El INE revisaba, hace pocos días, su previsión de crecimiento para España en el segundo trimestre de 2021: de un 2,8% pasaba a aportar otro dato menor, el 1,1%. Una diferencia sustancial, que ha cogido desprevenidos a analistas, instituciones y al Gobierno. Esto ha movido ríos de tinta en apenas pocas horas. Piénsese, por ejemplo, que la elaboración de los presupuestos se realiza en función de la tasa esperada de crecimiento económico, que ahora debe ajustarse a la baja. El tiempo económico en el que nos movemos está presidido por una gran volatilidad, de forma que deben realizarse los augurios de crecimiento con una enorme cautela. Tras los números que se comentan –tras ese diferencial de 1,7 puntos– se deben analizar indicadores que son muy volubles, a la vez que contradictorios.

Hace apenas dos semanas, las previsiones del Banco de España y Caixabank aportaban perspectivas de crecimiento superiores al 6%; ahora, tales perspectivas deben revisarse a la baja, si bien con magnitudes nada desdeñables: se prevé, con el ajuste realizado por el INE, un crecimiento económico cercano al 5% para 2021. Es decir, se mantiene la tendencia de un crecimiento económico robusto y sostenido. Unos factores pueden subrayarse. En primer término, el INE, una institución fundamental y acreditada, realiza revisiones constantes, a partir de las copiosas informaciones que recibe. En tal sentido, debemos aguardar con impaciencia cuál puede ser el dato correspondiente al tercer trimestre del año y, sobre todo, al alcance del guarismo definitivo, interanual, al cierre del año. Esa revisión, como ha sucedido en otras ocasiones, puede ser al alza por lo que indicamos a continuación. En todo caso, prudencia máxima. En segundo término, dos variables son relevantes: la afiliación a la Seguridad Social ha aumentado, junto al incremento en la recaudación tributaria. Y esto ha acontecido en el mismo contexto de la revisión a la baja del crecimiento, recuerden: del 2,8 al 1,1. En tercer lugar, la evolución turística ha sido mejor de lo esperado, a pesar de que en el segundo trimestre las cifras eran todavía muy frágiles. Los datos relativos a gasto turístico han conocido, a su vez, incrementos, de forma que, en conjunto, es probable que el tercer trimestre acabe corrigiendo el número presentado por el INE hace escasos días. Veremos.

Sin embargo, el factor de incertidumbre que se sigue remarcando es la evolución de la inflación. Aquí, el indicador está muy marcado por factores de carácter exógeno: el incremento del precio mayorista del gas, amén de otros elementos de carácter político (las estrategias de Rusia y Argelia, por ejemplo). Es decir, el aumento de los precios no obedece a un calentamiento exuberante de la demanda –los pasivos bancarios siguen siendo muy elevados, si bien han retrocedido: el ahorro es alto–. Esto es indicativo  de que la inflación sería transitoria y que, por consiguiente, los temores a aumentos en los tipos de interés bancarios pueden ser infundados, a tenor de las declaraciones de la presidenta del BCE, Christine Lagarde y el posicionamiento del grueso de los gobernadores de los bancos nacionales europeos.