Han pasado unas semanas desde que este enemigo invisible y letal, del que solo conocíamos su nombre, COVID-19, entró en nuestras vidas de manera silenciosa y mortal. Primero no le dimos mucha importancia, pero la rapidez y la contundencia de sus ataques, ha cambiado nuestras vidas tan aceleradamente como se iba propagando.

Vemos con incertidumbre el incremento del número de contagios y de muertes. En ocasiones, estamos desconcertados, porque la sacudida ha sido tan fuerte, que todo ha cambiado brutalmente en nuestras vidas. Pero en estos momentos de adversidad, más que nunca, hay que mirar de frente los riesgos que corremos.

Hay que asumir y ser claros con la situación en la que nos encontramos para poder afrontar que solo mediante un esfuerzo colectivo, continuo e incansable podremos derrotar a este enemigo en forma de virus y salvar el mayor número de vidas.

El gobierno de nuestro país, de manera acertada, declaró el estado de alarma. Nos teníamos que quedar en casa con el objetivo colectivo de derrotar al virus. Nos teníamos que quedar en casa para algo tan importante como salvar vidas. También, nuestras vidas.

La mayoría de los ciudadanos de este gran país, que es España, nos enfrentamos con firmeza a este enemigo. Recluidos en nuestros hogares. Demostrando, que en esta guerra irregular y rara que nos ha tocado luchar, todos somos soldados. Soldados, cada uno en el lugar que nos ha tocado, como señaló el jefe del Estado Mayor de la Defensa.

Otros compatriotas, están en primera línea. Sanitarios, militares, policías, camioneros, trabajadores de supermercados, farmacias, entidades financieras, agricultores, ganaderos, ferroviarios, funerarios… En definitiva, todas aquellas personas que están haciendo posible que funcionen los servicios esenciales y la propia vida del resto.

La gratitud de todos los hogares de nuestro país está con ellos, como se ve todos los días a las ocho de la tarde cuando los balcones y las ventanas de España se llenan de aplausos para reconocer su labor. Se llenan de aplausos para recordarles que estamos con ellos.

Aplausos que recorren España y el mundo, porque sabemos que a pesar de las dificultades; a pesar de su incansable esfuerzo; a pesar de los constantes desafíos a los que se enfrentan; a pesar del peligro ante el que están expuestos, están luchando para acabar con este virus con su habilidad, sus conocimientos y su entrega.

Gracias. Gracias. Gracias. Sabemos, reconocemos y apreciamos su sacrificio. Y nuestros corazones y mejores deseos están con ellos. Por ellos, que están cumpliendo, el resto tenemos que cumplir en nuestras casas.

La situación es más grave de lo que cabía esperar razonablemente hace escasas semanas. Estamos en peligro. Las personas corremos peligro, tanto peligro como el que nunca habíamos imaginado. Por eso, hay que condenar los comportamientos insolidarios que, aunque minoritarios, favorecen al enemigo.

Más de 102.000 denuncias y 926 detenciones por saltarse el confinamiento desde que se aprobó el estado de alarma. ¿De verdad compatriotas? España registra 3.434 muertos tras el mayor aumento de la mortalidad en un día, y 47.610 contagiados. Hemos superado a China en número de fallecidos. La policía tiene cosas más importantes que hacer que combatir la insolidaridad de algunas personas con el resto del país.

España unida está realizando un esfuerzo sin precedentes, superando el cansancio y las incertidumbres. Nadie puede prever exactamente el curso que seguirá esta terrible contienda contra el coronavirus, y hasta donde se extenderá y cuánto durará. Lo que es evidente, es que vamos a resistir y vencer, porque confiamos los unos en los otros y vemos el camino que hay que transitar para llegar a victoria en medio de las dificultades.

En estos días de dificultades estamos descubriendo a grandes mujeres y hombres, héroes anónimos que no desfallecen. Las trágicas muertes de nuestros compatriotas; el sacrificio de los que están en primera línea y de todos los que están cumpliendo en sus casas, está forjando un nuevo y fuerte vínculo de vecindad, de afecto y de compañerismo colectivo, que nos guía con más fuerza si cabe hacia el propósito de vencer a este enemigo invisible, en esta guerra sin armas, pero muy letal.

Ganaremos juntos. Ya lo estamos haciendo.