(7) “How Putin changed Russia forever”. VARIOS AUTORES. FOREIGN POLICY, 7 de mayo.

(8) “Covid-19 tempts would-be authoritarians. But exploiting a pandemic comes at a cost”. RUTH BEN-GHIAT. FOREIGN AFFAIRS, 5 de mayo. “Authoritarians are exploiting the Coronavirus. Democracies must not follow suit”. JEFFREY SMITH, NIC CHEESEMAN. FOREIGN POLICY, 28 de abril.