René Goscinny y Albert Uderzo crearon un comic singular: Asterix y Obelix, estos dos héroes galos y resistentes, cuando veían las actividades y piruetas de los ejércitos de César, aparentemente tan ordenados, sincronizados y disciplinados los miraban, observaban y decían con rotundidad: “Estos romanos están locos”. En ocasiones, si estos personajes, incluso nosotros mismos nos involucramos y si se observaran algunas sesiones de nuestro Parlamento o de las declaraciones de alguno de nuestros próceres, hemos de convenir que en varias ocasiones hemos susurrado una expresión similar. Pero ¿tiene algún sustento desde la observación con criterio más técnico?

Lo primero que destaca consiste en definir los mecanismos de defensa que utilizan nuestros próceres, casi desde el primer momento de sus intervenciones, sea cual fuere el tema que abordan. Se trata de una serie de procesos psicológicos que, hipotéticamente, regularían el modo en el que los contenidos más inconscientes se manifiestan en nuestra consciencia y en nuestros comportamientos. Por lo tanto, son procedimientos que tienden a mantener el equilibrio psicológico de manera inconsciente, con el fin de hacer frente a la angustia o ansiedad asociada a la expresión consciente de una representación pulsional (sexual o agresiva), a la transgresión del código moral (peligro interno) o a un peligro externo. El sistema americano de clasificación de los problemas mentales, conocido como sistema DSM, optó por cambiar el nombre y denominarlo como “mecanismos de afrontamiento”, quizá por diferenciarse del origen más psicoanalítico inicial de este concepto. Pero, sin duda, es Ana Freud en su texto “El yo y los mecanismos de defensa” donde la pedagoga explica de forma clara y comprensible el concepto y funcionamiento de estos mecanismos de la mente humana.

De forma sucinta y sencilla se va a exponer el concepto de los más fundamentales mecanismos de defensa, con el fin de integrar el contenido posterior. Se agrupan en dos grandes bloques: Mecanismos de defensa primarios, son los más elementales y propios de las primeras etapas del desarrollo humano (Retraimiento, Negación, Control omnipotente, Idealización y desvalorización, Proyección, Introyección, Identificación proyectiva, Escisión y Disociación). El segundo grupo son los Mecanismos de defensa secundarios, que son unos mecanismos más elaborados y que se van desarrollando a lo largo del proceso vital de las personas (Represión, Regresión, Aislamiento, Intelectualización, Racionalización, Compartimentalización, Anulación, Volver contra sí mismo, Desplazamiento, Formación reactiva, Inversión, Actuación, Sexualización y Sublimación)

Entre los mecanismos primarios o arcaicos se destaca: Proyección, que hace referencia a la tendencia de los individuos a atribuir (proyectar) sus propios pensamientos, motivos o sentimientos hacia otra persona. Las proyecciones más comunes suelen ser comportamientos agresivos que provocan un sentimiento de culpa, y fantasías o pensamientos socialmente no aceptados, es decir, niega que él o ella las haya llevado a cabo por voluntad propia, sino que ha sido por culpa del exterior que estas se hayan producido. Por ejemplo, un parlamentario odia a uno de los compañeros de escaño, pero el superyó le dice que eso no es aceptable, puede resolver el problema pensando que es el otro parlamentario el que le odia a ella. Negación, consiste en un mecanismo por el que el sujeto bloquea acontecimientos externos para que no formen parte de la consciencia y, por tanto, trata aspectos evidentes de la realidad como si no existieran. Por ejemplo, un político que niega su implicación en alguna circunstancia comprometida negando su inclusión en algo corrupto. Negando estos efectos nocivos del acontecimiento, puede tolerar mejor su hábito, naturalizándolo. De esta suerte se rechaza de manera certera aquello que está ocurriendo con la convicción de que, si no se reconoce como real, es que no ocurre de verdad, así el sujeto bloquea aquellos acontecimientos inaceptables para que de esta manera no pasen a formar parte de la consciencia. Escisión, mecanismo que separa el mundo en buenos y malos; es una forma de distorsión que ayuda al individuo a resolver ciertas situaciones confusas y amenazantes. No es para nada raro encontrar a una persona que, en este preciso momento, encuentre mala a otra (p.e. un diputado o grupo político que se opone a su criterio) a la que la semana pasada consideraba como buena (p.e. porque había apoyado sus propuestas).

