“Habla el presidente de la mesa electoral número catorce, estoy muy preocupado, algo francamente extraño está sucediendo aquí, hasta el momento no ha aparecido ni un solo elector a votar…”

Esta escena de Ensayo sobre la Lucidez, de José Saramago, no ha ocurrido en España, aunque parece que es lo que desean los que han bloqueado la investidura de quien ganó las elecciones. Pero el cansancio de los ciudadanos ya ha hecho que la web del Instituto Nacional de Estadística, que tramita las peticiones para no recibir propaganda electoral haya tenido problemas ante el gran número de peticiones. Más de 112.000 en pocos días, lo que finalmente hará que el número sea mucho mayor.

¿Qué está pasando? Que los ciudadanos quieren que se les escuche, se les respete y se les haga caso.

El 28 de abril de este año, siete millones y medio de españoles decidieron con su voto que el PSOE se encargara de gobernar España durante los próximos cuatro años. Desgraciadamente, los partidos políticos que perdieron esas elecciones no han escuchado el mandato de los ciudadanos en las urnas, y tampoco han asumido el resultado de sus partidos en esas elecciones y el nuevo papel político que los españoles les dieron, para los próximos años.

Estas negaciones de la realidad llevan de nuevo a nuestro país a unas elecciones generales, las cuartas en cuatro años. Y al mismo tiempo, muestran a las claras tres cosas. La primera, la mediocridad de unas fuerzas políticas de la oposición, o mejor dicho de sus líderes, que no pudiendo ser alternativa de gobierno, siguen anteponiendo sus interés particulares y personales, sobre el interés general. Anteponen el bloqueo de España al bienestar de los españoles.

Un camino peligroso, que deteriora gravemente la democracia en España, como así refleja, una encuesta del diario EL PAIS, donde ante la pregunta: Pensando en lo sucedido en los últimos meses ¿ha variado tu opinión sobre el funcionamiento de la democracia en nuestro país? Un 54 por ciento de los encuestados afirma que ha empeorado el funcionamiento de la democracia.

La segunda, el hartazgo de los ciudadanos después de cinco meses donde no se ha podido formar gobierno. La población decidió que quería un gobierno cuya agenda estuviera marcada por el objetivo de aumentar el bienestar y los derechos de los habitantes de este país.

Y no se ha podido llevar a cabo por la intransigencia de los perdedores en las urnas. Una intransigencia que pagarán en votos. En la encuesta citada anteriormente, un 51,5 por ciento de los encuestados valora muy mal la repetición de las elecciones generales. Un 35,7 de los encuestados están decepcionados, un 33,9 por ciento se sienten estafados y un 22 por ciento preocupados.

La tercera, la necesaria reforma legal, para que este tipo de bloqueos irresponsables no se puedan volver a dar. La democracia tiene que poder defenderse, y eso hoy significa modificar el artículo 99 de la Constitución, para que pueda haber gobierno. No se puede depender de la mediocridad de unos líderes de la oposición que nos llevaron a votar en abril al no dejar que se aprobaran los Presupuestos Generales del Estado, que nos llevan otra vez a votar en noviembre; pero si no les gusta el resultado a lo mejor pretenden que votemos de nuevo en febrero, y en mayo y así hasta que el resultado sea el que ellos pretenden.

La democracia debe defenderse de quienes la deterioran y pretenden acabar con ella. La democracia es voto y también es gobierno. El ejemplo se tiene en los ayuntamientos, donde el día de constitución del pleno, si no hay una mayoría alternativa, sale elegido alcalde o alcaldesa el candidato más votado.

La posición irresponsable de los partidos de la oposición puede poner en riesgo la situación económica, social y política en España. Los ciudadanos se sienten engañados y hartos. Esperemos que el enfado y la indignación que ha provocado el bloqueo en estos meses y la nueva convocatoria electoral en noviembre se transforme en movilización y en unas urnas repletas de votos por la igualdad, de votos por la libertad y de votos por la justicia social, que representa el PSOE.

La desmovilización favorece a los que no quieren libertad, igualdad y justicia social. Y si alguien tiene dudas que se lo pregunten a los estadounidenses o a los británicos.

Enero de 2020: “Habla un ciudadano español que votó otra vez el 10 de noviembre de 2019, estoy muy emocionado, algo francamente extraño está sucediendo aquí, hay un gobierno estable y, por el momento, los líderes de la oposición han cambiado su posición de bloqueo por el dialogo ante el apoyo mayoritario al PSOE en las urnas”.