La política española parece estar desarrollándose a través de una especie de juego de mesa. Es parecido al Juego de la Oca, un itinerario a través de diversas casillas que, hablando de aves palmípedas, podría titularse como Tiro al Pato pero que, en realidad, hablamos del Mandato de Pedro Sánchez.

La casilla de salida se llama “Investidura ilegítima” y la siguen una serie de ellas que conduce hasta la última titulada “Elecciones Generales”. Lo juegan dos equipos, el Gobierno, que tiene como objetivo el que ese recorrido dure lo más posible, y la Oposición cuyo fin es el contrario, que las elecciones sean cuanto antes. El mecanismo del juego, por lo demás, es muy similar al ya citado Juego de la Oca pero sin necesidad de tirar ningún dado. Basta con levantarse por la mañana y nos encontramos con una nueva casilla con su significado y reglas propias.

Las primeras casillas fueron, como las de la Oca, relativamente inocuas hasta llegar a la llamada “Nombramiento de Ministros” cuya norma, favorable al Gobierno, retrasaba dos turnos la celebración de elecciones, pero pronto vendrían otras de contenido distinto. Como las casillas de “Dimisión de Cargos”. En estas casillas, que ha habido varias, es cuando la Oposición dice eso de “De dimisión a dimisión y tiro porque me toca“, mientras que el Gobierno, renovando inmediatamente el cargo citado, dice “A otra cosa, mariposa“, que rima mejor que lo otro. Esas casillas son perjudiciales para el Gobierno ya que tiene que adelantar algún turno para la celebración de elecciones.

Desde ese momento se alternan casillas favorables a uno y otro contendiente. Mientras que las tituladas “Iniciativa política” son favorables al Gobierno, otras como las llamadas “Rectificaciones” le son perjudiciales. Las hay neutras como “Tesis” o “Doctorado” cuyas repercusiones, al repartirse, terminan por no influir demasiado en la duración del juego. Tampoco las “Encuestas” y “Sondeos” llegan a influir excesivamente ya que, o son interpretadas convenientemente, o son ilegitimadas por su origen.

Hay, como en la Oca, una casilla llamada “Cárcel” que contiene a los acusados por el Tribunal Supremo de delitos de sedición y rebelión en Cataluña. Su repercusión en el juego depende de la destreza de los jugadores para sortearla, por lo que resulta ser una prueba de habilidad.

Y luego, hay una serie de casillas, en principio desfavorables al Gobierno, que son de contenido impredecible, pero de sordidez presumible a tenor de lo contenido hasta ahora. Son del tipo de “Familiares de políticos“, “Antiguas declaraciones“, “Grabaciones“, “Amistades peligrosas“, “Tendencias sexuales“, “Vestimentas“, “Medios de transporte” y similares. Se trata de casillas que no tienen nada que ver con la política, de muy bajo contenido moral y estéticamente infectas, aunque de alto valor periodístico y de posible repercusión social. La sorpresa es fundamental en esta parte del juego, pero podríamos esperar cualquier cosa para las próximas casillas.

La casilla más importante parece ser “Presupuestos Generales“. Tiene tanta relevancia para la duración del mandato, es decir para llegar a la casilla “Elecciones Generales” que podría asimilarse a la llamada “Muerte” en el Juego de la Oca, bien para el Gobierno o bien para la Oposición. Es en esta casilla donde se están fajando los contendientes con toda clase de tácticas, recursos y habilidades.

Lo que no es fácil de aventurar es el resultado electoral de todo eso ya que este juego de mesa se desarrolla, efectivamente, en las mesas de redacción de los medios, pero es difícil de interpretar como está discurriendo en el tablero nacional. Antes creíamos en las encuestas, pero el deterioro de su prestigio y la sombra posterior de dudas que, partidariamente, se echa sobre ellas, termina por descalificar cualquier previsión que se haga a partir de las mismas.

Por eso, no podemos asegurar que el final de este juego del Tiro al Pato, la celebración de unas elecciones generales, nos lleve más que a la casilla de salida de otro juego muy similar.