La Derecha suele utilizar la estrategia política de buscar siempre un enemigo externo contra el que dirigir el centro de sus ataques para así llamar la atención de la ciudadanía sobre un punto concreto, entretenida por algo o alguien ajeno.

Además, si hay un enemigo, ya no hay responsabilidad sobre los errores o la mala gestión. La culpa siempre es del otro.

Y, en tercer lugar, un enemigo es un elemento cohesionado de un sentimiento nacionalista. Los “otros” nos atacan.

Eso ha hecho también Trump durante todo su mandato. Es algo muy habitual. La crítica, la ofensa, acusar con el dedo, señalar al otro, … aunque es muy peligroso cuando uno representa a la primera potencia mundial y debe ayudar a garantizar un orden internacional y unas bases de convivencia. Algo para lo que Trump está incapacitado por habilidades, carácter y principios. No es un personaje que entienda y practique lo que significa la armonía y la paz, sino más bien parece un matón de western americano, siempre dispuesto a entrar en una pelea.

Así basó su campaña con el eslogan fascista del “American First”. Y luego empezó su gestión contra los mexicanos, contra China, contra Oriente Medio, contra Europa, contra Naciones Unidas, contra la OMS, …. El problema es que eso se le puede ir de las manos cuando los enemigos son sus propios conciudadanos.

Trump ha encontrado un nuevo enemigo para desviar la atención del coronavirus y de su nefasta gestión. Un enemigo que ha despertado de nuevo a raíz del asesinato de George Floyd: Antifa. Un movimiento de jóvenes y ciudadanos, con poca estructura, que combaten el fascismo, el racismo, la homofobia y las desigualdades. Es la abreviatura de “antifascista”, un movimiento que surgió en la década de los 30 del siglo pasado en Italia y Alemania contra los regímenes fascista y nazi.

En EEUU, el movimiento Antifa está muy vinculado a los movimientos antirracistas, como el “Black Lives Matter”. Ese es el movimiento que Trump quiere ilegalizar por considerarlo un movimiento terrorista.

La estrategia política de buscar enemigos me parece inmoral. En el caso de Trump ha sido realmente miserable, no ha tenido ningún problema en dividir a la ciudadanía, en generar enfrentamientos y extremismos, en echar leña al fuego, en incendiar el orden internacional, en insultar a potencias y líderes extranjeros, pero, ahora se le puede ir de las manos por dos razones: una, porque está acusando a sus propios conciudadanos y, dos, porque el movimiento “Black Lives Matter” ha traspasado las fronteras americanas para convertirse en una lucha universal por los derechos humanos, en este caso, de las personas negras.

Y si Antifa es un movimiento antifascista que consigue el odio de Trump, ¿nos hemos preguntado cómo se define él mismo? ¿Un fascista?