Sinceramente no creía que llegaríamos a unas nuevas elecciones. Pero, de nuevo, la ciudadanía española ha de emitir su voto. Y debe hacerlo, pese al enfado, porque ni la ausencia ni la abstención servirá de nada, salvo para debilitar a la democracia, que ya tiene bastantes enemigos, y cuyo principal aliado es justamente el voto.

¿Quién tiene la culpa de unas nuevas elecciones? Evidentemente todos de una u otra manera. El PP podía haber ejercido la abstención en un ejercicio de responsabilidad, como al PSOE se le exigió en su momento y que le costó un cisma interno, pero el PP no entiende de corresponsabilidad ni tampoco se le ha exigido. Ciudadanos ha perdido el norte, porque surgió con una labor definida: combatir la corrupción y ser un partido de centro liberal, pero hoy ha quedado muy lejos de esa posición, generando confusión entre su propia militancia. Unidas Podemos ha vuelto a medir mal sus fuerzas; con un hiperliderazgo excesivo, con unos modos altaneros, con la superioridad de creerse la izquierda única y pura, han perdido la oportunidad de formar un gobierno progresista. Evidentemente, también el PSOE tiene su parte de culpa para llegar hasta aquí; sin embargo, opino que Pedro Sánchez tenía, sobre todo, la responsabilidad de ofrecer un gobierno sólido al país, y ha sido consciente de que eso resultaba imposible.

Tres son los factores principales que lo han impedido. En primer lugar, el gobierno de coalición suponía para Unidas Podemos dos gobiernos a la vez, dos cabezas, dos grupos de ministros, dos formas de ejercer la política. Y eso resulta inviable. Aunque Pablo Iglesias se hubiera sacrificado a estar en el gobierno, la realidad es que no asumían una coherencia de gobierno, primando la desconfianza, la sospecha y la permanente vigilancia a la labor de los socialistas.

En segundo lugar, además del acuerdo programático, existen otros factores que dinamitaban el consenso, por ejemplo, Catalunya.

Y, en tercer lugar, y no menos importante, es saber a quién representa Pablo Iglesias. ¿A todo el conjunto de Unidas Podemos? ¿También en cada territorio? ¿A todas las voces plurales? Y eso se está viendo ahora mismo con la aparición de Errejón en la escena nacional. En menos de 24 horas, ha comenzado a recibir apoyos que hacen tambalear el liderazgo de Pablo Iglesias y la menguante presencia de Unidas Podemos.

Hay algo que Unidas Podemos, su dirección y su líder están haciendo mal desde hace tiempo cuando, en vez de estabilizarse, siguen perdiendo apoyos.

Independientemente de lo que digan las encuestas (porque lo único que servirá será los resultados finales), sí podemos hacer unos pronósticos:

  • Que no todo volverá a ser igual, porque aparece en escena un nuevo partido (Errejón), y porque quien apareció la vez pasada (Vox) ha perdido fuelle.
  • El PP intenta “refundarse” con el España suma, metiendo en un mismo saco a Ciudadanos y a Vox, que deberían resultar incompatibles, aunque ya se ve que el poder hace extraños e interesados aliados.
  • Los dos partidos que surgieron como novedad, Ciudadanos y Unidas Podemos, han envejecido a marchas forzadas. Ambos son los que tienen la mayor inestabilidad, la campaña más difícil pues no saben bien quiénes son amigos y quiénes opositores.
  • No hemos de olvidar que estos dos partidos, Ciudadanos y Unidas Podemos, se debilitan por su propia incoherencia. Ambos surgieron para hacer una política diferente, para terminar con el bipartidismo, para hablar en otro lenguaje. Y han sido los dos partidos más intransigentes, más incapaces de encontrar espacios de diálogo, y que más han crispado la vida social sin aportar soluciones.
  • No hay bipartidismo, pero como apuntaba Eduardo Madina, hay “bibloquismo”. Y esto tiene sus ventajas y desventajas. Como ventaja, el hecho de que exista una amplia oferta de partidos hace que el electorado pueda precisar más su voto y estar más cómodo con el partido escogido, lo que no significa un posterior entendimiento (como ya hemos visto). Y como desventaja, es esta inestabilidad de formar gobierno a la que nos estamos viendo sometidos. Es el momento de replantear con seriedad la reforma de la ley electoral. No podemos seguir “bloqueando” gobiernos que necesitan mayorías en el parlamento.

Hemos de ejercer el voto. No podemos abstenernos. La democracia nunca es inútil ni está de más. Puede ser más económica con menos propaganda y recursos, con una campaña más corta (como así se va a hacer), con menos “indigestión” preelectoral. Pero seguimos necesitando a la democracia para que la política tenga sentido.

Y hoy más que nunca deberíamos reforzar esa idea. Cuando la democracia y el parlamento han conseguido sacar al dictador Franco del Valle de los Caídos. La democracia española ha dado un paso más, ha hecho historia, se ha reconciliado con su pasado.

Respecto a Franco, creo que España es tremendamente generosa dejando que sea enterrado en el panteón familiar de Mingorrubio, donde está su mujer, sus ministros, sus amigos, los fascistas. Ya hubieran querido las víctimas estar enterradas junto a los suyos. Es una decisión tremendamente generosa.

Resulta irónico oír  a la familia o a Vox hablar de los derechos que se vulneran. ¿Derechos? ¿Conocen acaso lo que significa ese honorable término?

En fin, no dejemos las urnas vacías porque la política ha demostrado hoy que, democráticamente, sabe hacer sus deberes.