¿Alguna vez no han tenido la sensación de que están quitando tiempo a su familia por ver en su teléfono móvil cosas intrascendentes? Sí, esa impresión de no estar el tiempo suficiente con su familia, porque sin darse cuenta están mirando la pantalla, mientras podían estar jugando un rato con su hijo o conversando con su pareja.

Tanto si se han dado cuenta como si no, este es un problema cada vez mayor en nuestra sociedad. Y es interesante que al menos se ponga encima de la mesa para conocerlo, ser conscientes del mismo, ver su alcance e intentar ponerle solución, si es que se quiere.

La mayoría de las personas dedican entre una y cuatro horas a su teléfono móvil diariamente, y hay muchas que dedican bastantes más. Este es un asunto serio, teniendo en consideración que deberíamos dedicar menos de una hora al día a los teléfonos móviles y cada vez más población tiene un uso más abusivo en cuanto al tiempo.

La principal consecuencia, es que el fácil acceso a las nuevas tecnologías, y principalmente a los Smartphone, está cambiando la manera de relacionarse en nuestras sociedades. Y uno de los ámbitos donde más está afectando es en las relaciones familiares.

Las nuevas tecnologías han cambiado la vida cotidiana de las familias y es preciso establecer o modificar pautas de conducta y comportamiento que antes no existían, o eran consideradas inapropiadas, y en muy poco tiempo se han normalizado. Se necesitan nuevas reglas. Un hecho, que es asumido de manera mayoritaria por todos los españoles cuando se les pregunta sobre esta cuestión.

En concreto, un 52 por ciento opina que las nuevas tecnologías han cambiado mucho las relaciones familiares, y un 40,5 por ciento que bastante. Y dentro de este cambio, asumido por nueve de cada diez personas, el dispositivo que más ha contribuido a esa variación ha sido el teléfono móvil, para el 46,3 por ciento de los españoles, según el CIS.

Esta novedad en el uso de las nuevas tecnologías, ha traído consecuencias para las familias que son preciso abordar, porque un 60,4 por ciento de la población considera que la comunicación entre padres e hijos ha disminuido; un 44,1 por ciento que ha aumentado el conflicto familiar; un 43,1 por ciento que han disminuido las relaciones con los abuelos; un 78,9 por ciento que ha disminuido la protección de la intimidad; un 45,5 por ciento que ha disminuido la comunicación en la pareja; un 56,3 por ciento que la influencia de los padres sobre la educación de los hijos es menor; y un 52,6 por ciento opina que ahora se hacen menos cosas juntos.

Todo ello, pasa en una sociedad donde además los menores cada vez utilizan teléfonos inteligentes a más temprana edad como medio de socialización y comunicación con el grupo de iguales. Concretamente, la disposición de un teléfono se incrementa significativamente a partir de los 10 años, cuando un 25,4 por ciento ya posee uno. A los 11 años lo tiene un 50,9 por ciento; a los 12 años, un 72,7 por ciento; a los 13 años, un 86 por ciento; a los 14 años, un 90,1 por ciento y a los 15 años un 93,9 por ciento.

Y aquí surgen algunas preguntas que es preciso contestar para evitar un mal uso de estas tecnologías: ¿Debe existir o no una edad mínima para tener un teléfono móvil? ¿Es necesario educar en la utilización de esta tecnología? ¿Están estas tecnologías con sus constantes nuevas aplicaciones interfiriendo en la vida cotidiana de los menores y también de las familias?

No son preguntas menores, porque los datos sobre el consumo de redes sociales y otras nuevas herramientas son alarmantes, sobre todo entre los adolescentes. El 18 por ciento de los jóvenes entre los 14 y los 18 años de edad usa Internet de forma compulsiva, según el Ministerio de Sanidad, que en la nueva Estrategia Nacional de Adicciones, prevé por primera vez medidas para abordar este problema.

Mientras nos adaptamos a estos cambios, podemos probar a evitar la distracción que nos puede provocar el Smartphone en la relación con nuestra familia, dejándolo en la entrada de casa. Si no puedes hacerlo, tienes dos problemas. Uno con la utilización del teléfono móvil y otro con tu familia.

Toca decidir.