Rodrigo Cortés, a pesar de ser éste su tercer largometraje, tiene una dilatada experiencia cinematográfica. Sólo con dieciséis años rodó su primer corto «El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca», donde ya apuntaba sus preferencias por determinadas temáticas y sus peculiares formas de percibirlas y abordarlas.

Dos años más tarde de recibir todo tipo de halagos por «Buried», afronta con esta película un verdadero desafío. Construida a partir de un guion del propio Cortés, desarrolla una inquietante e inteligente historia. Dos investigadores de fraudes paranormales, los doctores Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y Thomas Buckley (Cillian Murphy), representan la mirada escéptica del Centro Científico de Investigación Paranormal. Su trabajo es destapar fraudes. Y se les viene encima el mayor reto de todos: Simon Silver (Robert De Niro), un psíquico ciego que en otro tiempo gozó de fama y prestigio y que se retiró entre el misterio y la polémica.

«Luces rojas» es el resultado de una dirección impecable, con un sorprendente montaje, muy reforzado por un fantástico trabajo de sonido y de fotografía. Rodrigo Cortés logra configurar un espectro escénico que envuelve al espectador. Sigourney Weaver muestra sus mejores dotes interpretativas, desplegando esa personalidad ambivalente que ya nos mostró en «copycat» como la psicóloga Helen Hudson. Y Robert de Niro aparece de nuevo como nos gusta recordarle y ya llevábamos un tiempo sin ver. Pero, sin duda, el mejor es Cillian Murphy, con su inquietante papel con el que en ningún momento aparece eclipsado por los veteranos colegas que le acompañan en escena.

Es una buena cinta del mejor cine de género, intemporal, emocionante y realista. Pero si de algo se le puede hacer algún reproche, no es de otra cosa que de la búsqueda efectista a través del espectáculo de luces y sonidos con toques ilusionistas. Lo cual puede considerarse excesivo, pero la pone a la altura tecnológica del mejor cine, del mismísimo Hollywood.