Cuando España está de luto oficial durante diez días, para rendir tributo a los más de 27.000 compatriotas fallecidos por el COVID-19, me entristece ver como de nuevo algunos partidos políticos de la oposición utilizan la bandera española, que es de todos, para provocar, dividir, e insultar.

Quieren polarizar la sociedad española, y algo están consiguiendo. Pero, esta vez, no les va a salir bien. Hay en la sociedad una nueva generación de españoles que entienden España y su bandera como un símbolo de futuro, de paz, de unidad y de progreso colectivo. Y no se la van a dejar arrebatar por ninguna ideología. ¿O sí?

Resulta chocante tener que recordar lo obvio, pero los símbolos nacionales, la bandera española, las banderas autonómicas, nos representan a todos y dan significado a una España que decidió a través del voto de sus ciudadanos constituirse en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Este, y no otro, es el significado de nuestras banderas.

Esos símbolos permiten construir un sentimiento de pertenencia al modelo de sociedad establecido en la Constitución, y que hay que hacer realidad en la vida de la gente. Por eso, es preciso normalizar su uso y educar en el respeto a los mismos desde la escuela. Enseñando a reconocer y valorar la sociedad plural en la que vivimos, y en la que conviven símbolos diversos, ya sean europeos, nacionales, autonómicos o locales.

En la sociedad española existen graves problemas de desigualdad que hay que resolver. Algunos se están empezando a solventar con nuevos derechos, como el ingreso mínimo vital, que sacará de la pobreza extrema a cientos de miles de niños españoles. Eso sí es patriotismo constitucional. Eso engrandece a España.

Con todos sus defectos, vivimos en una de las democracias más avanzadas del mundo. Y deberíamos sentirnos orgullos, como primer paso para conservarla y potenciarla.

Sí, orgullosos de nuestra democracia, de nuestros símbolos y de nuestras instituciones. Un orgullo impregnado de libertad, de igualdad y de fraternidad. Han pasado más de cuarenta años desde que tenemos Constitución, y continuamos con ciertos complejos que están siendo aprovechados para instrumentalizar cuestiones que son de todos.

Algo hay que mejorar cuando todavía, después de décadas de democracia, hay formaciones políticas que intentan utilizar la bandera, el himno o las fuerzas armadas, que son de todos, para polarizar la sociedad española. Se intentan utilizar para tirársela en la cabeza al de enfrente. Hay que superar esta realidad y enfocar el futuro de otra manera.

Respetar los símbolos que nos hemos dado, nuestros símbolos, es respetar una democracia que han ido construyendo los españoles durante tanto tiempo. Es respetarnos a nosotros mismos y al resto de los ciudadanos. Es respetar a personas que hoy ya no están, o nos han dejado recientemente por el coronavirus.

Pero antes, sabías que:

  • Ante la pregunta de hasta qué punto se siente usted orgulloso de ser español, un 39,7 por ciento declara que muy orgulloso; un 37,2 por ciento, que bastante orgulloso; un 11,2 por ciento, que poco orgulloso; y un 8,7 por ciento, que nada orgulloso, según datos del CIS del año 2017.
  • Ante la pregunta de cuál de las siguientes frases describe mejor lo que siente usted cuando ve la bandera española en un acto o ceremonia, un 22,4 por ciento siente una emoción muy fuerte; un 32,4 por ciento, siente algo de emoción; un 13,1 por ciento, siente muy poca emoción; y un 29,8 por ciento, no siente nada especial.
  • Ante la pregunta de qué siente cuando escucha el himno nacional, un 25 por ciento dice sentir una emoción muy fuerte; un 32,6 por ciento, algo de emoción; un 11,1 por ciento, muy poca emoción; y un 29 por ciento no siente nada especial.

Es nuestra responsabilidad individual y colectiva mostrar respeto por nuestros símbolos democráticos. Y hay que decir alto y claro que no hay que renunciar a ellos, porque significaría renunciar a parte de nuestra democracia y a nuestro modelo de convivencia.

 

Fotografía: Carmen Barrios