Si hace unas semanas nos referíamos a una obra teatral de Agatha Christie, La Ratonera, para explicar la situación en la que se ha metido el Partido Popular de Casado, hoy hemos de recordar una obra de Balzac, Un asunto tenebroso, para explicar la concatenación de situaciones extrañas que están ocurriendo en este país: el Delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid ha sido citado como imputado por una Magistrada por haber autorizado la manifestación del 8 de marzo pasado, un Coronel de la Guardia Civil, jefe de la Comandancia de Madrid, ha sido cesado, el General de más autoridad en el Cuerpo ha dimitido, se ha celebrado una sesión de control en el Congreso dedicada casi enteramente a estos ceses y la misma Magistrada amenaza al Secretario de Estado de Seguridad por el cese discrecional del citado Coronel. Con todo esto, el ciudadano tiene la sensación de que algo negro y profundo está aflorando a la superficie de España. Es inevitable recordar cómo fueron perseguidos Lula y Rousseff en Brasil. Los golpes de Estado no se dan siempre sacando a la calle los carros de combate.

Trataremos de desembrollar la madeja. Es conforme al ordenamiento que un Juez encargue investigaciones a las unidades de Policía Judicial de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, pero llama la atención que si el presunto delito de prevaricación (la concesión de autorización de una manifestación) tuvo lugar en la calle de Miguel Ángel de Madrid (sede de la Delegación del Gobierno) la investigación judicial se encargue a la Guardia Civil y no a la Policía Nacional, que también actúa como Policía Judicial. Llama también la atención que se trata de la denuncia de un particular mediante la acción popular.

En realidad, todo el asunto es tenebroso porque no se está investigando un delito, sino que se está investigando de qué manera se puede imputar un delito todavía inexistente al Delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid y al Director de Alertas Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Esta investigación recuerda la que ha presentado Vox contra el Presidente del Gobierno por su gestión ante la crisis pandémica. En realidad, tiene todo el aspecto de ser el complemento judicial a la obra de destrucción del Gobierno que han iniciado el Partido Popular y Vox. Llevamos tiempo señalando aquí que Casado no quiere esperar una legislatura, sino gobernar ya y para desalojar al Presidente Sánchez de La Moncloa se ha aliado a un partido fascista, está sacando bajo cuerda la agitación a la calle (en pleno estado de alarma) y para culminar la operación el partido conservador se encuentra casualmente con una Magistrada muy diligente, demasiado diligente, que se inventa un delincuente y después se pone a investigar si existe o no un delito. Es como acusar de homicidio a una persona sin que se conozca si existe un muerto: por de pronto yo imputo a una persona y luego veremos. Así de tenebroso es el asunto, tan tenebroso como el informe de la Policía Judicial que tiene un aroma sospechoso, con errores, insinuaciones y medias verdades. Lo suficiente para imputar por un delito diabólico a un político digno.

Es cierto que el Abogado del Estado ha apelado la imputación de José Manuel Franco ante la Audiencia Provincial y es de esperar que este Tribunal arregle el desaguisado. Pero el mal está hecho, porque ya se ha conseguido desprestigiar al Poder Judicial, a la Guardia Civil y al Delegado del Gobierno.

Como los movimientos sísmicos que anuncian un terremoto, en la política española hay movimientos sísmicos que deben alertarnos de un terremoto en ciernes. Si nos fijamos, se están acumulando demasiados movimientos preocupantes: la imputación del Delegado del Gobierno, los movimientos de ciertos mandos de la Guardia Civil (¿dónde estaban esos mandos el 23-F?) y las sesiones de control parlamentario cada vez más salvajes (como la inicua intervención de la Portavoz del Grupo Popular en relación al padre de Iglesias Turrión, intervención que mercería la reprobación de los Grupos Parlamentarios). Añádanse los cantos de sirena a veteranos socialistas, los llamamientos inconstitucionales al Rey y la llamativa equidistancia de los medios de comunicación del Grupo Prisa y podemos concluir que hay un ruido de fondo telúrico, que viene del centro de la tierra, que quizá anuncia un terremoto.