De esta forma respondía el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, al ministro neerlandés de Finanzas, que sugirió investigar por qué algunos países no disponen de margen presupuestario para afrontar la crisis del coronavirus cuando la zona euro lleva siete años de crecimiento. Concretamente, Costa señalaba: “Ese discurso es repugnante en el marco de la Unión Europea. Esa es la expresión adecuada: re-pug-nan-te, porque no estamos dispuestos a volver a oír a ministros de Finanzas holandeses como ya oímos en 2008, 2009, 2010 y años consecutivos”; “Es hora de comprender a todos”; “Si no nos respetamos todos, los unos a los otros, y si no comprendemos que ante un desafío común tenemos que responder en común entonces nadie ha comprendido lo que es la Unión Europea”.

La desconfianza que existe entre los países de la Unión Europea tras una década de imposición de austeridad, que maltrató a millones de ciudadanos de algunos países europeos, es evidente. Por eso, o en estos momentos las instituciones europeas se ocupan de los ciudadanos, de salvar sus vidas y sus necesidades, o el potencial de ruptura de la UE es tan fuerte que el desmembramiento la de zona euro es una posibilidad más que real.

O dicho de manera más clara, si los millones de europeos que estas confinados en sus casas, viendo como miles de ciudadanos mueren, vuelven a sentirse abandonos, como en la crisis anterior, la Unión Europea habrá muerto.

Pero además, el sentimiento de desilusión hará crecer, en algunos casos, y en otros despertar un sentimiento antieuropeo que afectará a cada uno de los sistemas democráticos de los países que hoy forman la UE. Se producirá un debilitamiento democrático en cada país difícil de cuantificar, pero que irá acompañado de un fuerte incremento de apoyo a las formaciones populistas, que propondrán un importante repliegue identitario-nacionalista.

Se ha perdido otra oportunidad en la última reunión de jefes de Estado. Dentro de quince días, hay otra. Y esperemos por el bien de los europeos, de sus vidas y de su bienestar que se produzca una respuesta unificada y eficaz. Esperemos que Alemania y los Países Bajos, entre otros, entren en razón antes de que se vean más afectados sus ciudadanos por el coronavirus.

Entre tanto, muchos europeos se ven reflejados en las palabras del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, cuando dijo NO: “No, Charles. Así es inaceptable. No puedo aceptar un lenguaje vago y hablar de varias semanas cuando mi país tiene la emergencia sanitaria que tiene. Si no proponemos ahora una respuesta unificada, potente y eficaz a esta crisis económica, no solo el impacto será más duro, sino que sus efectos durarán más tiempo y estaremos poniendo en peligro todo el proyecto europeo; No se pueden cometer los mismos errores de la crisis financiera de 2008, que sembraron semillas de desafección y división con el proyecto europeo y provocaron el ascenso del populismo. Debemos aprender esa lección«.

Un día antes de la reunión de los Jefes de Estado, el 26 de marzo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen en la sesión plenaria del Parlamento Europeo sobre la respuesta coordinada europea al brote de la COVID-19 decía las siguientes palabras:

  • “Una crisis sin fronteras no puede resolverse erigiendo barreras entre nosotros. Sin embargo, ese fue exactamente el primer reflejo de muchos países europeos. No tiene ningún sentido porque no hay ni un solo Estado miembro que pueda satisfacer sus propias necesidades cuando se trata de suministros y equipos médicos vitales. Ni uno solo”.
  • Los ciudadanos, “también recordarán quién estuvo ahí para ayudarles y quién no. Recordarán a quienes hicieron algo y a quienes no hicieron nada. Y recordarán las decisiones que tomemos hoy y las que no tomemos”.
  • “Hoy un enemigo invisible pone a prueba los valores fundamentales de nuestra Unión. Una vez más, tenemos que poder confiar mutuamente entre nosotros. Una vez más, tenemos que volver a ayudarnos unos a otros en estos difíciles momentos. Nuestra obligación y nuestra prioridad son ahora, en primera instancia, salvar las vidas y los medios de subsistencia de las europeas y los europeos. Pero llegará el día, y espero que en un futuro no muy lejano, en que tendremos que mirar hacia adelante y fraguar entre todos la recuperación”.
  • “Nos encontramos ante una encrucijada. ¿Nos dividirá este virus definitivamente entre ricos y pobres? ¿Entre los que tienen mucho y los que no tienen nada? ¿O nos mantendremos como un continente sólido, como un interlocutor serio en la escena mundial? ¿Podremos incluso salir fortalecidos de esta situación? Ante la crisis, ¿serán nuestras comunidades capaces de unirse más, podrán nuestras democracias ganar en estimación?”.

Como diría un castizo, que se aplique el cuento. Si la respuesta a sus preguntas es no nos dividirá entre ricos y pobres, y entre los que tienen mucho y los que no tienen nada. Si la respuesta a sus preguntas es que nos mantendremos unidos y nos fortaleceremos. Entonces, su papel como presidenta de la Comisión Europea, es crucial. Debe actuar ya, en lugar de permanecer en silencio en la próxima reunión de jefes de Estado.

Es alemana, pero sobre todo europea. Y su lealtad y sus acciones tienen que estar con cada uno de los ciudadanos europeos y no con la presidenta del Gobierno de su país de origen.