Resulta evidente que todavía es pronto para saber cómo se producirá la recuperación económica después de esta pandemia. Solo sabemos con certeza dos cuestiones: una, que viviremos una Gran Recesión producida por la parálisis de la economía mundial; dos, que la situación es inédita, pues ni se debe a guerras ni tampoco a crisis del propio sistema capitalista.

Los economistas hablan de diversas teorías de recuperación:

En forma de V: Habrá una recuperación tan rápida como la caída que ha habido.

En forma de U: Habrá un periodo de embalsamiento tras la caída, seguido de una recuperación rápida.

En forma W: Habrá una recuperación ficticia seguida de una nueva caída, que se recuperará rápidamente.

En forma de L: Habrá una recuperación muy lenta

En forma de símbolo de Nike: Habrá un recuperación lenta pero sostenida.

Sea cual sea la forma de la recuperación, lo que sí parece es que hay factores nuevos, tanto económicos como políticos, que van a propiciar, sobre todo: nuevas relaciones globales, nuevos hábitos de consumo, y un peso predominante de la política sobre la economía.

Efectivamente, este último elemento es posiblemente el esencial y será determinante en la recuperación económica. Por varias razones: una, porque en esta época concreta de crisis es la Política, los Estados, quienes están tomando decisiones de protección a las personas por encima de los beneficios económicos; dos, porque las personas miran hacia el Estado como protector de su supervivencia: no es el mercado quien va a proporcionar una salida, sino será la redistribución social; tres, porque la salida del confinamiento será una decisión política (aunque con marcado acento científico-técnico) tanto en la forma como en los tiempos, porque será “el Estado” quien controle el movimiento económico posterior, un hecho insólito en los tiempos que nos han precedido; y cuatro, el “sálvese quien pueda”, mensaje del liberalismo económico, no será útil en esta ocasión, sino que necesitamos inteligencia colectiva, colaboración social, comunidad solidaria de conocimiento.

Hemos de pensar que la salida al confinamiento no será global. No habrá un día y una hora en la que todo el mundo salga. Sino que se producirá de forma pausada, en unas localidades antes que en otras (ni siquiera por países), y unos negocios antes que otros. Esto requiere, por tanto, “organización social”, a la que deberá “someterse” el propio mercado.

La solución a esta crisis no vendrá de la competitividad, del individualismo, de la maximización de beneficios, porque todos estamos “contaminados”, porque la interdependencia es una seña de identidad de esta época. Por lo tanto, la cooperación internacional, la búsqueda colectiva de soluciones, el trabajo en común y en equipos, es decir, la inteligencia compartida será una nueva forma de hacer política.

¿Qué características diferentes podemos observar en la economía posterior?

  1. Sorprendentemente, se ha frenado la globalización económica. Y lo primero que se ve afectado, como en cada ciclo económico, es el trabajo, un concepto que está en permanente transición desde los años 70 del siglo XX. No habrá libre circulación de personas durante un largo periodo, lo que supondrá, para muchos sectores, la búsqueda del empleo nacional, local, o de proximidad. Se habla de sectores estratégicos como el turismo (hoteles, aviones, barcos, restauración y un largo etcétera), que serán los últimos en tener de nuevo un “mercado global”. Nuestros jóvenes están experimentando formas de empleo sucesivamente: desde el precariado, la flexibilidad, el internacionalismo, … y ¿ahora?
  2. Por el contrario, SÍ habrá (o debe haberlo) globalización del conocimiento, de la investigación, de la colaboración social, de las instituciones políticas. Porque las decisiones políticas deberán ser compartidas e igualmente planificadas (planes de ayuda, financiación a los Estados, fronteras, comercio, …). Estamos viviendo una crisis social global, pero también “encadenada”.
  3. Esta vez, no podemos confiar en “la mano invisible” o el laissez-faire económico, porque no habrá consumo abierto y libre. De la misma forma que se ha “frenado” radicalmente a la economía, la salida posterior será escalonada y controlada. La depresión económica afectará tanto a macroempresas como microempresas (pequeñas y autónomos). Nuestro sistema económico se basa en un consumo desmedido, donde la mayoría de las veces predomina la “cantidad” de objetos que se venden para obtener el beneficio. Pensemos en pequeños negocios (por ejemplo, cafeterías, bares, peluquerías, etc) cuyo beneficio suele estar en vender mucho a precio bajo. Ahora estarán obligados a menos clientela en el mismo recinto, por tanto, menos ingresos.
  4. Y, un cuarto elemento, en mi opinión, decisivo para el movimiento económico es el estado de ánimo. Posteriormente a una crisis económica, la recuperación se acompaña de dosis de consumo, de ganas de salir y de gastar. Pero la salida del confinamiento irá acompañada de miedo, prevención, prudencia, distanciamiento social, en definitiva, poca alegría para gastar. Normalmente, medimos el “consumo óptimo” por las multitudes, las aglomeraciones, las calles repletas, las grandes compras, los centros comerciales, …. Es decir, todo lo contrario a lo que viviremos durante el resto del 2020 (como mínimo).

No estamos hablando de una “reconstrucción”, porque no existe destrucción como tal. Ni tampoco serán posibles las medidas de austeridad que nos hagan pagar los platos rotos de una economía del despropósito como en 2008. Estamos ante algo inédito: una economía globalizada “congelada” de forma intencionada, cuya descongelación será lenta.

Por eso, hemos de “reinventar” una nueva economía. Porque los productos esenciales hoy son otros, porque el comercio será diferente, porque el ocio se dirigirá hacia otros ámbitos, porque las redes de comunicación tendrán un papel más preponderante si cabe, porque nuestras reuniones serán pequeñas, porque nuestra cotidianeidad no volverá de inmediato.

2020 escribirá una nueva forma de establecer las relaciones entre la política y la economía, unas nuevas relaciones sociales, un nuevo consumo de nuestro tiempo, oportunidades basadas en negocios diferentes y en la tecnología.

2020 supondrá también, para la inmensa mayoría, “un tiempo cero”, un tiempo “inexistente”. Muchas personas encontraron, de repente, tiempo libre; otras muchas, motivos de angustia por no saber cómo será el futuro de sus trabajos; y otras, la sensación de que la vida cotidiana se ha parado. Pero el tiempo no se detiene, y con él, descontamos los días vividos o malvividos. Porque muchas familias no podrán olvidar lo que ha supuesto esta pandemia. Será difícil que 2020 no sea un antes y un después.

Y, cuando salgamos de esta, no olvidemos a los que ya no nos acompañan.

 

Fotografía: Carmen Barrios