La realidad de las zonas despobladas no es ni una coyuntura ni una moda. La historia de la humanidad se explica a través de la geografía física, humana y económica de los incesantes movimientos migratorios que ha conocido la tierra, de las especies que la han habitado y la habitan.

Acuñar con éxito el concepto de “España vacía” (de Sergio del Molino) ha hecho despertar e incorporar a la reflexión, y a veces al aprovechamiento más o menos noble, la situación en absoluto inédita como demuestran estudios, monografías, etc.

Hay zonas en nuestro país que vienen acusando una pérdida constante de población, así como otras regiones europeas, que por diferentes razones tienen problemas similares. De aquí numerosos grupos de acción local, asociaciones, organizaciones o partidos políticos, que han ido advirtiendo del problema y emplazando a las administraciones a tomar medidas a este respecto.

Las elecciones de Castilla y León han tocado a rebato respecto a esta realidad. Una tierra en la que profesores como Cabero, Manero y otros, venían alertando desde hace tiempo. Valentín Cabero llegó a hablar incluso de los “no espacios”. Años antes, Amando de Miguel había sostenido el término “Lusitania interior” para describir buena parte de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

Lo cierto, y por referirme por su actualidad a esta tierra con datos objetivos, conviene recordar que la población en España se incrementó en un 14,3% entre 2002 y 2019, mientras en Castilla y León descendió casi un 2%.

Ha habido distintas medidas más o menos publicitadas, algunas de ellas muy recientes y por tanto no evaluables aún, como la aprobada por el Consejo de Ministros en 2019 “para afrontar el reto demográfico”.

Pero ha habido otras muy anteriores que han resultado inútiles o simplemente no se han tomado en consideración. En 2005, las Cortes de Castilla y León aprobaron por unanimidad una serie de medidas, entre ellas una comisión permanente de expertos y fuerzas políticas que nunca fue puesta en marcha. El Gobierno autonómico aprobaría posteriormente la “Agenda para la despoblación en Castilla y León 2010-2020”, constituyendo un fracaso sin paliativos.

Tampoco se han tomado en consideración en esta tierra las resoluciones del Parlamento Europeo sobre el despliegue de los instrumentos de la política de cohesión por parte de las regiones para afrontar el cambio demográfico. Eso a pesar de las presencias y participación de las autoridades políticas de la Comunidad Autónoma en el Comité de las Regiones.

Las elecciones convocadas en Castilla y León han provocado la aparición de distintas iniciativas política, todas ellas, de un modo u otro, bajo el paraguas de la “España Vaciada”. Nacen, lamentablemente, sin ese conocimiento previo, apresuradamente y bastantes de ellas pretendiendo ocupar espacios que, quienes los protagonizan, no tuvieron en recientes militancias políticas en otros partidos.

Se presentan sin meditar sobre muchos de las causas y a la vez consecuencias de la despoblación, como la plusvalía diferida por las familias castellanas y leonesas, que provoca que chicos y chicas se formen aquí, en nuestros centros educativos y universidades, para transferir después ese conocimiento en forma de riqueza a otras comunidades u otros países.

O sin considerar que, sobre todo, los movimientos poblacionales se sustentan de una forma prioritaria en una búsqueda de empleo ligado a una actividad económica, cosa que no me consta que haya analizado la corte de nuevos voluntaristas de la España vacía.

Todo esto, como ha dicho el propio Sergio del Molino, llevará a esta iniciativa en un completo fracaso.

Por cierto, todo esto ha pasado con un mismo gobierno en Castilla y León. Han sido estos nuevos “salvadores” ciudadanos que se rasgan hoy las vestiduras, o algunos de sus recientes representantes que hoy lloran ante la leche derramada, los que no han querido que las cosas fueran de otra manera.

Las fotos con vacas y cerdos, o la apelación al vino, las imágenes del señorito simulando ser Azarías resultan un insulto para la inteligencia y para las personas.

 

Fotografía: Carmen Barrios