La agenda política ha cambiado sustancialmente en España en cuestión de pocos días. Hay momentos críticos que se pueden convertir en puntos de inflexión en la evolución política de un país o de una sociedad, y esta posibilidad es la que ha abierto el PSOE el pasado viernes. Frente a agonía, cambio. Frente a corrupción, dignidad. Frente a inacción, responsabilidad. Frente a resignación, iniciativa. Y todo ello, pensando en un proyecto de país que permita avances para una mayoría social.

La sentencia de la Gürtel condena al PP y señala que Rajoy no es creíble. Malversación, blanqueo, cohecho, corrupción. 351 años de cárcel. 29 condenados. Dos días antes, Zaplana detenido y acusado de formar parte de un grupo criminal. Y antes Rato, Ignacio González, Matas, Granados y tantos otros. Dirigieron el país durante años, y se sentaban con Rajoy en la dirección del PP y en el consejo de ministros. El PP ganaba elecciones con esa estructura de corrupción.

Durante años nos despertamos con la corrupción del PP, y nos decían que había que esperar a los tribunales. Ahora, la sentencia de la trama Gürtel es demoledora e inequívoca: constata un sistema de corrupción institucionalizada y refleja el modelo político de la derecha.

Los ciudadanos merecemos algo mejor, y la Constitución reconoce la moción de censura como la vía para designar un nuevo presidente. Estamos hablando por lo tanto de una senda legítima que mantiene el respeto a la voluntad de los electores y también al propio marco constitucional, que en un sistema parlamentario asume que es el Legislativo el que decide quién ocupa el Ejecutivo en cada circunstancia.

Frente al relato perverso y cínico que trata de imponer la derecha, es necesario un cambio que oxigene la vida política y desarrolle un proyecto de progreso que llegue a la mayoría de la ciudadanía.

Los socialistas hemos gobernado este país y podemos estar orgullosos de la modernización que promovimos en España. Con el PP fuera del gobierno, desde la izquierda afrontaremos los problemas que existen en el país, que no son menores, y garantizaremos nuestra prioridad social en materias como educación, pensiones, sanidad y bienestar. Se trata de aprovechar el crecimiento económico para impulsar el bienestar social, la masa salarial y el empleo digno. Y esto se puede hacer a la vez que se defiende la soberanía nacional y el estado de derecho, y con sensibilidad a la diversidad y pluralidad de España dentro del marco constitucional.

A pesar de que los conservadores pretenden extender dudas sobre nuestro compromiso con el marco constitucional en lo que atañe a la cuestión catalana, pese a que los socialistas hemos garantizado el imperio de la ley a través de la aplicación del artículo 155, de lo que estamos hablando es de quién ocupa el gobierno y quién la oposición: del planteamiento de un Partido Socialista en el gobierno que mantendría su adhesión a la Constitución y un Partido Popular al que correspondería mostrar su lealtad a un gobierno de izquierdas y a la propia Carta Magna para respaldar aquellos mecanismos que fuesen necesarios si en algún momento se producen hechos que cuestionen las normas fundamentales.

Hace justamente dos años hemos tenido las segundas elecciones generales consecutivas, de modo que no existe una demanda social de nuevos comicios. La demanda extendida se enfoca hacia la regeneración política, mientras aumenta la sensación de cansancio con los niveles de corrupción existentes en el PP. Es por eso que el debate sobre la cita electoral no debe ser el prioritario, aunque contemplemos que éstas deben producirse cuando la aritmética parlamentaria así lo aconseje; puesto que el sistema establece que la Cámara tiene una vigencia de cuatro años y la vía para poner freno a la corrupción del actual Gobierno debe ser el cambio. La prioridad es, por lo tanto, la regeneración política del sistema y un cambio que promueva políticas de progreso para una mayoría, que permita aprovechar las oportunidades de crecimiento económico para las políticas de bienestar a las que tanto hemos contribuido y que con la derecha experimentan retrocesos inadmisibles.

En política no hay soluciones perfectas, pero corresponde tener la capacidad de elegir en cada circunstancia aquello que más conviene a un país. Los ciudadanos nos jugamos si el PP mantiene su inacción y su agonía política, sin iniciativa, y se mantiene tras la contundente sentencia judicial de la Gürtel al frente del país. Frente a ello, creemos que un cambio político es imprescindible y que un gobierno socialista constituye la única vía posible para revitalizar la política en España y para invertir la senda de retrocesos y corrupción que ha caracterizado al PP.

La dirección federal del PSOE y Pedro Sánchez han contado con un respaldo unánime del Comité Federal. Algo hemos aprendido, porque las líneas rojas que la derecha nos quiere imponer no pueden implicar una senda política que nos cierre las puertas a ejercer nuestra responsabilidad o a dejar de intentar gobernar cuando sea posible.

El cambio es necesario, es una responsabilidad. La abstención o el no a la moción de censura son sinónimos de apoyo a la corrupción del PP y a permitir dos años de legislatura perdidos. Y los socialistas tenemos que actuar sin complejos, porque somos una organización de gobierno y nuestra vocación es gobernar.

El planteamiento de la moción de censura no implicará ninguna concesión que vaya más allá de lo que es nuestro proyecto para el país, pero sí habrá que tener capacidad de diálogo y de acuerdo, y habilidad en las cuestiones estratégicas, para conseguir trasladar a una mayoría parlamentaria lo que reclaman una mayoría de progresistas a lo largo y ancho del país.

Es importante para el país que esta moción de censura salga adelante. Los votos de los diputados lo decidirán en poco tiempo, pero en todo caso el Partido Socialista está haciendo lo que tiene que hacer: plantear una alternativa de cambio y progreso, por dignidad y por responsabilidad, que muestra nuestra vocación de gobierno sin complejos. Porque no nos podemos replegar a cumplir el relato que la derecha quiere escribir en la sociedad española y que implicaría una dejación de nuestras funciones.

La coalición social en la que se basa la derecha para mantener el gobierno y el control político en la sociedad española percibe esta moción de censura con un nivel de alto riesgo para ellos y para el tipo de políticas que están aplicando. Por eso no nos podíamos resignar y teníamos que mover ficha frente a un modelo que es perverso para la izquierda y para la clase trabajadora del país.

Si la moción de censura no sale adelante, estaremos sembrando en la buena dirección, porque estamos llevando la iniciativa política en un sentido que la derecha y los conservadores no controlan. Eso es hacer política, buena política: trasladar las preocupaciones de la ciudadanía a la agenda política del país, negando a los sectores conservadores la facultad de ser los únicos que pueden establecer el relato político de nuestra sociedad.

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Gonzalo Caballero es Secretario General del PSdeG-PSOE.