Después de estos meses de confinamiento por el COVID-19, muchas son las vivencias que acumulamos. Es en estas situaciones extraordinarias cuando algunas palabras cobran gran vigor y pasan a convertirse, no solo en prioridades individuales, sino también colectivas a nivel social.

Me refiero al artículo 43 de la Constitución Española que dice lo siguiente: “1. Se reconoce el derecho a la protección de la salud. 2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto. 3. Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo, facilitarán la adecuada utilización del ocio”.

Que bellas palabras, que durante mucho tiempo han chocado con la realidad privatizadora y de recortes de servicios públicos de los gobiernos del PP. Una realidad que se ve con claridad en el gasto sanitario total de España. Mientras en nuestro país el gasto es de 104.928 millones de euros; en Alemania, es de 368.597 millones; en Francia, de 259.638 millones; en Reino Unido, de 225.187 millones; y en Italia, de 152.705 millones.

Durante las últimas décadas, los sistemas públicos de salud no sólo han sufrido dificultades financieras provocadas por los recortes y el incremento de los gastos provocado por los avances tecnológicos, sino que han sido el blanco de un ataque ideológico sin precedentes donde se cuestionaba la universalidad del sistema, mientras crecían las privatizaciones bajo la sombra del dinero público que se iba detrayendo de nuestros impuestos.

Pero ahora, todo ha cambiado y es necesario afianzarlo. Esta pandemia, el sufrimiento que ha traído, las muertes, las imágenes de las carencias en el sistema sanitario, las condiciones laborales, han provocado que los españoles aplaudan a sus sanitarios. Y más importante aún, ha hecho que se vuelvan más activos a la hora de demandar a sus gobernantes más sanidad pública y mejor.

Los españoles han sufrido una década de recortes, y han visto como sus servicios públicos se iban deteriorando año a año. Menos médicos, más privatizaciones, peor atención. Pero muchos desconocían que el porcentaje de PIB en gasto sanitario que realiza España es del 9 por ciento, cuando en Francia es del 11,3 por ciento; en Alemania, del 11,2 por ciento; en Suecia, del 11 por ciento, y así sucesivamente.

La sanidad española es muy buena, y ha estado sustentada por sus profesionales frente a los ataques constantes en forma de recortes que ha ido sufriendo. Ha llegado el momento de dar un giro de 180 grados. Ha llegado el momento de invertir más y mejor en sanidad. Una sanidad igual para todos los españoles.

En este camino, es muy importante el apoyo de los ciudadanos. Un apoyo mayoritario, ya que el 89.3 por ciento de los españoles creen que son convenientes reformas en la sanidad española. Y cuando se les pregunta qué reformas son necesarias, según el barómetro del CIS de junio, el porcentaje más alta de apoyo es el que se refiere a dedicar más recursos económicos a la sanidad. Concretamente, un 87,3 del total de los encuestados realiza esta afirmación.

Tras ella, el 85, 3 por ciento cree que hay que aumentar las plantillas. Un 82,6 por ciento que hay que aumentar la coordinación entre las Comunidades Autónomas. Y un 82,5 por ciento, que hay que aumentar las instalaciones y los recursos dedicados a prevenir y abordar las pandemias. En definitiva, los españoles quieren que aumente el gasto sanitario por habitante en España, que hoy es de 2.255 euros y está lejos de las democracias más avanzadas de Europa. Intencionadamente no voy a entrar en el gasto por Comunidad autónoma porque lo importe es cambiar la situación global del sistema.

Cuando parece que hemos pasado lo más duro de la pandemia, hay que empezar la reconstrucción. Y en sanidad, esta reconstrucción significa un amplio acuerdo político para incrementar el presupuesto, mejorar la coordinación entre las comunidades autónomas, avanzar en medidas sociosanitarias y mejorar las condiciones laborales tan precarias de unas personas que seguimos llamando héroes. También, significa acabar con las privatizaciones.

Es momento de pasar de los aplausos, a los votos en el Parlamento y a su reflejo en los presupuestos.