Nadie tenía dudas de que los grandes problemas del siglo XXI son, hoy más que nunca, globales: el cambio climático, las migraciones, el capitalismo globalizado, el trabajo, … Pero si existía algún resquicio, la crisis sanitaria provocada por el coronavirus nos demuestra que somos globales, que no existen fronteras contra una pandemia, y que los problemas han dejado de ser locales para implicarnos a todos.

La humanidad entera está hoy bajo el riego del coronavirus, que no entiende de banderas, nacionalidades, lenguas, etnias o religiones. Hoy podríamos sentirnos más unidos que nunca, sentir lo que es la empatía humana, desarrollar conceptos universales.

Sin embargo, no es ese el camino escogido, sino que, a salto de mata, desconcertados ante un enemigo invisible, cada gobierno actúa como puede o considera mejor, sin ni siquiera una estrategia sanitaria común, y mucho menos, una estrategia económico-social para el día después.

La segunda mitad del siglo XX supuso la creación de instituciones europeas y de ámbito global con el fin de reforzar los vínculos políticos ante una economía globalizada. ¿Qué queda de ello? Lamentablemente, parece que instituciones como la ONU o el G20 se han quedado bloqueadas. Por no hablar de la Unión Europea, que arrastra fracaso tras fracaso en las salidas de las crisis, bien sea la crisis económica del 2008, la crisis de los refugiados, o la actual que estamos viviendo con el Covid-19.

Los gobiernos nacionales intentan dar respuestas sanitarias, sociales y económicas a esta situación sobrevenida, mediante ayudas, créditos, rentas, etc,.. Ahora bien, ¿dónde está Europa, la red de los derechos humanos, la invención política más importante de la humanidad, para garantizar un plan de recuperación posterior, para garantizar que existe un futuro colectivo?

Más de 200 personalidades, entre ellas Felipe González y J.L Rodríguez Zapatero, reclaman un liderazgo global al G20, la institución más representativa del poder económico y político del mundo. No habrá ocasión más propicia que esta crisis para construir una formación política global, capaz de ver más allá de sus propios intereses. La petición de estos firmantes se basa fundamentalmente en dos: trabajar por la salud de todos y apoyar a las economías más debilitadas.

¿Tendrá algún efecto positivo? De momento, la Unión Europea vuelve a fracasar, después de 16 horas de reunión, dividida entre el Norte y el Sur.

Sin duda, la recesión económica y los problemas laborales posteriores serán duros. Se habla de “economía de guerra” y se compara con la salida de la II Guerra Mundial o con la crisis del 2008. En mi opinión, no es la expresión más acertada, y existen algunas diferencias:

  • Después de la II Guerra Mundial, la pérdida de víctimas fue elevadísima, y la destrucción del corazón de Europa prácticamente total. Afortunadamente, no he vivido una guerra, y no quiero ni imaginar esa posibilidad.

Cuando salgamos de nuestras casas, las ciudades estarán ahí, con sus calles, sus comercios, sus infraestructuras, … La ciudad espera que sus ciudadanos la habiten de nuevo.

Nuestra ventaja a considerar es que no hay destrucción a reconstruir, que podremos levantar las persianas de los negocios, que existirán las calles, los paseos, los jardines, y eso dará lugar a muchas posibilidades.

  • Tampoco es similar a la crisis del 2008, porque esta fue una crisis económica, financiera, mientras que la actual es una crisis sanitaria que arrastra a la economía. Lo que sí es cierto es que, es que en el último trimestre del 2019 se advertía de una nueva recesión económica, de una nueva contracción de crisis económica.

La receta no puede ser la utilizada en 2008 de austeridad, porque aquí lo que se necesitará será reactivar todas las vías de la economía, con la finalidad de generar trabajo y producción de nuevo (ojo con la miopía de la destrucción consumista).

El problema es que la salida del coronavirus no será global, es decir, no todos los países saldrán al mismo tiempo, por lo que inicialmente, la recuperación de la economía será nacional, de consumo interno, de producción nacional. Paradójicamente, la economía no podrá dar una respuesta global al unísono.

  • Después de la II Guerra Mundial, el mundo quedó dividido en dos bloques. Con una clara dominación política y económica de EEUU. La creación de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 determinaron el nuevo orden económico mundial, con decisiones como la creación del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la posterior creación de la Comunidad Económica Europea.

En 2008, Europa y EEUU tomaron rumbos diferentes ante la crisis financiera; en mi opinión, Europa se equivocó claramente con la austeridad extrema.

Sin embargo, no parece que, ahora mismo, sea EEUU quien esté mejor capacitado para liderar una nueva salida económico-política.

¿Reforzará esta crisis el papel de liderazgo de China? ¿Qué implicaciones tendrá ello para las instituciones democráticas europeas, y sobre todo, para sus valores éticos, claramente debilitados?

Las circunstancias no son las mismas. Pero el futuro está claramente por escribir, lo que supone siempre oportunidades. Quizás exista la fisura donde replantearse abiertamente que la ruta marcada antes del coronavirus no era la solución para los problemas graves de desigualdad creciente del capitalismo globalizado.

Si no aprendemos algo ahora, si no se retoman soluciones nuevas e imaginativas (como diría Marcuse, “la imaginación al poder”), con la salida de esta pandemia se reproducirán los problemas endémicos de la destrucción del planeta y de la desigualdad entre los seres humanos.

En lo que sí hay claramente parecidos, entre lo vivido en las crisis anteriores y la actuales, es que la política vuelve a ser clave para enderezar esta situación. Cuando la economía va bien, nadie se preocupa de quién y cómo gobierna. Pero en situaciones de penuria y angustia, la ciudadanía vuelve sus ojos al Estado, para que este y sus gobernantes resuelvan la situación.

Aquellos que defienden el Estado mínimo, las privatizaciones, la debilidad de los derechos sociales, la libertad económica frente a cualquier cosa, no son hoy quienes pueden aportar algo nuevo.

Una vez más, cuando llega la reconstrucción, se necesita una dirección política, una economía de Estado, ¿Keynes globalizado?, … en definitiva, liderazgo y acuerdos.

 

Fotografía: Carmen Barrios