Woody Allen se acerca a una joven en el museo. Le pregunta “¿Qué haces el sábado por la noche?” Ella le contesta secamente “Suicidarme”. Allen no ceja e insiste: “¿Y el viernes por la noche?” Cada vez que escucho las cosas de la derecha en España me sacan el lado femenino. Te hacen sentir igual que la joven del museo. Desde luego, están a lo que están. Lo mismo da que el sábado noche tengas pandemia y paro. ¿Y el viernes? ¿No te preocupa la libertad y el Consejo General del Poder Judicial?

Es un mundo extraño aquel en el que las elecciones políticas de los ciudadanos las mueve el dolor y la rabia más que la ilusión y la esperanza. Una vez que el capitalismo globalizado rompió con su compromiso de legitimación de las democracias mediante el bienestar, las élites políticas conservadoras solamente tienen la estrategia de zapa electoral aventando la desesperación. No pueden dar pan, pero siempre quedarán los leones. Y puestos a ello, lo más dañino de esta dinámica envenenada es cómo la derecha española está levantando las vallas del exogrupo. Constitucionalistas y no constitucionalistas, con los terroristas que rompen España o con las víctimas, con los independentistas o con la patria. Ya los muñidores de noticias hablaban hacía tiempo de bloques demoscópicos: el bloque de la derecha y el bloque de la izquierda. Lo último que leo de un iluminado comandante (y no es el Che) es que quizás la interpretación de bloques no sea adecuada. Viniendo de donde viene y yendo a donde va, ¿en qué estará?

¿Existen las estructuras sociales o son construcciones mentales? Si una clase social cae sin producir ruido, ¿cae realmente o no lo hace?, ¿los constitucionalistas nacen o se nombran?, ¿cuánto tiempo resistirá la cordura llamando a las cosas por lo que no son? Ya va de años que en esta página hablaba del oxímoron como estrategia retórica del PP. Nunca pensé que llegaría al extremo de cegar la realidad. En la práctica, es una voladura cognitiva en la que los autoritarios defienden la libertad, los que se oponen a la constitución se llaman constitucionalistas y defienden el poder judicial aquellos que lo llevan fatal con la justicia.

Ya saben que en España la opinión pública valora excelentemente el poder judicial y sus oropeles, y yo el primero, pero afirma que la justicia es diferente para ricos y pobres. Pleitos tengas continúa siendo una maldición de las peores. Cuando no es la balanza es el calendario. Atribuyen a Séneca “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”. Ya van muchos informes GRECO sobre el asunto, en fondo y forma. Pero si la justicia es injusta y nadie lo escucha, ¿es injusta la justicia? Ayuso lo confirma con su “no todos somos iguales ante la ley”. Hay quien se lo tomó a mal, cuando es difícil hablar más claro de la inviolabilidad del rey. Verdades hay muchas, pero de verdad no hay más que una y sale de la boca de niños, borrachos o políticos infantilizados asesorados por borrachos. ¿Es el rey la punta de un iceberg flotando en el mar de los aforados?, ¿qué hace el viernes por la noche?

La pandemia de la Covid-19 está produciendo graves secuelas académicas. Se multiplican los monográficos de urgencia Covid, en revistas nacionales e internacionales de psicología, economía, educación… Se ha convertido en la harina de oportunidad para, rebozando nuevamente lo que hacían con la de otro costal, cocinar refritos indigeribles. Sin tiempo para el análisis o la documentación, mucha de la bibliografía de la Covid-19 es reciclar con “y dos huevos duros” lo que antes fue pasado por agua. Qué tal un “La calidad docente como estrategia frente a la Covid-19” (en inglés, claro) o “Las nuevas tecnologías de la comunicación y la Covid-19” (también en inglés). Estoy a ver si me animo y escribo (en inglés, claro) “La producción académica internacional como secuela científica de la Covid-19. Un estudio “big data”. En fin, será lo de siempre. Cuando se puedan hacer investigaciones documentadas y serias sobre el impacto social, económico, político y cultural de la pandemia llegaran a mesa fría después de tal atracón de morralla.

Para final, pero no por asunto menor, vuelve la idea de alzamiento entre los machos hispánicos. No, no es Cialis o Viagra (marcas registradas para marcar). Se trata de España. Allí donde el español de verdad no llega con la urna lo alcanza con la punta de “la espada”. O de la lengua, que dirían Abascal y Casado. Tienen acceso a las armas unos y a los medios de propaganda los otros. La frase “hay que parar esto” es la clave. “Esto” es la democracia en marcha. Parece que lo de antes fue en mucho el chotis democrático de un bipartidismo abrazado sobre la baldosa amarilla. Fuese chotis o choteo, ya conocen el refrán castizo: “cuando los sables suenan, la democracia agua lleva”.

Dejaré para otro día la persecución a la libertad de expresión ciudadana de los defensores de la libertad para imponer la libertad de represión apostólica. El islamismo radical y el ultra catolicismo, al fin y al cabo, son afluentes en el mismo rio intolerante. Pero seamos positivos. No tendríamos a Larra sin la censura de su momento. Aunque me da que al nuevo Larra, dado que en España no hay censura y sí autocensura, lo esperaremos como quien espera a Godot. No vendrá hoy «pero mañana seguro que sí». Ya en ello, el último comentarista converso que se meta con el rey emérito paga la cena. Menudo “carrerón” llevan a cuestas. Y dice usted de pandemia…