Entre los mecanismos secundarios se destaca, para este caso los siguientes: Desplazamiento, se refiere a la redirección de un impulso (habitualmente una agresión) hacia una persona o un objeto. Por ejemplo, un parlamentario que se siente frustrado con sus adversarios políticos y le suelta una patada a un mueble cercano. De tal suerte que como no le es posible golpear al adversario, desplazamos el objeto de nuestra ira hacia cualquier otro ser u objeto. Formación reactiva, los impulsos no solo se reprimen sino que, además, se controlan exagerando el comportamiento opuesto. Es decir, que se detiene la aparición de un pensamiento doloroso sustituyéndolo por otro más agradable. Por ejemplo, un parlamentario de un grupo que está muy enfadada con otro grupo, pero le dice que está todo correcto para evitar la discusión. El Aislamiento es un mecanismo utilizado con verdadera fruición por algunos integrantes políticos, en este mecanismo se divorcian los recuerdos de los sentimientos, siendo una forma de soportar y tolerar mejor los hechos y la realidad. Se separa una idea intolerable para el yo de las emociones que produce, así permanece en la consciencia de forma debilitada. Por ejemplo, un parlamentario o dirigente relata un acontecimiento traumático con total normalidad, igual que si se hablara del tiempo o de cualquier otro asunto trivial, típico fue el comentario “ese señor al que vd se refiere”. Condensación, es un mecanismo por el que ciertos elementos del inconsciente (contenido latente) se reúnen en una sola imagen u objeto durante el sueño, la fantasía o la inmediatez de una descripción. El proceso de condensación hace que el relato del contenido manifiesto sea mucho más breve que la descripción del contenido latente. Racionalización, en ella se sustituye una razón real que no es aceptable, por otra que resulte aceptable. Es decir, se cambia la perspectiva de la realidad a través de ofrecer una explicación diferente. Por ejemplo, un líder toma una decisión política de forma muy segura y decide llevarla a la práctica; al cabo de un tiempo variable de llevarlo a la práctica, el líder rompe la relación porque considera que la decisión política no es consistente y le exige demasiado control. Pese a que la decisión política ha tenido fracasos previos por razones similares, nuestro líder concluye: “ya sabía que hacer este acuerdo era un acuerdo perdedor”, o bien “desde el primer momento supe que este acuerdo no me convenía”.

Los políticos más inseguros y que actúan con mayor agresividad utilizan, prioritariamente, los mecanismos de defensa primarios, sobre todo: la negación y la proyección. No obstante, se puede definir unas tipologías de personalidades entre los políticos muy interesantes.

  • Político ordenado y bien organizado: El temor y la ansiedad ante situaciones sociales y políticas complejas se manifiesta cuando va dirigida ante la posibilidad de perder el control sobre sí mismo y sus emociones. Sus rasgos podrían identificarse con rasgos anancásticos u obsesivo-compulsivos.
  • Político dependiente: Es un tipo de político que busca el apoyo afectivo, tiene el potencial peligro que pueden vivenciar la norma como una falta de cuidado hacia su sufrimiento. Su actitud podría calificarse como inmadura y con ciertos contenidos que podrían encuadrarse en lo que, desde la perspectiva etológica, se cataloga como trastornos vinculares.
  • Político emocional: Representa aquel político que ante las situaciones que se le presentan tiende a la dramatización o escenificación. Los rasgos que le identifican son de tipo histérico o histriónico.
  • Político sacrificado: Incluye ciertos componentes masoquistas, manifestándose como una hiperadaptación a todas las solicitudes que le realizan desde su grupo. Sus rasgos más frecuentes son de tipo depresivoide.
  • Político quisquilloso: Representado por aquel político que se encuentra casi siempre a la defensiva. En la relación política piden explicaciones, protestan, y constituyen una relación incómoda. Esos rasgos querulantes, en ocasiones con tintes paranoides, no hay que ignorarlos, pero tampoco se debe entrar en debates que pueden ser estériles.
  • Político superior: Sería aquel político que aparece como sabiendo casi todo de casi de todo, dicho popularmente “va de sobrado”. Su seguridad es solo aparente y sobresalen fuertes rasgos narcisistas.
  • Político huraño: Tiende a aislarse ante las dificultades, son poco expresivos y parecen frágiles. Se podría decir que se identifican algunos rasgos de tipo esquizoide.

