La “Teoría Espacial del Voto” (Antonhy Downs, 1958) es un modelo que propone los espacios ideológicos como terreno de competición. Su aplicación conceptual es por lo general en un espacio estático que funciona como marco de referencia. Así, expresiones del estilo “Ciudadanos busca el espacio de centro”, y otras semejantes producen la impresión de un partido que se desplaza y se orienta siguiendo las nociones propias de la topología. Los formatos de las escalas, gráficos con posiciones entre la izquierda y la derecha, facilitan dicha percepción.

Sin embargo, los espacios ideológicos no se rigen por la física clásica. Son espacios relativos. Es algo que ya publiqué a principios de la década del 2000, en uno de los excelentes Foros de Tendencias que organizaba la Fundación Sistema. Supongo que ahora se comprenderá igual que entonces: malamente (Rosalía dixit). No son los partidos los que se desplazan, es el espacio ideológico el que lo hace. Es un espacio multireferencial al que le da forma las actuaciones públicas de los partidos y sus líderes. Así, el espacio ideológico es elástico según los perfiles de los partidos. Antes de Vox, el espacio ideológico era más amplio en la derecha que en la izquierda. Tras la aparición de Unidas Podemos y Vox, el espacio ideológico se comprimió y dobló hacia abajo en sus extremos (empíricamente). El espacio ideológico se dobla dado que no usa una métrica lineal. Por el contrario es localmente cóncavo o convexo dependiendo de las relaciones políticas entre partidos. Y por último, en España no es una dimensión (línea) sobre la que ordenar los partidos o los electores: es un espacio formado por dos dimensiones (al incluir los nacionalismos). En resumen: el espacio ideológico en España es bidimensional, con una métrica no lineal, por lo que es localmente cóncavo/convexo y elástico. Ya le digo: malamente.

Ya se que no es fácil de comprender la noción de que se mueve el espacio ideológico según la acción de actores políticos. Lo inmediato es ver que el sol se mueve, sale y se pone todos los días. Hace falta otro punto de visión y análisis (externo) para apreciar que es la tierra la que se mueve. Parece evidente que los partidos políticos son los que se mueven en un espacio ideológico. Sin embargo, es el espacio ideológico el que se mueve (y reconfigura) según la acción de los partidos.

Un ejemplo reciente. Se quejaban los líderes de Ciudadanos que, haciendo lo mismo en abril que en noviembre, en un mes triunfan y en el otro se hunden. El error es pensar que al no moverse ellos están en el mismo lugar. Todo lo contrario. Su inmovilidad en un entorno donde todos los demás, con sus resultados, habían configurado otro espacio, paradójicamente les desplazaba de su lugar. Ellos no se movieron, pero el espacio ideológico se reconfiguró y se desplazó.

Y ya con ellos, tarde (mejor que nunca) llega Arrimadas a Samaniego, y eso que le llevaba siglos esperando. ¿Qué será ahora de tantos buenos consejos y recomendaciones que Aznar y Casado les “daba da” a Rivera para su bien? Verterán admoniciones como lágrimas de cocodrilo sin dignidad suficiente para decir:

¡Oh, qué docto perro viejo!
Yo venero tu sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.

¿Por fin Ciudadanos se volvió perro viejo? Solo el afán relojero explicaba ese ahorrar en inteligencia con el que se lució Ciudadanos antaño (aunque no llegue ni siquiera al año). En lucha feroz con el PP, hacía todo lo que le recomendaban sus peores enemigos. Quizás pensó Rivera aquello de quien bien te quiere te hará llorar. Me lo confirman Sara. Solo estaban en lo segundo, lo primero era malquerer, que también acaba en lo mismo. Y al final tanto consejo ajeno le dejó en bisagra, formato viagra (electoral) del PP. Eso sí, en pequeñas dosis autonómicas.

Casado ofició de pinche en cocinas y ahora, con Aznar de Pedro Botero, aun siendo fraile se cuece cual pichón en cazuela. ¿Alguien con una pizca de Cum grano salis no tiene meridiano en qué está Aznar, sabiendo en que estaba (lastima de medalla del Congreso que fue de USA y tirar)? Que es amigo de sí mismo, sin duda. Que profesa las tres virtudes también: fe (en la estupidez de los demás), la esperanza (olímpica de ganar más rápido, llegar más lejos y subir más alto) y la caridad (bien entendida). Y ahí tenemos a un líder sin partido, sin ideas y siguiendo los consejos de quien le considera instrumento y herramienta de sus ambiciones personales. Aznar es zorro viejo y Casado perro mojado, si continúa yendo por agua a la fuente con un colador por cazo.

Mientras la derecha busca el gancho que tumbe al gobierno, la enfermedad tumba por miles en hospitales y tanatorios. Ciudadanos parece que ahora ha decidido arrolar la vela discursiva del sanchismo en la verga de la gobernanza. Es lo sensato en tiempos de tormenta si de llegar a buen puerto se trata. Aznar Casado (por orden alfabético, de aparición y de importancia), sin embargo, han decidido soltar trapo (e insultos) a toda vela. Para mayor de qué, algunas encuestas le soplan aires diciendo que estos son alisios. Vientos constantes, que marcan tendencias. Mi consejo es que sigan así. Que van muy bien. Que ya lo tienen.

En las clases de Sociología Electoral acostumbraba a decir que las encuestas electorales, a diferencia de otras encuestas sin contraste (cuánto fuma, le gusta el sol o la montaña, hace deporte…) tienen un punto de control con la realidad: las elecciones. Los resultados ayudan a corregir sesgos, revisar errores, aprender para otra. Eso en caso de buena fe científica. Cuando la meta está lejana, las encuestas electorales pueden dedicarse a estimar cuanto fuma o cuanto vota. Son “encuestas abanico”, que sirven para dar aire y tomar aliento. Y ahora, llega la traca de encuestas abanico, según las que el PP sale de cuentas, gracias a poner a parir al gobierno. Todo muy embarazoso, tan probeta…