Lo primero que hago cuando leo el periódico los domingos es irme a las últimas páginas del suplemento salmón. Hace cuatro años, las siete u ocho últimas páginas del suplemento de “economía y negocios” estaban repletas de ofertas de puestos de trabajo. Los últimos años apenas hay una página en las que se ofrecen seis u ocho empleos a lo sumo. A veces ni eso.

Me he hecho a la idea de que hasta que en dicho período (y en otros) no abunden de nuevo anuncios de trabajo, lo que digan los portavoces del gobierno sobre la superación de la crisis económica y laboral carecerá de fundamento y credibilidad. Por eso, cada vez que el gobierno anuncia a bombo y platillo crecimientos espectaculares del empleo, me lanzo con entusiasmo a las páginas finales del periódico, esperando que –esta vez sí– me pueda llevar una sincera alegría. Pero, de momento, nada.