Estas tipologías de personalidad de los políticos tienen unas formas particulares de comunicarse con la población y entre ellos mismos:

  • Información insuficiente: Suele ser un mecanismo de contenido defensivo para el político, justificado por las normas del partido, las órdenes de los responsables, la rutina general. La consecuencia suele ser que la población hacen por “enterarse”, buscan las informaciones y, en ocasiones, son el caldo de cultivo de las conocidas como “fake news”.
  • Demasiada información: Se aporta información más allá de la información que la población puede metabolizar dado su nivel cognitivo, extracción socio-cultural, nivel de temor y/o ansiedad. Este tipo de información hace incrementar los niveles de ansiedad y desorientación en la ciudadanía que se van a encontrar confusos. Consta de componentes defensivos en los políticos, para frenar las posibles proyecciones de la ciudadanía.
  • Información tecnificada: Este tipo de información funciona como un escudo. Se cumple con aportar la información formalmente, pero su lenguaje lo hace incomprensible para la ciudadanía, que comentaría algo parecido a “a estos políticos no se les entiende, siempre dicen lo mismo”.
  • Información adecuada: Es un tipo de información que contiene a la población al ofertar una información suficiente y eficaz para obtener un grado de colaboración satisfactorio y mejorar su actitud y comunicación, tanto para la población general como a los votantes y militantes.

De forma complementaria con lo anterior, Maturana explicó como se establecía la relación entre dos sistemas y que es muy aplicable al tema que nos ocupa, considerando como sistema a cada uno de los partidos políticos. Para establecer la comunicación entre ellos existen dos parámetros fundamentales: las metas que pretenden obtener y los medios que utilizan para conseguirlas. Al ponerse en relación e iniciar la interacción puede que estén en absoluto acuerdo entre metas y medios, entonces es la base para la cooperación, si lo que existe es un desacuerdo en estos parámetros se establece el conflicto, tal como se está viviendo en el momento actual. Sería de sumo interés evitar el conflicto, entonces existen dos vías posibles: cuando existe un acuerdo en las metas y un desacuerdo en los medios es lo que se conoce como competición, caso evidente en las campañas electorales, Si el acuerdo se limita a los medios con desacuerdo en las metas “psicosis de masas”, se establece una comunicación de colaboración, fue el caso de la época de consenso para elaborar la constitución. El funcionamiento real de la interacción política hace oscilar la comunicación entre competición y colaboración, evitando el conflicto e intentando llegar a la verdadera cooperación.

Mi amigo y colega Jorge Luis Tizón, publicó en el año 2015 un libro muy interesante: “Psicopatología del poder. Un ensayo sobre la perversión y la corrupción”. En él mantiene la tesis que en la política actual se ha generalizado y nos avisa que la libertad corre el riesgo de dejar de representar un placer relacional para convertirse en nuevo imperativo, recuerda, este autor, que libertad no es lo mismo que liberación, ni que liberalización ni que liberalismo. En este contexto el grupo político utiliza las emociones de la población para conseguir sus objetivos: alcanzar el poder. Esta pretensión hace que se generalice la utilización “perversa” de la terminología psicopatológica o psiquiátrica y se generaliza el uso de frases tipo: “psicosis social”, “psicosis de los mercados”, “perversión de objetivos”, “histeria generalizada”, “locura del sistema”… Son frases de impacto, pero utilizadas fuera de contexto, por lo que su formulación induce al error y al oscurantismo indiscriminado.

Se oculta que la libertad ya no consiste en realizarse mutuamente, solidariamente, sino en triunfar esforzadamente en un escenario aislado, transparente y tenebroso, pero impuesto y autoimpuesto como algo inamovible, como ejemplo baste echar un vistazo a lo que en las elecciones de la Comunidad de Madrid se generalizó como libertad, cuando en realidad era una incitación al consumismo y una oposición a las normas generales.

Estos datos permiten un acercamiento a la situación de la relación política en el momento actual, se estimula los denominados contenidos emocionales que impregnan toda la actividad política y velan los contenidos reales. Se queda ese tipo de comunicación en lo meramente superficial y aparente, en lo manifiesto y superficial, atrae a la población y la seduce, ahí se encuentra el núcleo de la perversión en el amplio sentido mental.

Es momento de desenmascarar que hay políticos que con la ciudadanía buscan la seducción al situarse en el lado “contra” lo que sea, entonces se tensa la relación y aparece el insulto con rencor e ira, apareciendo la crispación ambiental. Esta ardua labor, de descifrar lo expresado en este artículo, se la dejo a los lectores, será un particular ejercicio tipo sudoku, pero con las personalidades políticas que nos circundan.

Es necesario la participación e implicación real de la ciudadanía en la actividad política, porque como decía Antonio Machado, si no te implicas en la política otros lo harán por ti y, en el peor de los casos, lo harán contra ti.

En definitiva, Asterix y Obelix tenían razón…