Las últimas actuaciones del Partido Popular nos enseñan una senda muy preocupante para la democracia española. En las sesiones de control parlamentario, en sus relaciones con Ciudadanos y con Vox, en la acción de gobierno de las Comunidades Autónomas donde tienen mayoría, el Partido Popular está empezando a actuar como partido antisistema, que no ofrece alternativas a los ciudadanos, que es lo contrario de lo que debe hacer un partido de oposición que aspira a ocupar el Gobierno.

En las Cortes Generales, especialmente en el Congreso de los Diputados, el Partido Popular, a través de su presidente Casado y de su Portavoz Álvarez de Toledo, ha abandonado la política de oposición-alternativa que le permite, llegado el momento, ganar las elecciones y sustituir al Gobierno. Para ganar las elecciones y retornar al Gobierno, un partido necesita que se cumplan dos condiciones, a saber, dirigirse a franjas de centro de los ciudadanos y ofrecer alternativas sensatas a los grandes problemas de un país. Sin esas dos condiciones, un partido de oposición tiene muy difícil situarse ante los ciudadanos como alternativa potente al partido o partidos que gobiernan. Pero la política parlamentaria del Partido Popular parece buscar lo contrario. Por un lado, el presidente del partido, Casado, se ha deslizado otra vez (una vez más) a la extrema derecha y participa en unas sesiones de control con torno apocalíptico. ¿De verdad alguien se cree que el Gobierno ha quebrantado el consenso constitucional y se está instaurando un nuevo régimen? ¿Alguien puede creer que por sentarse en una mesa de diálogo con los independentistas se rompe España? Pero Casado está catastrofista y cualquier iniciativa del Gobierno es vista como un peligro y como un riesgo. Y si Casado se desliza por el catastrofismo, su Portavoz en el Congreso no es que se deslice, es que actúa como una pirómana, con una antorcha en cada mano y va provocando incendios. Para los extremistas de la derecha, la Diputada Álvarez de Toledo causa regocijo y se sienten representados por una persona agresiva, sin mesura ni tiento, que agrede cada vez que habla. Pero ni Casado y Álvarez de Toledo representan al centro y provocan que mucho elector de centro se distancie de un partido cada vez más provocador en su lenguaje.

El segundo factor que aleja al Partido Popular del Gobierno es su alaiunza sólo a medias confesada con Vox. Todo el mundo ve que en Madrid (Comunidad y Ayuntamiento), en Andalucía y en la Región de Murcia Vox tira del ronzal del Partido Popular, junto a Ciudadanos. El tema es muy grave, porque tras cuarenta y tres años de democracia el franquismo sociológico estaba oculto en el Partido Popular precisamente porque ya era muy minoritario en una sociedad democrática, abierta y tolerante. Pero ese núcleo reducido de la extrema derecha identificada con la dictadura franquista ha salido de sus cuevas y subterráneos y ahora se pasea por Madrid, por Sevilla y por Murcia imponiendo su ideología antidemocrática. Y el Partido Popular es quien ha sacado a pasear a la extrema derecha. El tema es muy grave, porque en cierto modo viene a rehabilitar a la dictadura y además impone a la sociedad española unos hábitos, una visión que creíamos superados. Por eso hay mucho elector conservador que huye del Partido Popular y no sabe a dónde dirigirse para buscar una referencia conservadora pero democrática.

En tercer lugar, en esa caída al abismo, el Partido Popular empieza a actuar con sentido sectario hacia los suyos. Lo que ha ocurrido en el País Vasco es un ejemplo, prefieren ser una capillita que un partido moderno y democrático. En las elecciones vascas, aliado a otro partido triunfador como Ciudadanos, el Partido Popular se convertirá probablemente en un partido extra-parlamentario, representativo de una franja muy pequeña de la sociedad, Y no impedirá que la extrema derecha, sacada de la jaula donde dormitaba, se dirija hacia Vox, que quizá consiga escaños. Ya habrá tiempo de comentarlo dentro de un mes.

Todo esto está teniendo dos consecuencias muy serias para la vida democrática. Por un lado, el Partido Popular empieza a actuar y a ser identificado como un partido antisistema. Aunque a los dirigentes populares se les llena la boca en expresiones en defensa de la Constitución, la verdad es que cada vez más quieren desplazar a la Constitución en línea con sus aliados de Vox, lo que es muy preocupante en el principal partido de la oposición. En segundo lugar, España necesita una oposición integrada en el sistema, no una oposición antisistema y el Partido Popular puede empezar a no cumplir esta función por lo que el Gobierno pierde un interlocutor necesario.

Por eso no es de extrañar que las encuestas que van apareciendo señalen que incluso en Galicia el Partido Popular pierde la mayoría absoluta e incluso, en un sondeo reciente de Celeste-Tel para eldiario.es se apunte que Vox y Ciudadanos quedarían fuera del Parlamento, con lo que el Partido Popular no podría apoyarse en ningún partido para formar Gobierno.

El momento para el Partido Popular es crítico, porque tiene que optar por ser un partido de centro derecha o un partido extremista con el riesgo de ser superado por la extrema derecha genuina, que es Vox. No son procesos rápidos ni fáciles, pero conviene recordar que la Democracia Cristina alemana, con un competidor de ultraderecha similar, no ha entrado en la deriva del Partido Popular.