Algo tan cotidiano para muchos ciudadanos, como llegar a casa, abrir el grifo, y beber un vaso de agua, es ciencia ficción para más de 663 millones de personas en el mundo, porque no tienen acceso a agua potable. O para más de 1.800 millones de personas que utilizan una fuente de agua potable que está contaminada con materia fecal.

El agua empapa todos los aspectos de la vida en nuestro planeta. Pero, el aumento de la población, el crecimiento económico que esquilma recursos , la contaminación y el cambio climático están ejerciendo una presión sin precedentes sobre este recurso, y provocando una escasez de agua que afecta ya a más del 40 por ciento de la población mundial. Y lo que es peor, estas cifras aumentarán si no cambiamos los usos y los abusos del agua.

Tres ejemplos. El primero, es que más de 1.700 millones de personas viven actualmente en cuencas fluviales donde el consumo de agua es superior a la recarga. El segundo, es que más del 80 por ciento de las aguas residuales resultantes de las actividades humanas se vierte en ríos o el mar sin que se eliminen los contaminantes. Y el tercero, es que aproximadamente el 70 por ciento del agua extraída de los ríos, lagos y acuíferos se utiliza para el riego.

Lo anterior, viene a ratificar lo afirmado por el Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos, en relación a los principales riesgos globales del año 2016: Uno de los principales riesgos mundiales es hoy la seguridad hídrica.

La mala noticia es que si seguimos igual, según el Banco Mundial, para el año 2050, al menos una de cada cuatro personas probablemente viva en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce. Y serán los países más pobres, que contribuyen en menor grado a este problema, los más perjudicados.

La mala noticia es que la escasez de agua limitará las oportunidades de crecimiento económico y la creación de puestos de trabajo de calidad en los próximos años y décadas. A menos que existan suficientes infraestructuras.

La mala noticia es que de seguir las prácticas actuales, el mundo enfrentará un déficit del 40 por ciento entre la demanda proyectada y el suministro de agua disponible a fines del año 2030 (Banco Mundial).

La mala noticia es que ante la escasez, algunos actores están dispuestos a utilizar todos sus recursos, incluido la fuerza militar, para garantizarse el control del agua. En este punto, es oportuno recordar las declaraciones que realizó, en el año 2000, Kofi Annan, Secretario General de la ONU en ese momento: “la fiera competencia por el agua dulce, bien se podría convertir  en una fuente de conflictos y guerras en el futuro”.

La buena noticia es que hay agua dulce suficiente y libre de impurezas para que todos los seres humanos puedan acceder a ella. Aunque sepamos que para alimentar a 9.000 millones de personas en 2050 se requerirá un aumento del 60 por ciento en la producción agrícola y del 15 por ciento en la extracción de agua.

La buena noticia es que dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el sexto tiene por objetivo garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Y entre sus metas, establecen para 2030:

  • Lograr el acceso universal y equitativo al agua potable, a un precio asequible para todos.
  • Mejorar la calidad del agua mediante la reducción de la contaminación, la eliminación del vertimiento y la reducción al mínimo de la descarga de materiales y productos químicos peligrosos, la reducción a la mitad del porcentaje de aguas residuales sin tratar y un aumento sustancial del reciclado y la reutilización en condiciones de seguridad a nivel mundial.
  • Aumentar sustancialmente la utilización eficiente de los recursos hídricos en todos los sectores y asegurar la sostenibilidad de la extracción y el abastecimiento de agua dulce para hacer frente a la escasez de agua y reducir sustancialmente el número de personas que sufren de escasez de agua.
  • Poner en práctica la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza, según proceda.
  • Proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos.
  • Ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo para la creación de capacidad en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento, incluidos el acopio y almacenamiento de agua, la desalinización, el aprovechamiento eficiente de los recursos hídricos, el tratamiento de aguas residuales y las tecnologías de reciclaje y reutilización.
  • Apoyar y fortalecer la participación de las comunidades locales en la mejora de la gestión del agua y el saneamiento.

El agua es esencial para la vida, el desarrollo sostenible y el bienestar de las personas. Es el momento de aportar por su protección, su rehabilitación y su uso para todos.