En este momento, el socialismo español tiene la oportunidad de realizar un debate serio, centrado en propuestas objetivas y concretas, del que puedan resultar las grandes líneas estratégicas y programáticas de la socialdemocracia para las próximas décadas. Un debate que se necesita urgentemente para sacar a los partidos socialistas de los problemas de indefinición y de retroceso electoral en que se encuentran en casi todos los países europeos. Una situación que se está dando en circunstancias económicas, sociales y laborales especialmente sensibles, que preocupan a amplios sectores de la población y que no se pueden continuar sorteando a base de palabrerías genéricas, de tópicos, de tacticismos de corto alcance y de gracietas descalificadoras sobre aquellos que se atreven a plantear soluciones y alternativas específicas.

El esfuerzo de algunos candidatos a la Secretaría General del PSOE por intentar centrar el debate en torno a documentos en los que se formulan muchas propuestas concretas, bien merece respuestas orientadas a centrarse en los asuntos que se proponen y no en descalificaciones personales, a veces formuladas en términos tan simplones que rozan el ridículo. Escuchar a un Presidente de una Comunidad Autónoma, que lo es en virtud precisamente de los pactos establecidos con Podemos, descalificar genéricamente a un candidato que está teniendo amplio eco en la opinión, diciendo de él que es un “rojo radical” que está dispuesto a pactar con Podemos, forma parte de enfoques de eso que podría calificarse como un “debate surrealista”, que ni guarda relación con la realidad, ni nadie mínimamente inteligente y sensato podría pensar, ni imaginar de lejos, que podría ocurrir –ni decirse− en el ámbito del Partido Socialista Obrero Español.

Tal tipo de comportamientos y de esfuerzos por propiciar golpes bajos forman parte de prácticas que habría que desterrar completamente del PSOE, para evitar, precisamente, que se agudice el descrédito en el que se ha caído entre diversos sectores de la población española. Por lo tanto, en vez de inventar referencias descalificadoras, que no se encuentran ni de lejos en el documento para el debate que presentó Pedro Sánchez el día 20 de febrero, habría que lograr realizar un debate que fuera un ejemplo ante la sociedad española de seriedad, rigor y altura de miras, sin insultos, ni descalificaciones personales. Un debate que no defraudara a todos esos sectores de la población que se encuentran en una situación social y laboral insostenible, como ocurre con millones de jóvenes, mujeres y personas desempleadas a las que hay que garantizar un futuro y ofrecer alternativas factibles e ilusionantes para recomponer la situación social y laboral a la que se está llegando.

El documento que se somete a consideración bajo el epígrafe de: “Por una nueva socialdemocracia” no es un documento que esté condicionado por etiquetajes previos –supuestos o reales− de los que hemos participado en su elaboración, ni es tampoco un documento que proponga un giro izquierdista alocado, como algunos están intentando presentar con evidente ánimo descalificador, sino que es un documento que contienen 168 propuestas muy concretas que ya están siendo debatidas por muchas personas que quieren ser partícipes de un gran esfuerzo colectivo por recuperar la ilusión política e iniciar un nuevo ciclo en España.

De ahí que todo aquel que pretenda actuar de buena fe -y con cordura, sin perder los nervios- debiera fijarse en lo concreto, aportando nuevos documentos y propuestas, si lo estiman preciso, y enriqueciendo un contraste de ideas, que en sociedades como las actuales puede posibilitar un debate genuino con un alto grado de implicación ciudadana. De hecho, en la página web en la que está colgado este documento de propuestas estratégicas y programáticas están participando miles de personas que están aportando una gran cantidad de ideas, sugerencias y valoraciones sobre lo que en este momento se necesita hacer en España, en Europa y en el PSOE.

En definitiva, hay que apostar por un debate riguroso, en el que se hable de lo que de verdad interesa a los ciudadanos, y no por un debate surrealista y malintencionado.