El 16 de junio de 2016, en medio de la crispación que los eurófobos desplegaban en la campaña del Brexit en el Reino Unido, la diputada laborista Jo Cox, que había recibido con anterioridad algunas amenazas de muerte, fue asesinada a puñaladas y disparos por un ciudadano británico vinculado al grupo neonazi estadounidense Alianza Nacional que gritó “Britain First” mientras la mataba.

Recuerdo este fatídico suceso, porque el día 4 mayo, cuando se abran las urnas en la Comunidad de Madrid, se verá hasta qué punto el discurso del odio ha calado en la sociedad y se normaliza la amenaza, la impunidad, la mentira y el odio como arma política.

Ese día será responsabilidad de los ciudadanos madrileños poner freno, o no, a una extrema derecha que envenena la convivencia y debilita gravemente la democracia.

Aunque en la actualidad el retroceso democrático pueda empezar en las urnas, en nuestro país quien se ha quedado ya sin excusas por normalizar a la extrema derecha, en lugar de aislarlos, es el Partido Popular.

El oportunismo del Partido Popular, incorporando a la extrema derecha en el sistema político como algo normal, con tal de llegar al gobierno, como ocurrió en Andalucía y después en Murcia y Madrid, está poniendo en peligro la democracia en España.

Es una irresponsabilidad mayúscula que el PP haga eso, porque la obligación de los partidos democráticos es impedir que lleguen al poder aquellas fuerzas políticas que quieren acabar con la democracia.

Es una irresponsabilidad mayúscula que el PP haga eso, porque la obligación de los partidos democráticos, y más de los que han gobernado España, es mantener a la extrema derecha alejada de los puestos principales de nuestro sistema institucional, negarles su blanqueamiento político, y, sobre todo, nunca aliarse con ellos para llegar al poder.

Hacer ese aislamiento a la extrema derecha, por el bien de la convivencia, supone tener que hacer causa común con el resto de partidos democráticos. Hacer ese aislamiento a la extrema derecha, requiere una valentía política, que el PP está demostrando no tener por su cortoplacismo institucional.

Amenazar de muerte a la directora general de la Guardia Civil, al ministro del Interior, y al exvicepresidente del Gobierno y candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid por Unidas Podemos (UP), en tres cartas con balas de guerra en su interior, y que le llegue a la ministra de industria una carta con una navaja ensangrentada, es algo terrible y condenable, que debe ser perseguido.

Que la tercera fuerza política en el Congreso de los diputados, VOX, no condene abiertamente esas amenazas de muerte, indica que esta formación política es una amenaza para la democracia en España, y envenena la convivencia en nuestra sociedad.

Pero que el PP aun condenando la violencia muestre equidistancia, es lo peor que nos puede pasar como sociedad.

Como dijo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, “no es normal quitar importancia a algo tan grave como una amenaza de muerte. No es normal acusar a los amenazados. No es normal porque se trata de la convivencia. No es normal no condenar las amenazas. Nada de eso es normal. Y si le damos normalidad, si le quitamos importancia, estamos consintiendo que se ponga en riesgo la vida de las personas y nuestra manera democrática de vivir. No es normal porque se trata de nuestras libertades”.

El viernes pasado, la extrema derecha cruzó una línea, y todos los ciudadanos debemos decir basta. Basta al odio. Basta a las trincheras. Basta a la crispación. Y si a la democracia. Si al civismo. Si la convivencia con nuestro voto en las urnas.

Si crees que esto no va contigo, te equivocas. El día 4 de mayo se elije entre democracia o fascismo. Movilízate y moviliza a tus entornos más cercados. Nos jugamos mucho. Nos jugamos la democracia.