La reacción violenta del Presidente Trump y de la Policía estadounidense ante las protestas por la muerte de George Floyd en Minneapolis, la actitud agresiva del Presidente Bolsonaro que, además, está generando una gestión desastrosa de la crisis sanitaria y la constante erosión del sistema democrático húngaro son, en su conjunto, síntomas muy preocupantes del retroceso de la democracia en aquellas partes del mundo donde parecía asentada.

Cada caso es distinto pero tienen elementos comunes. En Estados Unidos la crisis se ha producido, como explicaba Elie Mystal en The Nation, porque la América blanca prefiere policías asesinos, de modo que franjas significativas de la comunidad blanca se sienten confortadas con la agresividad de Trump (apud Albert Garrido: “Una enfermedad moral”, El Periódico, 1 de junio de 2020). Y Trump, a su vez, ha preferido la política de fractura social para entretener a su base electoral a la que dentro de unos meses pedirá el voto para la reelección. Lo explicó muy bien La Vanguardia en su primera plana el pasado 2 de junio: “Trump evita llamar a la unidad, pide mano dura y agrava la crisis”. Es decir, Trump ha optado por un programa político de fractura social y de persecución de una mitad de la población.

Similar programa tiene Bolsonaro. Al amparo de un sistema de partido endiablado que refleja la desarticulación de la democracia brasileña y expresa una gran fractura social, Bolsonaro se ha beneficiado de un golpismo civil (no militar) que ha logrado destituir a una Presidenta, Dilma Rouseff, y ha logrado encarcelar a otro Presidente, Lula da Silva, para que no pueda concurrir a las elecciones. El Presidente brasileño gobierna, como Trump, para la mitad de la población y persigue a la otra mitad, persecución personificada en el Presidente Lula.

Más complejidad ofrece el Presidente de Gobierno húngaro Viktor Orbán que desde un partido inicialmente de centro derecha, el Fidesz, ha evolucionado hacia la extrema derecha que se caracteriza por dos factores, a saber, la fractura social de los húngaros, y un esfuerzo continuo por desmantelar las instituciones democráticas para ocupar todos los órganos y aparatos estatales.

Por eso, aunque con diferencias apreciables, Trump, Bolsonaro y Orbán tienen en común que han apostado por el modelo antitético a la democracia. Decía Hans Kelsen que el principio de la mayoría deriva de la idea de libertad pues la idea de que sean libres la mayor parte de los individuos de una sociedad y de que un número menor de individuos tenga una voluntad opuesta a la voluntad general condice al principio de mayoría (Esencia y valor de la democracia, Barcelona, 1977, págs. 22-23). Esta idea refleja muy bien el programa político de estos tres gobernantes que consiste en negar el derecho de las minorías no sólo a participar en la gobernación del país sino simplemente a existir. Trump, Bolsonaro y Orbán niegan el derecho a existir a las minorías raciales y sociales y por eso las persiguen y cambian los órganos políticos (en Hungría) para que no puedan ser mayorías. Y esta persecución y negación de la minoría tiene un efecto adicional, la completa fractura social. Los tres gobernantes están rompiendo la sociedad y una sociedad fracturada no es democrática.

Por eso las nubes negras que se aproximan a las democracias estadounidense, brasileña y húngara traen lluvia y truenos que, tras su paso, dejarán sociedades de muy baja calidad democrática, próximas al autoritarismo. Así empezó la Alemania nacional socialista.

Y si preocupante es que grandes Potencias como Estados Unidos y Brasil se deslicen hacia el autoritarismo, más preocupante para los españoles es que en el Parlamento nacional y en los Parlamentos autonómicos haya un partido, Vox, que asume esta tendencia autoritaria, y que haya otro partido, el Partido Popular de Casado, que compite con Vox y que se ha puesto como objetivo la fractura social y con ello, el deslizamiento hacia el autoritarismo. Decíamos en artículo anteriores que, como en Arenas, la epidemia ha hecho aflorar la miseria moral de algunas personas pero debemos estar atentos por si también hace aflorar las tendencias autoritarias de ciertos grupos sociales.