La participaciĂłn polĂtica se coliga a la democracia y la perspectiva de la ciudanĂa polĂtica. En 1949 T.H. Marshall ideĂł un esquema del proceso histĂłrico de evoluciĂłn del concepto moderno de ciudadanĂa, asociado a la conquista de tres tipos de derechos: los civiles, los polĂticos y los sociales. En primer lugar, planteĂł, que se conquistaron los derechos civiles, relativos a la libertad y a la igualdad (libertad de la persona, libertad de expresiĂłn, de pensamiento y de religiĂłn, derecho a la propiedad, a cerrar contratos vĂĄlidos y derecho a la justicia), posteriormente se alcanzaron los derechos polĂticos referidos al âderecho a participar en el ejercicio del poder como miembro de un cuerpo investido de autoridad polĂtica o como elector de los miembros del tal cuerpo y su extensiĂłn fue una de las principales caracterĂsticas del siglo XIXâŚâ[1]. En Ăşltima instancia, se encumbraron los derechos sociales (bienestar econĂłmico, seguridad a participar del patrimonio social, vivir de acuerdo a los estĂĄndares de la sociedad).
Desde la perspectiva de los derechos polĂticos y ciudadanĂa polĂtica han existido y persisten limitaciones a que determinados sectores sociales concurran equitativamente en este campo, resultando de las mĂĄs extendidas, en todo el mundo, la de gĂŠnero. Las mujeres parten de una posiciĂłn estructural de desventaja social, a consecuencia de su discriminaciĂłn histĂłrica de las esferas de lo social y lo econĂłmico, hecho que les ha impedido su integraciĂłn activa en polĂtica.
Se trata de una problemĂĄtica relevante por cuatro razones fundamentalmente: por ser una muestra de la necesidad de profundizar en la construcciĂłn de sociedades realmente democrĂĄticas que dejan al margen de las decisiones polĂticas a la mitad de la poblaciĂłn, por visualizar el desigual reparto de los recursos polĂticos, por las remoras al empoderamiento de las mujeres, asĂ como por la necesaria articulaciĂłn, desde instancias pĂşblicas, de medidas que fomenten su intervenciĂłn en este ĂĄmbito.
Estructuramos el concepto de participaciĂłn polĂtica de las mujeres en tres dimensiones: la institucional, la organizada y la individualizada. La participaciĂłn institucional incluye su presencia en puestos polĂticos de representaciĂłn y en cargos en los diferentes niveles de gobierno. La participaciĂłn orgĂĄnica engloba su proporciĂłn numĂŠrica en los partidos polĂticos, sindicatos, organizaciones y asociaciones de Ăndole polĂtica. Por Ăşltimo, la participaciĂłn individualizada que concretamos en las percepciones pĂşblicas de las mismas hacia la polĂtica.
Tres juzgamos han sido los impedimentos para que las mujeres en los paĂses mediterrĂĄneos no hayan accedido a la polĂtica: la impronta de la Iglesia catĂłlica y su prototipo de mujer buena, asociado al rol de hija, esposa y madre; el aparataje legislativo, que las dejaba en un lugar de segundo nivel (recordemos que, en nuestro paĂs, hasta el aĂąo 1981 estaban obligadas a solicitar el permiso de sus maridos para trabajar, cobrar sus salarios, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar los pasaportes, el carnĂŠ de conducir…) y, por Ăşltimo, ideologĂas, sustentadas en supuestas âteorĂas cientĂficasâ, como las de Charles Darwin y Herbert Spencer, que sindicaban a los varones con la inteligencia y la razĂłn y a las mujeres con las pasiones y con âcualidades mentalesâ de menor nivel.
