“Podemos recuperar el espacio, pero nunca el tiempo”. Qué razón tenía Napoleón Bonaparte, con estas palabras, y qué sentido cobran ante las 48 horas de vértigo que quedan para la segunda votación de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno. Una investidura de la que depende el presente y el futuro de España y de los españoles.

Esperemos que en esta ocasión Podemos sea consciente de este hecho. Y, sobre todo, se tome un respiro, para no olvidar algunas cosas que valdría la pena recordar para no repetirlas.

El 22 de enero de 2016, en tres minutos y veintidós segundos, Pablo Iglesias, de manera sorpresiva, en una rueda de prensa, rodeado de seis personas de su equipo, anunciaba que quería un gobierno del cambio frente a Rajoy, donde por supuesto, faltaba más, señalaba que “Nosotros tenemos que estar en el Gobierno”.

En concreto, afirmaba que él sería vicepresidente de un gobierno tripartito, presidido por Pedro Sánchez y con la participación de IU. El gobierno debería ser proporcional al resultado electoral y los que le rodeaban en la rueda de prensa eran las personas que en su opinión deberían ser miembros de ese hipotético equipo de Gobierno: su número dos, Íñigo Errejón, su jefa de gabinete, Irene Montero, la responsable del programa, Carolina Bescansa, el general Julio Rodríguez, la juez Victoria Rosell y Xavier Domènech, el líder de la alianza catalana de Podemos, En Comú Pode. También avanzaba condiciones como el referéndum catalán e incluso la creación de un ministerio de plurinacionalidad.

Todo lo anterior, en vivo y en directo, sin el conocimiento del que según él sería el presidente del gobierno. Qué para más inri, en ese momento, estaba con el Rey en la ronda de consultas. El resultado ya lo conocemos, Podemos votó contra Pedro Sánchez como presidente del gobierno y Rajoy continuó en La Moncloa hasta la moción de censura.

Tres años después, con Errejón, Domenech y Bescansa fuera de Podemos y de En Comu, Pablo Iglesias parece que se encamina a perpetrar otro sinsentido aun mayor, porque habiendo sufrido una importante merma en su grupo parlamentario y estando el PSOE dispuesto a un gobierno de coalición, plantea unas exigencias que no se corresponden con la realidad política, electoral e institucional de su debilitado Podemos.

Podemos debe arrimar el hombro ante los cambios que demanda la sociedad española. Unos cambios, que solo pueden comenzar si deja de bloquear la formación de gobierno por segunda vez en tres años.

En la primera votación de la investidura de Pedro Sánchez Podemos se ha abstenido tras anunciar que iba a votar no. Pocas horas después, el Gobierno ha llamado a Podemos para reanudar las negociaciones, con una premisa clara: el interés general de los españoles, y una propuesta de gobierno de coalición, donde según la vicepresidente del Gobierno, Carmen Calvo, «en los Gobiernos socialistas no hay políticas decorativas nunca. Les hemos ofrecido políticas muy importantes que son muy atractivas, políticas sociales de contenido muy claro para la izquierda».

El PSOE está abierto a negociar, y a que haya un gobierno el jueves. Esperemos que Podemos también.