Los Presupuestos Generales del Estado contemplan medidas importantes en el terreno de la inversión, pensando además en el dinero que puede llegar de fondos europeos para el ejercicio 2021, más de 27MM de euros. Sin embargo, los problemas inminentes que se avecinan tienen otro perfil, en el sentido que su resolución no depende tanto de la inversión esperada como de la inyección monetaria, de la ayuda directa en definitiva. Se plantean, en tal sentido, medidas de choque frente a la situación coyuntural, es decir, el ahora mismo, sin descuidar que –esperemos– en un futuro más próximo se activen inversiones productivas. La causa: la relación entre el desarrollo económico y el de la pandemia es intrínseca. Comunidades autónomas han puesto en marcha medidas restrictivas para atajar el repunte del coronavirus, esta llamada segunda ola que se ha avanzado y que provoca mayor incertidumbre ante el otoño y el invierno. Así, estamos viendo cierres de empresas, que han ido acumulando deudas sin apenas ingresos. En paralelo, el estado de alarma, que se mantendrá al parecer hasta mayo de 2021, afecta de forma directa la actividad turística, que puede ver dañada la campaña navideña y la de Semana Santa del próximo año.

Los posibles cierres empresariales y las dificultades que pueden existir para el mantenimiento de los ERTE, inferirán quiebras económicas sobre todo a las pequeñas y medianas empresas: la ausencia de liquidez puede dar paso al avance de la insolvencia. Los flujos de crédito –a partir de los proyectos ICO y de sus homólogos en las comunidades autónomas– están cumpliendo una función importante; pero probablemente esas PYME no pueden ya endeudarse más, aunque los tipos de interés sean muy favorables. En este sentido, emerge la perspectiva de subvenciones directas, prácticamente a fondo perdido, un aspecto insólito pero que otros países europeos están estudiando –e incluso desarrollando, como sucede en Alemania–.

Ahora bien, se debe ser consciente que estas medidas excepcionales, de aplicarse, van a comportar sendas consecuencias: el aumento del déficit público y el de la deuda pública. Es relevante que analistas y medios de comunicación tengan en cuenta tales aspectos, toda vez que no es posible multiplicar panes y peces y que, por tanto, atajar con robustez la coyuntura puede significar que las cuentas públicas se resientan al tiempo que los escenarios de deuda. Pero sin duda son vías que deberían ser tenidas en consideración, ante la crisis tremenda que se puede consolidar en pocas semanas. El debate sobre la subida del déficit y de la deuda, tan caro a muchos economistas ortodoxos que, curiosamente, quieren que se activen todas las ayudas posibles a las empresas, pero que al mismo tiempo critican el incremento del déficit público y de la deuda, debe formularse con sentido común. Si queremos salvar empresas que eran solventes antes del estallido de la crisis pandémica, ello va a suponer un esfuerzo ingente en las arcas públicas. Hagámoslo. Pero luego, inmediatamente, no critiquemos a los gobiernos porque gastan más que lo ingresado y que, por tanto, deben incrementar su deuda. Sopas y sorber no puede ser, decía mi madre. Pues eso.

 

Fotografía: Carmen Barrios