Todo lo digital está teniendo una irrupción tan rápida en nuestras vidas, que su avance y consolidación se está produciendo sin que exista un debate público sobre sus consecuencias, ni tampoco sobre los límites y la utilización de las nuevas tecnologías. Este hecho, es preocupante porque la población no reflexiona, debate y decide sobre el modelo de sociedad donde desea vivir y hasta donde deben llegar los avances tecnológicos y con qué fin.

Nos dejamos llevar sin freno. El uso de las redes sociales no para de crecer en el mundo. 3.805 millones de personas, un 49 por ciento de la población mundial las utilizan, lo que significa un aumento del 9,2 por ciento en relación al año 2019.

España no es menos: 29 millones de españoles utilizan diariamente las redes sociales y pasan cinco horas y 41 minutos al día navegando en Internet, según el informe Digital en 2020, elaborado por Hootsuite y We Are Social. Por canales, YouTube sigue siendo la red social más usada por los españoles con un 89 por ciento; seguida de WhatsApp, un 86 por ciento; Facebook, un 79 por ciento; Instagram, un 65 por ciento; y Twitter, un 53 por ciento.

Las preocupaciones sobre la seguridad de los datos personales es algo importante para los españoles, al 73 por ciento le preocupa cómo las compañías pueden utilizar sus datos personales, al 68 por ciento le interesa saber si la información que ven en Internet es verdadera o falsa y un 57 por ciento ha borrado las cookies de cualquier dispositivo en el último mes.

Pero la ausencia, en la esfera pública e institucional, de un debate y de posteriores decisiones colectivas sobre el camino a seguir, hace que se esté asistiendo al surgimiento de una nueva era digital de hechos consumados, que ha dado lugar a lo que se puede denominar un far west digital. Donde las reglas, si es que existen, llegan después de los hechos, y los abusos están a la orden del día. Ya sean estos cometidos por unas compañías tecnológicas que son las que imponen sus intereses ante la ausencia de reglas; o por unos ciudadanos que utilizan a su antojo las nuevas herramientas digitales que ahora tienen en sus manos.

Afortunadamente, poco a poco, los tribunales van poniendo límites a distintos abusos. Entre ellos, hay que destacar como en las últimas semanas dos sentencias han establecido jurisprudencia sobre la utilización de imágenes en las redes sociales.

En el primer caso, el Tribunal Supremo considera que comete un delito de descubrimiento y revelación de secretos quien difunde imágenes obtenidas con el permiso de la víctima que afectan gravemente a su intimidad. El tribunal, en esta sentencia, confirma la condena al pago de una multa de 1.080 euros impuesta a un hombre que envió desde su teléfono móvil una foto de una amiga desnuda, que previamente ella misma le había enviado, al compañero sentimental de ésta sin su consentimiento.

En esta sentencia, el tribunal se pronuncia por primera vez sobre el artículo 197.7 del Código Penal, introducido tras la reforma de 2015. Dicho artículo establece que se castigará con una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses al que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquélla que hubiera obtenido con su anuencia en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de la mirada de terceros, cuando la divulgación menoscabe gravemente la intimidad personal de esa persona.

En este sentido, la sentencia menciona que “la sociedad no puede permanecer indiferente a la difusión intencionada de imágenes conectadas a la intimidad y que, una vez incorporada a una red social, multiplican exponencialmente el daño generado a la intimidad de una persona que sólo concebía un destinatario para su visión”.

En el segundo caso, el Tribunal Supremo establece en una sentencia que publicar en un periódico la fotografía de una persona sacada de su cuenta de Facebook exige su consentimiento expreso, ya que lo contrario supone una intromisión ilegítima en su derecho a la propia imagen. Concretamente afirma:

  • “Que en la cuenta abierta en una red social en Internet, el titular del perfil haya “subido” una fotografía suya que sea accesible al público en general, no autoriza a un tercero a reproducirla en un medio de comunicación sin el consentimiento del titular…La finalidad de una cuenta abierta en una red social en Internet es la comunicación de su titular con terceros y la posibilidad de que esos terceros puedan tener acceso al contenido de esa cuenta e interactuar con su titular, pero no que pueda publicarse la imagen del titular de la cuenta en un medio de comunicación”.
  • “el consentimiento del titular de la imagen para que el público en general, o un determinado número de personas, pueda ver su fotografía en un blog o en una cuenta abierta en la web de una red social no conlleva la autorización para hacer uso de esa fotografía y publicarla o divulgarla de una forma distinta, pues no constituye el «consentimiento expreso» que prevé el art. 2.2 de la Ley Orgánica 1/1982 (de protección de derecho al honor y la propia imagen) como excluyente de la ilicitud de la captación, reproducción o publicación de la imagen de una persona. Aunque este precepto legal, en la interpretación dada por la jurisprudencia, no requiere que sea un consentimiento formal (por ejemplo, dado por escrito), sí exige que se trate de un consentimiento inequívoco, como el que se deduce de actos o conductas de inequívoca significación, no ambiguas ni dudosas”.
  • “Tener una cuenta o perfil en una red social en Internet, en la que cualquier persona puede acceder a la fotografía del titular de esa cuenta, supone que el acceso a esa fotografía por parte de terceros es lícito, pues está autorizada por el titular de la imagen…Pero no supone que quede excluida del ámbito protegido por el derecho a la propia imagen la facultad de impedir la publicación de su imagen por parte de terceros, que siguen necesitando del consentimiento expreso del titular para poder publicar su imagen”.

Dos pasos importantes para proteger la intimidad de las personas frente a la inmediatez y la difusión que pueden llegar a tener las redes sociales. Dos pasos importantes, porque la sociedad no puede permanecer indiferente.