Según la RAE, “icono” tiene cuatro significados:

  • Representación religiosa de pincel o relieve, usada en las iglesias cristianas orientales.
  • Tabla pintada con técnica bizantina.
  • Signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado; p. ej., las señales de cruce, badén o curva en las carreteras
  • (Inform). Símbolo gráfico que aparece en la pantalla de una computadora u otro dispositivo electrónico y que representa un programa, sistema operativo, etc

¿A cuál de estos significados se refería Pablo Casado cuando dijo que Isabel Díaz Ayuso es un icono?

Viendo las últimas fotos de posado, diríamos que a la representación religiosa, que, sin duda es lo que ha querido simular. Aunque, lo grave no es la simulación que se pretenda (que en sí ya me parece inoportuna), sino que se atreva, en esta situación (o en cualquiera), a vocear los deméritos de Díaz Ayuso como si se trataran de éxitos, burlando con ello la inteligencia colectiva.

En muchas ocasiones he pensado que algunos dirigentes del PP no podían caer más bajo. Pero nunca hay que suponer que lo hemos visto todo, porque lo actual es realmente insostenible. El trío formado por Pablo Casado, Teodoro (Teo para los amigos), y Díaz Ayuso (la virgen icónica) ha superado con creces cualquier expectativa.

No solo sienten vergüenza los propios (y así me consta porque el PP tiene mucha gente inteligente en su seno), sino que están contribuyendo a que la política sea mucho peor, caiga a sus niveles más bajos de moralidad.

La política que se practica sin tapujos se sostiene sobre la manipulación, la mentira, la demagogia, el simplismo, el tremendismo, y lo que es peor, sobre una gestión nefasta e irresponsable. ¿Alguna vez se ha planteado la propia Díaz Ayuso si se encuentra preparada para ocupar ese puesto? Aunque nos parezca sorprendente, parece que está encantada de conocerse y segura de sus propias capacidades. Bueno, ya decía Kant que “el sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”.

Madrid no merece esa Presidenta. ¿De verdad el PP no tiene a nadie más entre sus filas? O quizás, no lo tiene el PP de Pablo Casado.

La Comunidad de Madrid se ha convertido, lamentablemente, en el epicentro de la epidemia con el mayor número de muertes y con el mayor problema en las residencias. Una Comunidad que vio recortados sus presupuestos sanitarios, que vivió las denuncias de la “Marea Blanca”, y que sufrió las privatizaciones más salvajes en manos de los gobiernos del PP.

Pero, más allá de una gestión claramente neoliberal como la desarrollada en décadas anteriores, ahora se le suma la “desvergüenza irresponsable” de su actual dirigente. Y no digo lo de desvergüenza como insulto, sino porque solo a alguien que realmente no esté preparado para estar al frente de ese puesto, solo a alguien a quien le viene grande la Presidencia de Madrid, puede decir y actuar como lo hace Díaz Ayuso, sin sentir por ello el mínimo decoro ni pudor. No sentir ninguna vergüenza por sus errores, no tener capacidad de corregir ni de pedir perdón, seguir actuando como si esto fuera un juego de “ordeno y mando”, es irresponsable.

Díaz Ayuso ha vivido episodios épicos: desde la dimisión de su Directora general de Salud, al llamado “ifemazo”, a levantarse de las reuniones de presidentes para hacerse fotos, a la comida basura para los niños, a posados en medio de esta pandemia, a declaraciones ridículas como los “accidentes de coche” intentando simular a Trump (¡ufff!). Todo ello aún no ha terminado; entre otras cosas, queda por aclarar el alojamiento de lujo en el que vive, antes de sufrir el coronavirus y hasta bastante después de superarlo.

Porque, en mi opinión, hay algo que se suma a su falta de capacidad en la gestión, su carácter. Y realmente me preocupa todavía más en una democracia por dos razones: una, porque lo que percibimos de su forma de ser (sin ánimo de crítica, sino por lo que ella misma destila o pretende mostrar), “esa soberbia de creerse en posesión de la verdad o de hacerlo porque tiene poder para ello” es un impedimento para el aprendizaje y para rodearse de gente mejor; y dos, porque resulta inviable la negociación, el diálogo, los acuerdos.

Ya no es solo lo que dice, sino cómo lo dice. No es solo el contenido sino la forma. Porque en democracia tan importante es el fondo como la forma, el talante de buscar acuerdos y diálogo. Y Díaz Ayuso habla desde el frentismo, desde el rencor, desde el daño; busca siempre herir, se instala en las trincheras, destila odio en sus expresiones.

No sé si ese rencor u odio con el que maneja el lenguaje se debe a porque lo siente así, o porque es una defensa de la incompetencia, o porque es parte de su carácter. Sea lo que sea, Díaz Ayuso ha sumado un elemento nuevo, muy negativo, al debate político.

Muchas veces se habla de la falta de liderazgo en las actuales democracias. Pero, en sociedades competentes, plurales y complejas no necesitamos líderes sino inteligencia colectiva, suma de voluntades y personas, grupos más que dirigentes.

Ahora bien, lo que sobran son “héroes o heroínas” que disimulan la incompetencia con soberbia.