Hace apenas un aĂąo, en abril de 2018, el PSOE se arrastraba por el suelo de las encuestas de opiniĂłn mientras Ciudadanos acariciaba la idea de rebasar al Partido Popular en unas hipotĂŠticas elecciones. Un aĂąo despuĂŠs, el PSOE lleva gobernado once meses, tiene una razonable perspectiva de gobernar una legislatura entera, ha recuperado treinta y ocho Diputados y la mayorĂa absoluta del Senado (que tanta guerra le dio en la acabada legislatura) y, en paralelo, Â el primer y el tercer partido de la anterior legislatura (Partido Popular y Podemos) han experimentado derrotas espectaculares. No es habitual ese tipo de vuelcos en polĂtica por lo que conviene analizar las causas de ese giro.
La causa primigenia del vuelco polĂtico fue la decisiĂłn audaz de presentar una mociĂłn de censura contra el Presidente Rajoy cuando se hizo pĂşblica la Sentencia del caso âGĂźrtelâ que comportaba la condena del propio Partido Popular. Afrontar una mociĂłn de censura desde un Grupo Parlamentario que no llegaba a noventa Diputados era un riesgo muy elevado: HernĂĄndez Mancha perdiĂł la direcciĂłn de Alianza Popular e Iglesias TurriĂłn presentĂł una sin pena ni gloria. Presentar una mociĂłn de censura y ganarla era francamente difĂcil dada la composiciĂłn del Congreso de los Diputados pero Pedro SĂĄnchez y su equipo tuvieron la audacia de poner a todos los Grupos Parlamentarios ante una disyuntiva moral muy compleja: no votar la mociĂłn de censura comportaba apoyar a un partido polĂtico condenado en los Tribunales por corrupciĂłn. Por eso votaron la candidatura alternativa de Pedro SĂĄnchez Podemos y los independentistas catalanes sin necesidad de negociar contrapartidas. Era el Ăşnico momento en que Podemos, nacionalistas de todo tipo y los partidos catalanes independentistas no podĂan votar a favor de Mariano Rajoy.
En cierto modo, se entiende que Ciudadanos no votara la mociĂłn y que el ex â Presidente fugado, Puigdemont, presionara a los Diputados del PDCat para que tampoco la votaran. Si gobernaba SĂĄnchez, Ciudadanos quedarĂa relegado en los sondeos, como asĂ ocurriĂł, en un momento en que Rivera creĂa tocar el complejo de la Moncloa. Por su parte, Puigdemont tenĂa que preferir a un Rajoy que tan mal habĂa gestionado la crisis independentista y sin arraigo polĂtico en CataluĂąa que a un SĂĄnchez con capacidad de negociar y de dialogar con la Generalidad de Torras.
La decisiĂłn de SĂĄnchez y de su equipo era una decisiĂłn audaz que sĂłlo podĂa aplicarse en las horas siguientes a la Sentencia âGĂźrtelâ. Pero si se adoptaba a tiempo tenĂa dos grandes ventajas electorales: beneficiarse de la posiciĂłn del partido del Gobierno en una futura contienda electoral y, en segundo lugar, tener un periodo corto (de uno a dos aĂąos) para implementar polĂticas pĂşblicas progresistas que mostraran al ciudadano por donde se deslizarĂa el Gobierno de SĂĄnchez si llegaba a ganar ls elecciones. Eso explica el triunfo del 28 de abril.
Parece que la mociĂłn de censura contra Rajoy era una operaciĂłn polĂtica de manual. Pero esa impresiĂłn se debe al ulterior triunfo electoral. A priori era una operaciĂłn arriesgada que podĂa hundir a su promotor. Por eso fue una operaciĂłn muy audaz que comprendiĂł las ventajas que tiene acudir a unas elecciones con un Gobierno no desgastado.
