Con la llegada de sus nuevos responsables, el Centro de Investigaciones Sociológicas ha cambiado los criterios con los que da a conocer la tendencia del voto electoral de los españoles.

Esos cambios han consistido en suprimir una alambicada mezcla de datos con la que presumir, sumándolos a los datos directos de intención de voto, cual podría ser el resultado electoral si los que «no saben o no contestan» en la encuesta, se comportaran como dice la predicción. Eso es lo que se conoce como «cocinar los datos» y la diferencia entre la intención directa de voto y lo otro, se conoce como «cocina».

Ahora, el CIS no hace cocina y lo justifica por el hecho de que eso es poco científico, es susceptible de manipulación y está más cerca de la ficción que de la descripción de la realidad. El problema es, no solo que hay intereses concretos en desprestigiar, ahora, los resultados del CIS, sino que hay mucha gente dispuesta a creerse que la verdad está más cerca de la ficción que de la realidad.

Porque como dice Daniel Innerarity («Política para perplejos«), en tiempos de incertidumbre, la gente está más dispuesta a creerse una idea elaborada, que una real, por la razón de que aquella se puede haber diseñado con una lógica fácilmente comprensible mientras que la realidad no tiene por qué atenerse a ninguna lógica. Es simplemente real y es a posteriori cuando se explica.

La realidad es que, para reducir incertidumbres, y salvo los profesionales de las ciencias sociológicas del CIS, todo el mundo cocina. Los calculistas de estructuras, después de calcular científicamente los esfuerzos que puede resistir una estructura, aplican un coeficiente de seguridad, por si acaso. Los meteorólogos hace tiempo que se han inventado lo de la sensación térmica, una forma de «cocinar» los datos que proporciona el termómetro para estimar la incomodidad que sufre el cuerpo humano cuando está expuesto al viento o la humedad y como eso varía su apreciación de la temperatura.

Y, eso, por no hablar de los economistas que, con los datos, actuales o históricos con los que cuentan, hacen proyecciones con una seguridad que, como es sabido, solo es comparable con la que utilizan luego para explicar por qué se han equivocado. Claro que, en esta habilidad, compiten con los analistas políticos de toda laya que nos esforzamos en profetizar el pasado mientras tratamos de explicar el futuro.

Aunque, en esto de cocinar los datos, poca competencia admite el estamento militar. Sus estados mayores tienen que analizar los datos que les suministran sus servicios de inteligencia y «cocinarlos» para prever lo que pueden hacer sus potenciales enemigos para neutralizar un posible ataque. Si usaran esos datos directamente, sin cocinarlos por si pueden ser falsos, se deberían encomendar ante algún dios de la guerra, como Marte, para evitar la catástrofe.

Y, en medio de tanto cocinero, los responsables del CIS, apelando a la ciencia, renuncian a hacer realidad el deseo de quien quiere ser engañado, como el personaje de Vienna cuando le pedía a Johnny Guitar en la película del mismo nombre eso de «Miénteme, dime que me has estado esperando«.

Hablando de sondeos, de vez en cuando se hace alguno para preguntar a la gente que distinga entre personajes reales o de ficción, y se incorporan nombres como Atila, Hitler, El Cid o el rey Arturo. Pues bien, creo recordar el asombroso alto porcentaje de gente que pensaba, en una encuesta de hace algún tiempo, que el rey Arturo había sido un personaje real.

Y, en este mundo donde la realidad y la ficción se mezclan de tal manera que ya todos vivimos en una «realidad aumentada» sin necesidad de utilizar gafas especiales, aparecen los investigadores del CIS con sus criterios científicos. Para empezar, tal parece que no han leído a Maquiavelo y lo que decía a propósito de los riesgos de la innovación. Ni como trataba el Santo Oficio algunas innovaciones científicas. Ni siquiera han recordado las películas del oeste, esas en las que los indios mataban a los pioneros. No, nada de eso. Con la única explicación de su no cientifismo, se cargan la cocina.

Pues bien, y aquí comienza la parte útil de estas líneas. No piense nadie que este comentario es extemporáneo por tratarse de un tema ya viejo. Dentro de muy poco el CIS hará públicos unos nuevos datos mensuales y, antes de eso, quiero pedirles algo.

Señores del CIS, por su bien, y naturalmente por el nuestro, hagan ustedes cocina. Pero en forma de menú de degustación. Utilizando diversos métodos de condimentación, naturalmente explicados convenientemente, hagan diversas previsiones de tal manera que cualquiera pueda verse satisfecho con el resultado de la cocina.

Así, de la misma forma que algún postre se presenta como «Chocolate en texturas«, por ejemplo, todos podríamos sentirnos satisfechos con el buen resultado de nuestra opción política sin más que elegir la textura de nuestro gusto de entre su oferta culinaria.