Hace unos días, Pablo Ordaz publicaba un artículo titulado “Las héroes invisibles del caso Gürtel”, refiriéndose a todos aquellos que han participado en esclarecer la verdad, en limpiar la corrupción y en que salga a la luz toda esta podredumbre, mezquindad, estafa y sinvergonzonería que ha generado el PP. Jueces, fiscales, policías, investigadores, … en definitiva, funcionarios, personas al servicio público, convencidas de su ética profesional, conscientes de la importancia de su trabajo, que no quieren ser corruptos ni inmorales. Personas a las que intentaron sobornar y no consiguieron, a las que seguramente amenazaron y no amedrentaron, personas que han trabajado de forma constante y en silencio y muchas veces en la más absoluta incomprensión, personas que serían ridiculizadas por los propios corruptos.

Pero son esas personas las que nos han devuelto la confianza en el sistema, las que hicieron que me emocionara cuando leí el artículo, porque hay más personas decentes que indecentes, más personas éticas que sinvergüenzas, más personas en el lado de la justicia que en la corrupción, y, sobre todo, son personas imprescindibles para que España funcione de verdad, capaces de tumbar hasta las torres más altas y poderosas, de juzgar a quienes se han sentado durante años en los poderosos asientos de la política para engañar, corromper y estafar a su propio país.

Estas personas, héroes anónimos, sí son los verdaderos patriotas. Y no los que se envuelven en banderas, en discursos grandilocuentes, o siguen sin dimitir pese a estar en el centro de la diana, como le ocurre al Presidente de Gobierno, el ambiguo “M. Rajoy”.

Mientras estos “héroes anónimos” que son héroes sencillamente por hacer bien su trabajo, pero con la grave dificultad de haber sorteado los obstáculos de los sobornos, las presiones y las amenazas, nos han devuelto la confianza en el sistema político y social de España, el Parlamento Español se debate entre apoyar o no la moción de censura del PSOE. ¿Por qué hay dudas en apoyar la moción? ¿Acaso no está claro que es necesario desalojar a quién hoy está juzgado y sentenciado por financiación ilegal y casos de corrupción?

No hay dudas. Pero no estamos hablando de la ética de la convicción, que es lo que dirigió el trabajo de los funcionarios públicos que han desmantelado Gürtel, sino que los partidos políticos siguen haciendo electoralismo cortoplacista.

Todos quieren obtener algo en compensación a su voto, como si no fuera suficiente con desalojar a M. Rajoy y permitir un juego democrático limpio. En conclusión, todos buscan su “soborno”.

Los independentistas quieren hablar de lo suyo. El PNV cuenta si pierde los millones que sacó a cambio del voto al presupuesto. Podemos piensa que si el PSOE se estrella, igual ellos sacan cabeza y así se olvida las metidas de pata de la casa Iglesias/Montero. Y el mayor dilema lo tiene Ciudadanos.

Ciudadanos tiene dos frentes: el PP y el PSOE. Del PP obtiene los votos que le proporciona la caía del PP, siempre y cuando su gente no entienda que permite un gobierno de izquierdas; por otra parte, si permite que Pedro Sánchez sea presidente de gobierno, aunque sea unos meses, puede consolidarse como su principal rival. Ayyyy, ¿qué hacer? Por eso, busca recovecos para ver cómo cuadra el círculo.

Mientras tanto, el PP con M. Rajoy a la cabeza se revuelve hablando de chantaje, de golpe de estado, de inestabilidad, y de mil chorradas más, cuando son los únicos responsables de la mala situación de España, de la pérdida de confianza en la política, de la creciente desigualdad social, y de haberse llevado el dinero público a paraísos fiscales. ¡Pero si no han dejado nada por mangonear! Allí donde aquel equipo de Aznar ha gobernado ha metido sus zarpas manchándolo todo.

Todo el arco parlamentario, menos el PP, coincide en que la situación es asfixiante, que no se puede permitir un gobierno así en una democracia, que Rajoy debería dimitir (pero él se atrinchera porque lo envuelve el cinismo político), y que la legislatura ya ha tocado a su fin. Por tanto, no hay dudas en que o Rajoy dimite o a Rajoy se le echa.

Pero, pero, pero, …. A los partidos políticos que discuten los pormenores de la moción de censura les falta la convicción moral de que hay decisiones que se deben tomar sin mirar el interés propio sino el interés general, que, en definitiva, es lo que debería regir en la política.

Una moción de censura por el bien general.