El 28 de septiembre de 2016, cuatro días antes del Comité Federal que acabó con la dimisión del secretario general del PSOE, escribí un artículo titulado EL PSOE DEBE RESPETARSE. En él afirmaba que si el PSOE continúa así, puede estar seguro que camina, con paso firme, primero a una irrelevancia cada vez mayor. Y segundo, si persiste en el empeño, hacia el mero recuerdo histórico en la historia de España. Eso sería una de las mayores tragedias que le puede ocurrir al maltrecho bienestar de los españoles, y también a España. Para evitarlo, serían buenos el diálogo, el acuerdo y la asunción de responsabilidades, como ocurre en todos los ámbitos de la vida, por parte de todos los protagonistas, en lugar de los conejos en la chistera, las ocurrencias, las intrigas y los certificados de limpieza de sangre socialista que algunos se quieren arrogar frente a los que no opinan como ellos.

Lamentablemente, el PSOE no se respetó mucho aquel día uno de octubre, y toda España pudo asistir en directo a un espectáculo lamentable que tardará tiempo en borrarse de la memoria de los españoles. Ahora, cuando ya se sabe que a finales de mayo los militantes del PSOE elegirán en primarias un nuevo secretario general, es momento de intentar no volver a repetir unos errores que pueden debilitar aún más a este partido. Es el momento de volver a repetir, que el PSOE debe respetarse.

Si, El PSOE debe respetarse. Y el PSOE debe despertar de una vez por todas y mirar al futuro. Un futuro que siempre se construye en el presente. Y en este presente que nos ha tocado vivir, hay que recordar lo obvio: cada militante, libremente, puede apoyar a cualquier precandidato a las primarias o a ninguno. Pero lo que no puede olvidar nunca es la fraternidad que siempre debe existir entre  personas que, por voluntad propia, un día decidieron afiliarse a este partido político.

Negar la compleja situación del PSOE, la desafección externa e interna, y la tensión entre la militancia es negar la realidad. Y con ello, la posibilidad de reconstruir la unidad interna necesaria para recuperar una mayoría social, que en las próximas elecciones se convierta en una mayoría política que permita gobernar.

El PSOE debe reivindicar su identidad propia. Y para conseguirlo no ayudan los insultos, las descalificaciones hacia aquellos militantes que no opinan como tú o que no apoyan a quien tú apoyas. Las redes sociales, que deberían servir como vehículo para el debate ideológico, se están convirtiendo en una cloaca, en la que parece existir una carrera para ver quien vomita más bilis contra un “compañero o compañera”.

Esto es grave, pero lo es aún más cuando quien contribuye a la trifulca, como destacado pendenciero, es alguien que ostenta responsabilidades orgánicas y/o institucionales. A todos hay que pedirles mesura, pero a los que tienen cargos orgánicos e institucionales hay que exigirles responsabilidades, si contribuyen con su conducta a enlodazar un proceso democrático que tiene que servir para que el PSOE sea más útil a los españoles. Y si no cumplen con las normas que internamente el PSOE se ha dado en sus congresos.

En sociedades tan plurales como las actuales, la realidad tiene muchos matices. Por eso, en el debate político hay que tener la capacidad de intentar convencer a las personas con argumentos, y construir alianzas que permitan conseguir los objetivos colectivos. Es cierto que es más difícil que hacer trincheras y buscar enemigos. Pero si se practica, fortalece la democracia y hace más grande la organización que lo ejercita.

Y aquí hay que tratar de normalizar el día a día del PSOE, desde el Ayuntamiento y la casa del pueblo más pequeña, hasta la más grande y el Congreso de los Diputados. Hay que separar lo orgánico de lo institucional. Y poner en valor algunas mejoras conseguidas para los españoles: el aumento del salario mínimo, la supresión de las reválidas, el cobro de las cláusulas suelo, la prohibición de cortes de luz a las familias, el ingreso mínimo vital, las subcontratas, el pacto de Estado contra la Violencia de Género, el impulso al sistema de garantía juvenil, más dinero para las Comunidades Autónomas y para los Ayuntamientos, entre otras. Ese trabajo es patrimonio de todo el PSOE, y es un error grave no reivindicarlo, aunque hay precandidatos que afirmen que si ganan harán otras cosas. Bien, si es que ganan y luego las hacen. Pero mientras tanto, es cuanto menos inteligente poner en valor ante la sociedad española propuestas que estaban en el Programa Electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones generales, y que se pueden desarrollar en estos momentos.

El PSOE no ha sabido construir un nuevo relato que identifique claramente el papel que tiene que representar la socialdemocracia en una sociedad globalizada y su propio papel en la sociedad española actual. Los congresos a celebrar no pueden ser ninguna meta, sino el comienzo en la construcción de un nuevo proyecto socialista de mayorías que, como en otros momentos de la historia de España, enlace con los anhelos de los españoles para transformar la sociedad. La lección es evidente: cuando este trabajo se ha realizado, el PSOE ha sido un partido de mayorías y de gobierno que ha hecho avanzar a España.

Comienza la recta final en la elección de la nueva dirección del PSOE, hay muchos documentos y propuestas que debatir, seguro que habrá distintas estrategias a desarrollar. Por favor, desde la fraternidad, dejen a los afiliados que las escuchen, las debatan y las voten. Sin acritud y con espíritu constructivo.

Lo necesita el PSOE. Lo necesita España.