En Europa las mujeres ejercieron su derecho al voto, por primera vez, en Finlandia (dependiente en aquel momento del imperio Ruso) en 1907 (incluso ocuparon escaĂąos en el parlamento), le siguieron Noruega y Suecia. En los Estados Unidos en 1920 fue aprobada la Decimonovena Enmienda de la ConstituciĂłn, en los siguientes tĂŠrminos: âEl derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos al voto no serĂĄ negado o menoscabado por los Estados Unidos, ni por ningĂşn Estado, por motivos de sexo. el gobierno federal no podĂa denegar el derecho de voto a causa del sexoâ. En el Reino Unido data del aĂąo 1928, en Francia de 1946 y en Suiza en 1971. En EspaĂąa fue durante la Segunda RepĂşblica y la Guerra Civil cuando destacaron las mujeres en la polĂtica. Entre 1931 y 1939 obtuvieron escaĂąos en el Parlamento, conquistaron el derecho a voto (aprobado por las Cortes Constituyentes de la Segunda RepĂşblica en 1931), militaron en los partidos polĂticos y asumieron cargos de responsabilidad pĂşblica. Las mĂĄs distinguidas fueron Clara Campoamor, Victoria Kent, Dolores IbĂĄrruri, Irene FalcĂłn y Federica Montseny. La dictadura franquista las alejĂł de numerosas actividades, remitiĂŠndolas al desempeĂąo de roles tradicionales femeninos. El 4 de enero de 1976 en un referĂŠndum por sufragio universal se aprueba la Ley para la Reforma PolĂtica[2], que derogaba el sistema polĂtico franquista. Dos aĂąos despuĂŠs, en nuestra ConstituciĂłn se reconoce que âLos espaĂąoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminaciĂłn alguna por razĂłn de nacimiento, raza, sexo, religiĂłn, opiniĂłn o cualquier otra condiciĂłn o circunstancia personal o socialâ. Â Desde esa fecha se han ido incorporando a la polĂtica en sus diversas variedades, aunque siguen persistiendo disimilitudes respecto a los varones, tal como detallaremos a continuaciĂłn, particularmente en el contexto europeo.
La publicaciĂłn Mujeres en la polĂtica: 2021[3] de la UniĂłn Interparlamentaria (UIP) y ONU Mujeres presenta un ranking mundial de mujeres con responsabilidades ejecutivas y parlamentarias al 1 de enero de 2021. Se detallan mĂĄximos histĂłricos de mujeres como Jefas de Estado/Jefas de Gobierno y ministras. Sin embargo, se observan desigualdades de gĂŠnero. No en vano la progresiĂłn de ministras se ha ralentizado (del 21,3% en 2020 al 21,9% en 2021), el nĂşmero de paĂses sin mujeres en el gobierno ha aumentado; y un cicatero 25,5% de los escaĂąos parlamentarios, en todo el planeta, estĂĄn ocupados por mujeres (24,9% en 2020).
En EspaĂąa hemos dado un paso de gigante en este terreno, segĂşn datos del INE de hace una semana, el porcentaje de mujeres con cargos ejecutivos en los principales partidos polĂticos se ha incrementado, situĂĄndose en un 46,5% (47,5% en 2020), frente al 39,1% en 2019[4]. Â En 2021 los partidos polĂticos que cumplieron el criterio de presencia equilibrada de la Ley de Igualdad[5] fueron: el PSOE, Izquierda Unida, Podemos y Esquerra Republicana de CataluĂąa. Alejados estaban el Partido Popular (37,2%), CoaliciĂłn Canaria (28,6%) y VOX con un 25%. Por lo que se refiere al Gobierno hay 14 mujeres frente a 9 varones, lo que representa una presencia femenina en el Consejo de Ministros del 60,9%.
A la luz de estos datos, evoco las figuras de tantas y tantas mujeres que lucharon por lo que parecĂa un sueĂąo, hoy en dĂa una realidad, si bien todavĂa quede mucho por recorrer y tenga que diferir rotundamente de las palabras de CalderĂłn cuando decĂa:
â⌠¿QuĂŠ es la vida? Una ilusiĂłn,
una sombra, una ficciĂłn,
y el mayor bien es pequeĂąo;
que toda la vida es sueĂąo,
y los sueĂąos, sueĂąos sonâ
SueĂąos que se convirtieron en realidad por la fuerza, compromiso y responsabilidad de quiĂŠnes quisieron cambiar el mundo: sobre todo mujeres, pero tambiĂŠn hombres de bien, que nunca se rindieron y nos inspiran el camino a seguir. Que asĂ seaâŚ
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[1] T. H. Marshall: âCiudadanĂa y clase socialâ en REIS, nÂş 79, 1997, pp. 302-303. Disponible en web http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_079_13.pdf
[2] VĂŠase, https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1977-165
[3] VĂŠase, https://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2021/03/women-in-politics-map-2021
[4] VĂŠase, https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925595348&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout
[5] VĂŠase, https://www.boe.es/buscar/pdf/2007/BOE-A-2007-6115-consolidado.pdf
