Cuatro violaciones al día se denuncian en España. 13.235 agresiones sexuales con penetración desde 2007, ¿cuántas más silenciadas por el miedo? Muchas más. Pero se terminó el silencio y la impunidad. La mayoría de la sociedad española ha decidido decir basta. Basta a tanta violación, y basta a una justicia insensible ante el drama y el sufrimiento de unas mujeres que, después de ser violadas, tienen que volver a sufrir el calvario no solo del recuerdo, sino de la intransigencia de algunos jueces, alejados de la sociedad en la que viven y en la que deben impartir justicia.

Según Eurostat, con datos del año 2015, en España se denuncian 2,65 casos de violación por cada 100.000 habitantes. Un dato engañoso, porque por una parte, sitúa a España como un país con pocas denuncias. Por encima de Chipre, 2,36; Eslovenia, 2,04; Bulgaria, 1,65; Eslovaquia, 1,60; Grecia, 1,12; Serbia, 0,86; y Montenegro, 0,80. Y muy por debajo de las 62 violaciones denunciadas en Inglaterra y Gales, o las 57 de Suecia.

Engañoso, porque para los expertos hay más denuncias en los países que más respetan los derechos de la mujer. Es decir, hay menos casos que no se denuncian. Algo que en España todavía sucede bastante, y sentencias como la de “La Manada” no ayudará a corregir.

En los últimos diez años, en España se han producido 101.181 delitos contra la libertad y la identidad sexual, según las estadísticas del Ministerio del Interior. Un drama personal y social, que va en aumento y que necesita una respuesta institucional y social, porque los delitos son muchos más y no se denuncian.

¿Cuántas víctimas no denuncian por miedo? Muchas, muchas, muchas. Y eso, hay que cambiarlo. Acompañando, apoyando y ayudando a las víctimas, y persiguiendo y castigando a los culpables.

Casos como la sentencia de “la Manada”, y el comportamiento con la víctima en el juicio del magistrado, que posteriormente hizo el voto particular en la sentencia pidiendo la absolución de los acusados, hace más urgente aún la revisión total del sistema de acceso a la carrera judicial. El fin, una Justicia al servicio de la ciudadanía.

Un magistrado puede y debe interpretar la ley. Pero de ahí, a afirmar que en los videos grabados por los acusados donde se demuestra la violación, no hay nada, sino que solo observa a cinco varones y una mujer practicando «actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo», no solo es intolerable, sino que debe tener consecuencias.

La violencia sexual es una experiencia traumática. La sociedad en su conjunto, y especialmente sus instituciones, deben poner todos los medios necesarios para que no se produzca. Y entre ellos, de una vez por todas hay que educar en igualdad en los centros educativos. Cuando una persona sufre una violación, su vida cambia y hay que ayudarla, no culpabilizarla o cuestionarla.

acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento. Es decir, lo que piensa cualquier persona. Una violación, es una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación que hay que erradicar sin contemplaciones.

NO FUE ABUSO, FUE VIOLACIÓN. NO FUE ABUSO, FUE VIOLACIÓN.