La población española cada vez está más concienciada de lo que realmente está sucediendo con el clima en nuestro planeta y en nuestras calles. En España, un 83,9 por ciento de la población considera que se están produciendo cambios imprevistos en el clima debido a las acciones humanas sobre el medio ambiente y la naturaleza, según el barómetro del CIS del mes de enero.

Frente a esta mayoría, un 8,2 por ciento cree que estamos ante una etapa más del clima, igual que de forma natural ha habido cambios en el clima a lo largo de la historia; un 2,4 por ciento que actualmente no cree que se está produciendo un cambio climático; y un 2,2 por ciento no está seguro/a de si se está produciendo o no un cambio climático.

Esta realidad, afortunadamente encaja y está alineada con un gobierno de España decidido a impulsar un nuevo Contrato Social, un nuevo pacto entre el capital, el trabajo y el planeta (un Green New Deal), que, como señalan, permita hacer frente a la inevitable transición ecológica justa mediante la máxima eficiencia en el uso de los recursos naturales, las tecnologías menos contaminantes y la creación de empleo “verde” en todos los sectores.

La conciencia existe mayoritariamente. Pero ¿Es suficiente? La respuesta es no. Es preciso, junto con la necesaria concienciación dar mayor protagonismo a los ciudadanos. Hace falta que sean actores principales de los cambios en nuestros modelos de vida, en general y en particular, para que sean realizables, asumibles y rentables social, política y económicamente.

El elevado grado de concienciación de nuestra sociedad es una ventaja que hay que saber aprovechar. ¿Cómo? Dando las herramientas a la población para que de manera activa lidere el cambio y haga que todas las administraciones aceleren en la puesta en marcha de un cambio de modelo de vida que empiece por las acciones cotidianas.

De los datos del CIS se pueden destacar algunas cuestiones:

  • La mayoría de la población cree que estamos en emergencia climática. Concretamente, para un 49,7 por ciento de la ciudadanía, la situación en la que nos encontramos es de emergencia climática por el peligro que supone. Para un 38,2 por ciento la situación es grave, pero no de emergencia climática. Y para un 5,2 por ciento, la situación no es grave, se exagera al hablar del peligro que supone.
  • Se puede reducir el impacto del cambio climático. Un 65,6 por ciento de los españoles considera que se puede reducir el impacto del cambio climático. Un 19,5 por ciento que se puede detener el cambio climático. Y un 6,3 por ciento que no se puede hacer nada en la situación actual.
    ¿Cómo? Las acciones que destacan para reducir o detener el cambio climático son muy clarificadoras: un 80,3 por ciento cree mucho/bastante con investigación científica y tecnológica; un 70,6 por ciento con las acciones individuales: cambiar o adaptar las formas de vida y consumo; un 50,4 por ciento en las acciones de las empresas que contaminan para no contaminar; un 47,6 en los acuerdos internacionales para reducir gases contaminantes; y 47,1 por ciento en las acciones de los Gobierno y administraciones (legislar, impuestos, medidas anti-contaminación, protección del medio natural)
  • Hay que renunciar a algo en el presente para vivir mejor en el futuro. En este sentido, un 82,7 por ciento esta de acuerdo con esta frase en relación al futuro, mientras un 10,3 por ciento está más de acuerdo con la frase de que el futuro es tan incierto que es mejor vivir sin renunciar a nada.

Con estos datos la conclusión es clara: España tiene que convertirse en referente mundial en la lucha contra el cambio climático y en ejemplo de la realización de un nuevo contrato social que respete el medio ambiente.

Si la mayoría de la población cree que estamos en emergencia climática. Si la mayoría de la población cree que se puede reducir el impacto del cambio climático. Si la mayoría de la población está de acuerdo con que hay que renunciar a algo en el presente para vivir mejor en el futuro. Si el Gobierno ha aprobado el anteproyecto de ley sobre cambio climático y transición energética, el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, y la Estrategia de Transición Justa, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90 por ciento en 2050; aumentar el peso de las energías renovables en el consumo de energía final; establecer un calendario con fechas de cierre gradual de las centrales térmicas y de las centrales de energía nuclear; reformar del mercado eléctrico; impulsar una fiscalidad medioambiental que desincentive la contaminación, impulse el proceso de descarbonización de la economía y favorezca la transición ecológica; tenemos todos los motivos y elementos para cumplir este nuevo objetivo central de la sociedad española.

¡A por ello!