Cuando la derecha política y la derecha mediática forzaron la defenestración de Pablo Casado parecieron respirar tranquilas con la sustitución de éste por Alberto Núñez Feijóo, un político maduro con gran experiencia de Gobierno autonómico. Pero, para quienes contemplan esa sustitución desde una posición neutral y no partidista, las esperanzas y expectativas que despertó Núñez Feijóo empiezan a disiparse. Ya fue sospechoso cómo el nuevo dirigente del Partido Popular se puso de perfil ante el Gobierno de coalición castellano-leonés, que no es una anécdota, sino un giro muy grave en la política española desde 1977. Ya fue también sospechosa la resistencia de Núñez Feijóo a acordar la renovación del Consejo General del Poder Judicial (toda la prensa nacional del 14 de junio se refiere a la vaporosa oferta del Partido Popular de renovar “antes de un mes” el Consejo, junto a un pacto para “regenerar” la Justicia, todo lo cual suena a nuevas largas para no renovar un órgano que sigue siendo correa de trasmisión de la derecha judicial). Es, en fin, igualmente sospechosa su actitud en el exterior donde no tiene inconveniente en desacreditar a su país en los ámbitos comunitarios y nada menos que ante el Primer Ministro marroquí. Pero el debut de Núñez Feijóo como Senador ha añadido más dudas y hasta inquietud sobre la capacidad del nuevo Presidente del Partido Popular para actuar como jefe de la oposición, como jefe de la oposición mayoritaria.

En el primer debate que Núñez Feijóo tuvo en el Senado frente al Presidente del Gobierno se equivocó con los datos de la prima de riesgo y también se equivocó con las cifras de recaudación de Hacienda. Dos errores notables. Y como no hay dos sin tres acabó señalando que España no iba a tener respuesta positiva a la petición a la Comisión Europea sobre el precio del gas cuando ya se sabía que Bruselas lo había acordado. Demasiados errores para un solo día. ¿Qué pasa con Núñez Feijóo?

Hay quienes llevan tiempo señalando que el político gallego no es lo que quiere aparentar. No sería una persona de diálogo, sino más agresiva, como cuenta el Presidente socialista de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, sobre la forma que tenía de hacer oposición [O futuro é posible. Retrato dun tempo de cambio. Galicia (1998-2009), Vigo, 2009]. También parece que en lugar de fijar por sí solo una política firme de centro derecha vive pendiente de los objetivos y de los límites que le están poniendo la derecha de su partido (Díaz Ayuso), la extrema derecha (Vox) y la derecha mediática (ABC, El Mundo, La Razón, etc.). Y además concibe los acuerdos con el Gobierno como una operación en la que el Gobierno “compra” o se somete a la agenda política de la oposición, como si no tuviera que responder de sus políticas ante sus lectores (el caso más notable es el disparatado plan de reducción de impuestos cuando la hacienda española está más necesitada). Y todas las impresiones convergen sobre otro rumor, que el verdadero motor de la política gallega durante la Presidencia de Núñez Feijóo era su mano derecha (hoy Presidente de la Xunta), y no el propio Presidente.

Pero si estas impresiones y sospechas estaban ya presentes cuando Núñez Feijóo enfiló hacia la Presidencia del Partido Popular tras el derribo de Pablo Casado, la intervención inaugural del líder de la derecha en el Senado ha hecho que suenen muchas alarmas. ¿Está capacitado para dirigir la oposición? ¿Tiene las cualidades necesarias para ser Presidente del Gobierno? ¿Tiene un equipo de apoyo solvente y fiel? Y tras estas dudas, otra más, ¿cuántos errores como los de la prima de riesgo, las cifras de recaudación de Hacienda y las decisiones comunitarias sobre el precio del gas cometerá en el futuro?

La política mundial que se está viviendo en el siglo XXI nos muestra políticos realmente dañinos para su país (Trump, Johnson, Putin, Ortega) que por diversos azares han llegado al Gobierno y están perjudicando a su país y a sus ciudadanos. Núñez Feijóo debería esforzarse para no entrar en la categoría de políticos tóxicos, categoría en la que se entra fácilmente, pero de la que cuesta mucho salir.