En el principio de los tiempos un ángel quiso ser como Dios y fue expulsado del paraíso por cometer ese pecado. Se llamaba Lucifer (que significa Reluciente) por el brillo de su sabiduría y era el ángel más cercano a Dios, cosa que debió influir en su interés por sustituirle. Para ello, convenció a muchos otros ángeles para que se unieran a su causa, que era la de invadir el cielo, un auténtico golpe de estado en las alturas. Pero Dios, con el arcángel Miguel como segundo de a bordo, le derrotó y le expulsó del paraíso. Esa expulsión le supuso a Lucifer su destierro, y nunca mejor dicho, porque significó su traslado a la tierra para que viviera entre los hombres, convertido en Satanás (que significa el Adversario).

Mucho tiempo después, los descubridores de la Nueva Política han descubierto esta vieja historia. Un personaje muy brillante, Iñigo Errejón, situado inmediatamente a la derecha de Pablo Iglesias Turrión, ha querido disputarle al líder su ilimitado poder, precisamente, sin entender exactamente el significado de ilimitado. Tampoco parecía conocer el funcionamiento del monoteísmo, a pesar de que el profesor Monedero lo explicaba constantemente insistiendo en la innecesaridad de una Secretaría Política en Podemos. Pues bien, Pablo Iglesias, con Monedero haciendo de arcángel, ha derrotado a los traidores y ha expulsado a Errejón a la tierra madrileña.

Y ya que ha descubierto esa vieja historia, Errejón debería recordar los capítulos siguientes de la misma. Resulta que Dios encargó a sus hombres en la tierra, los sacerdotes de su Iglesia, que combatieran a Satanás predicando entre las personas esa doctrina para no dar tregua al Maligno allá donde se encuentre, hasta su destino final en el infierno.

La primera disputa que va a tener Iñigo Errejón en la tierra madrileña va a ser con Ramón Espinar, y no va a ser fácil. Espinar, hombre de Iglesias Turrión, ha ganado recientemente su liderazgo en Madrid, precisamente frente a la gente (término este que en Podemos tiene un fuerte significado) de Errejón y tiene engrasada y fortalecida su estructura de poder de forma que va a ser difícil arrebatárselo. El mismo hecho de avisar con tanto tiempo el acontecimiento, va a permitir a Ramón Espinar reforzar las defensas frente al anunciado adversario. Un buen consejo para los conocidos seguidores madrileños de Iñigo Errejón sería que tuvieran cuidado en cada esquina de su camino, naturalmente, hablando en términos políticos.

Por eso, esa designación de Errejón como candidato a la Comunidad de Madrid tiene un aspecto de castigo continuado tratando de decirle: «¿No te gusta la confrontación democrática? Pues aquí tienes otra». Una especie de caramelo envenenado o, como explicaría el profesor Lawrence Peter, de arabesco lateral (Véase, El Principio de Peter) con final no precisamente feliz.

Pero si Errejón, en esos procesos plebiscitarios que se gastan en Podemos, no lograra ser su candidato en las próximas elecciones autonómicas todavía le quedan varios círculos dantescos hasta llegar al Averno. Su ciudad, su barrio y hasta la comunidad de vecinos de su casa pueden ser nuevos escenarios donde se enfrente al Sumo Hacedor de su partido.

No creo que extrañara a nadie que, una vez que se retire de la política e intente hacer una entrevista de trabajo, compitiera con alguien que encabezara su currículo con una mandorla con la efigie de Iglesias Turrión. Al fin y al cabo, la lucha contra el Maligno es eterna, como inmensa es la magnitud del pecado que cometió.

En términos cinéfilos, debería saber que no habrá paz para los malvados.